El equivalente literario de la comida rápida.
Lemming
La Zebra | #114 | Febrero 4, 2026
Literatura al instante
Me fascina un tipo de escritura automática que se ve por todos lados últimamente. Quizás es producida por Inteligencia Artificial. No lo sé, pero es totalmente plástica. Imagina: escritura instantánea, desechable. El equivalente literario de la comida rápida. ¡Asombroso! No un ensayo, sino su versión mínima, empaquetada, de corte industrial, como una hamburguesa. No el poema sino el bocado simple, directo, digerible, como las papas fritas.
La literatura instantánea se caracteriza por una voz que ya parece tener todas las respuestas. No hay duda, no hay preocupación, no necesitas tomar posturas: es satisfacción sin neuronas. Es un monólogo que no está abierto al diálogo, sino que quiere ser la última palabra de un tema en particular sobre el arte, la política o la historia. Empacado tal y como te gusta: la anécdota humorística, la celebridad escandalosa, la biografía inspiradora.
El toque de inteligencia en un minuto, pero con frases breves y entrecortadas, como te gusta.
El equivalente del colesterol mental, la fritanga del pensamiento, la subida de azúcar.
Escribí el siguiente ejemplo para que veas lo que quiero decir y puedas detectarlo:
Rebeldes contra el jabón
Hoy me bañé.
No porque apestaba.
No porque es lo correcto, lo saludable, lo esperado, sino porque una fuerza más grande me impulsaba.
Sí, bañarse es óptimo.
Lo comprueba la historia.
Lo ratifica la ciencia.
Pero no siempre fue así.
El jabón lo inventaron los musulmanes en el siglo VII.
Considera este dato. Es crucial. Piensa en lo que significa.
Cleopatra apestaba. Marco Antonio también.
Y aun así se amaron.
No tenían todavía los jabones que habrían bañado los cuerpos de dos jóvenes amantes en Venecia, como a Romeo y Julieta.
¿Se habría enamorado Julieta de Romeo si él hubiera apestado?
¿Se habría arriesgado Romeo bajo el balcón de Julieta si ella no hubiera usado algún tipo de champú?
Hoy el jabón es una industria global, aún más importante después del 2020.
La pandemia nos puso en alerta: no nos lavábamos las manos lo suficiente.
No nos lavábamos la cara lo suficiente, tampoco. Ni los brazos, los pies, la entrepierna, la nuca, las axilas, el pecho, el trasero…
Sí, la historia es innegable. La ciencia, indiscutible.
Hay que lavarse. Con jabón.
Aun así hay resistencias a su uso.
Rebeldes que quieren regresar a la época de Cleopatra y Marco Antonio.
Entre esos estoy yo.
Sin embargo, hoy me bañé porque una fuerza más grande me impulsaba…
Mi esposa me regañó.
“¡Báñate, cochino! ¡Y deja de publicar tonterías en Facebook!”
Esa es la realidad.
Me tuve que bañar.
Cosas que veo
A veces veo una vaca…

…y en la noche la recuerdo.


LEMMING es un humorista salvadoreño.
