Enrique Delgadillo Lacayo: “Adiós, Daniel” (opinión)

Un joven intelectual nicaragüense hace un balance sobre el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua, y nos ubica entre la emoción apelativa de su testimonio y los hechos que enmarcan la crisis actual.

Enrique Delgadillo Lacayo
La Zebra | #28 | Abril 23, 2018

Daniel, quisiera que esta carta tuviera lugar en el universo paralelo en el que deambula tu mente, por la única razón de que en ese espacio imaginario no existen los 30 muertos nicaragüenses en menos de una semana de protestas, ni sus familias embargadas por el dolor y la angustia, tampoco los centenares de heridos que en su búsqueda de justicia encontraron el miedo que te posee y que se traduce en violencia. Más bien encontraron tus mentiras llanas y tu soberbia descomunal. Esta carta te la escribo con la certeza de que será leída por tus informantes y te llegará en forma de resumen: Adiós, Daniel.

Adiós, porque vos siempre estás ausente y sin vos ya sobrellevamos el peso de ser el país más pobre del continente en tierra firme. Nosotros, los estudiantes, los trabajadores, las familias, no te necesitamos, aunque vos obstinadamente necesités de nosotros con encono, con tu hálito mesiánico. Tu arrogancia te hará pensar lo contrario, no lo dudo, pero es que vos formas parte del siglo pasado, cuando todavía creíamos que la paz podía conquistarse con las armas y los medios más viles y rastreros eran válidos por una causa etiquetada de justa. Pero Daniel, la Nicaragua de hoy, esa que ya no conoces porque nunca estás presente y más bien siempre estás rodeado por tu seguridad privada y por la policía nacional que has corrompido y que te mantiene a salvo de la gente, se encuentra fuera de tu alcance intelectual y emocional.

Debo decirte que en el concierto internacional de naciones tampoco te necesitan. Ahí donde nunca estás porque te rebasa el miedo a exponer tus enclenques habilidades, tu discurso incoherente y tus despropósitos, porque tu capacidad para construir diálogos se limita a tus propios intereses y excluye a Nicaragua, sin embargo, las pocas veces que te has tomado el tiempo para ir a las reuniones de presidentes, tus intervenciones dan pena, sos una copia malísima y antigua de líderes sociales que gozaron de una retórica que claramente y, hago todo el énfasis, está lejos de tus capacidades mentales. Tus argumentos son la retórica de un hombre acomplejado con una conciencia turbia, oscura. Fijate que mi abuela, por ejemplo, que no tuvo la oportunidad de estudiar en el colegio, se expresa con mayor contundencia que vos, a ella le bastan dos herramientas que a vos te faltan: honradez y claridad.

Adiós, Daniel, nadie te echará de menos en las cumbres internacionales e incluso te digo algo más, los mismos países no alineados ganarían mucho si algún día Nicaragua es liderada por una voz progresista, pero en serio, no como vos que representas a un gobierno corporativo, y por esto, la misma izquierda latinoamericana (exceptuando Venezuela, a la que has exprimido para enriquecer a tu familia), no confía en tu disfraz, no haces parte de la solución para las injusticias históricas del continente, más bien sos parte del problema.

Al día de hoy el país está más débil que antes, manipulador de datos. Aunque la economía ha experimentado un crecimiento indudable, todavía no es sostenibilidad, sigue pendiente el país en el que la institucionalidad no nos obligue a depender de un individuo o de un partido, eso te gusta ¿verdad? Te gusta crear la apariencia de que te necesitamos, pero ya no, Daniel, un trabajo administrativo responsable en el Estado nos permitiría alcanzar el crecimiento económico que no hemos alcanzado en 10 años de pan y circo, que nos saque por fin del umbral de la pobreza y del penúltimo lugar en el escalafón de los países más corruptos de América Latina.

Los números macroeconómicos que te gusta presumir, no los inició tu administración, comenzaron con Enrique Bolaños (2002-2007) y vos, es verdad, le diste continuidad, pero a tu manera, con mínimos esfuerzos, porque te has concentrado en hacer sostenible únicamente tu monopolio de instituciones públicas, no el país y mucho menos su economía, la que has dejado en manos de la empresa privada y de un empresario chino para que construya un canal interoceánico inviable e ilegal.

Tu administración no ha querido apoyar con determinación al campesino que tanto te gusta mentar en tus discursos panfletarios e incentivar la producción agrícola para mejorar sustancialmente las exportaciones y la balanza comercial, abaratar los alimentos y elevar el nivel de vida de las familias. El sistema bancario nicaragüense (el de mayor liquidez en el istmo centroamericano, tus aliados), cómo te lo digo, nos están sangrando todos los días, los comercios nos sangran también, los consumidores estamos manos arriba; la salud y la educación son castillos de naipes, te gusta presumir números altísimos en atención y matrículas, pero la calidad es tan buena como una hoja de papel para suplir la hoja de una motosierra (esas que usa la mafia maderera para talar nuestros bosques con tu consentimiento).

Tu Gobierno es un caos administrativo, Daniel. Debo recordártelo, que tu administración trabaja bajo el principio de legalidad establecido en la Constitución, pero no lo respetan, porque has sometido a todos los poderes a tu centralismo y eso hace que toda la burocracia sea lenta y su funcionamiento se vea comprometida a tener buenos contactos, una pata, un bróder que te haga el volado, que te aligere el trámite, que se haga el tonto, pero es que a vos te gusta trabajar en las sombras. Has desmantelado el Estado de Derecho. Debo recordarte que tu administración trabaja con los impuestos que todos nos sacamos de la bolsa, con una reforma tributaria que dialogaste sólo con tus socios del gran capital, porque, por ejemplo, Daniel, el Impuesto sobre la Renta (IR) lesiona gravemente nuestra capacidad para cubrir la canasta básica. Asimismo el Impuestos al Valor Agregado (IVA) nos convierte en un sistema tributario regresivo, donde los más pobres pagan más que los ricos, y una cerveza o un litro de Coca Cola valen menos que un litro de leche (con todo y la superproducción). Además, debemos de tener en cuenta nuestro sistema de cambio fijo (5% anual), ese que todos los días hace que el córdoba se devalúe, valga menos frente al dólar, y por tanto, cada mes nuestro poder adquisitivo se venga abajo, pero te hace más fácil vender al país. Tu administración trabaja para tu familia y para la empresa privada.

Daniel, has cometido el alto crimen de traición, esa forma primitiva de expresar la miseria del espíritu humano. Esto lo podemos decir los que creímos alguna vez en tu palabra, mi madre, mi padre, mi tío muerto en una emboscada de la contra, por ejemplo. Pero como dice aquella canción que en Nicaragua cantó Mercedes Sosa en el apoteósico concierto por la paz en 1983: si un traidor puede más que unos cuantos, que esos cuantos no lo olviden fácilmente. Y no olvidamos, por ejemplo, cuando lideraste la entrega del poder en 1990 tras un proceso electoral avalado por todas las partes, entonces Nicaragua fue un ejemplo para el mundo. Hasta ahí debió haber llegado tu papel en esta película, pero después de eso te apropiaste de los símbolos y lo peor de todo, te aprovechaste y te seguís aprovechando de las necesidades de la gente.

Tranquilo, si a estas alturas pensás que sólo estoy contando una parte de la historia, que sólo veo tus arbitrariedades y no juzgo a los empresarios, políticos, iglesias, e incluso a nosotros mismos que como población permanecimos pasivos por mucho tiempo, estás en lo correcto, pero es que la Constitución, en su apartado sobre las funciones del Presidente de la República me compele y me autoriza a exigirte el cumplimiento de tus obligaciones, pero ya sé que el imperio de la Ley te parece un asunto de burgueses al igual que la democracia, sé que es en vano hacer un glosario de artículos, teorías y análisis comparativos, por eso, Daniel, te escribo con tanta libertad lo que pienso, la libertad que te parece una necedad de chavalo, la libertad que te irrita, que te pone más enfermo de lo que estás, la libertad que no se muere con tus ridiculeces jurídicas ni con tus balas asesinas ni tus mediocres discursos.

Adiós, Daniel, aunque estés en la silla, tu permanencia no es necesaria sino funesta y despreciable.

 


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ENRIQUE DELGADILLO LACAYO (Nicaragua, 1988). Autor de La casa detrás del tiempo, libro ganador del certamen para publicación de obras literarias 2012 convocado por el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE). Finalista del Premio Centroamericano IPSO FACTO 2012. Coguionista del cortometraje De donde fue el infierno (2012) y del cortometraje selección ÍCARO Nicaragua Vano urbano (2014). Ha sido publicado en la revista Eterna Cadencia (Argentina), Círculo de Poesía (México) y en la antología Nuevo Poetas de América (Fundación Pablo Neruda, Chile 2013). Periodista cultural y cofundador de NotiCultura.