Incendio en el Centro Histórico de San Salvador deja cinco fallecidos y destruye parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Jorge Ávalos
La Zebra | #114 | Febrero 14, 2026
I. El incendio del 13 de febrero en San Salvador
Un día antes del día de San Valentín, el Centro Histórico de San Salvador volvió a despertar entre sirenas, humo y pérdidas irreparables. A las 3:50 de la madrugada del 13 de febrero de 2026, un incendio de gran magnitud consumió varias viviendas y locales comerciales ubicados sobre la 8.ª calle Oriente, entre la 4.ª y la 6.ª avenida Sur, una de las zonas más antiguas y densamente pobladas del casco urbano. El siniestro dejó cinco personas fallecidas y destruyó edificaciones con más de un siglo de historia, reavivando el debate sobre la fragilidad del patrimonio arquitectónico de la capital.
Una emergencia que movilizó a más de 50 bomberos
El fuego se propagó con rapidez debido a la naturaleza de las construcciones: casas de lámina, madera, bahareque y estructuras mixtas que datan de principios del siglo XX. Ante la magnitud del siniestro, el Cuerpo de Bomberos lo clasificó como incendio tipo 3, la categoría más alta para emergencias estructurales en el país.
A la zona llegaron cerca de 50 bomberos provenientes de tres estaciones, apoyados por equipos de la Cruz Roja Salvadoreña, Protección Civil, la Policía Nacional Civil, la Fuerza Armada y personal técnico de ANDA. Las labores de extinción se extendieron durante más de dos horas, hasta que el fuego fue finalmente controlado y apagado a las 6:00 a. m.
Los rescatistas trabajaron entre pasajes estrechos, techos colapsados y paredes debilitadas, mientras intentaban evitar que las llamas alcanzaran otras viviendas contiguas. La densidad del sector y la antigüedad de las estructuras complicaron la operación.
Cinco víctimas atrapadas entre las llamas
Las autoridades confirmaron la muerte de cinco personas, entre ellas dos adultos, una menor de edad, llamada Alejandra, y dos mujeres, una de ellas embarazada. La mayoría quedó atrapada dentro de las viviendas consumidas por el fuego, sin posibilidad de escapar debido a la rapidez con la que las llamas se extendieron.
Vecinos relataron que el humo comenzó a filtrarse por los techos y corredores antes de que las llamas fueran visibles desde la calle, lo que dificultó la evacuación. Algunos residentes lograron salir con lo puesto; otros perdieron no solo sus hogares, sino también a sus familiares.
Pérdidas materiales aún en evaluación
El incendio destruyó por completo varias viviendas, locales comerciales y al menos un vehículo estacionado en la zona. Las autoridades municipales y de Protección Civil continúan evaluando los daños, pero hasta el momento no se ha divulgado un monto oficial de pérdidas económicas.
Para muchas familias, el fuego arrasó con décadas de trabajo y pertenencias acumuladas. Para la ciudad, el siniestro significó la desaparición de estructuras que formaban parte de su memoria arquitectónica.
II. Patrimonio y vida
Un golpe más al tejido histórico del Centro de San Salvador
En comunidades históricas que siguen habitadas, como el Centro Histórico de San Salvador, la protección rigurosa del patrimonio arquitectónico no es solo una cuestión cultural, sino también una estrategia de seguridad pública, pues como nos lo recuerda Elena Salamanca, no es ruina lo que está lleno de vida.
La conservación adecuada de edificaciones antiguas —al igual que ocurre en los ecosistemas naturales— fomenta intervenciones oportunas, mantenimiento preventivo y protocolos de mitigación que reducen el riesgo de incendios, inundaciones y sismos. Cuando estas estructuras se encuentran documentadas, restauradas y supervisadas, las instituciones pueden anticipar vulnerabilidades y actuar antes de que un deterioro acumulado se convierta en tragedia. El incendio del 13 de febrero demuestra que la ausencia de una gestión patrimonial integral no sólo erosiona la memoria urbana, sino que también puede costar vidas.
El Centro Histórico es un núcleo de patrimonio arquitectónico donde conviven edificaciones republicanas, mesones obreros, casonas de inicios del siglo XX y estructuras comerciales que han sobrevivido terremotos, abandono y transformaciones urbanas.
Edificaciones centenarias en riesgo permanente
La zona afectada albergaba casonas y mesones construidos tras el terremoto de 1917, muchos de ellos levantados con técnicas tradicionales:
- muros de bahareque,
- techos de lámina troquelada,
- estructuras de madera,
- detalles de hierro forjado,
- corredores internos y patios comunes.
Estas edificaciones, aunque no siempre catalogadas formalmente como patrimonio, constituyen un paisaje histórico vivo, testimonio de la vida cotidiana, comercial y obrera del San Salvador del siglo XX.
Historiadores y especialistas han señalado que la pérdida de estas estructuras representa un vacío en la memoria urbana, pues muchas de ellas formaban parte de circuitos tradicionales de vivienda y comercio que definieron la identidad del centro capitalino.
La fragilidad del patrimonio no declarado
Uno de los problemas recurrentes en el Centro Histórico es que gran parte de sus edificaciones antiguas no están registradas oficialmente como patrimonio cultural, lo que dificulta su protección y restauración. La ausencia de inventarios actualizados y la falta de incentivos para la conservación han dejado a muchas estructuras en estado de vulnerabilidad.
El incendio del 13 de febrero vuelve a evidenciar esta fragilidad. Por lo que sabemos, todas estas categorías de estructuras se perdieron sin que existiera un plan de preservación o documentación estatal previa:
- edificios con valor histórico,
- viviendas con más de cien años,
- mesones que fueron hogar de generaciones,
- locales que formaban parte del tejido comercial tradicional.
De entre los proyectos de iniciativa privada para documentar la arquitectura en la zona, destaca el Inventario del olvido de Dylan Magaña, quien escribió esta nota amarga en Instagram, al mismo tiempo que comparaba una de sus fotografías con otra del incendio de una cuenta del gobierno: «Desde que inicié con el proyecto del @inventariodelolvido la 8a calle fue una de las prioridades, visitamos cada uno de los espacios, los registramos, compartimos con su gente y quienes las rodeaban: comerciantes informales que sintieron que esta calle era un refugio luego de haber sido desplazadxs en dos ocasiones. Las manzanas entre la 4a y la 6a tenían las ÚNICAS dos casas centenarias de dos niveles, con sus balcones cara a cara. Poco a poco iban siendo merodeadas, ya sea por los agentes de marketplace o por youtubers a quienes les llegó muy tarde lo del Centro, e invadían y documentaban esta zona sin ningún criterio para su protección. Uno de estos “documentalistas”, sugirió a su público si se atreverían a dormir en estas casas, dando a entender que asustaban, por el simple hecho de ser ya centenarias. Yo pienso que lo que da miedo de verdad son estas imágenes.»
En efecto, la comparación visual que Magaña nos ofrece entre los edificios históricos antes de ser arrasados por el fuego y la que ofrece el gobierno al celebrar el trabajo de los bomberos durante el incendio refleja dos paradigmas en alto contraste: el de la memoria como fundamento de desarrollo e identidad, y el de las narrativas heroicas que anulan el componente histórico. Las fotografías hablan por sí mismas:


Un llamado urgente a la gestión patrimonial
El siniestro abre nuevamente el debate sobre la necesidad de:
- actualizar los inventarios de bienes culturales,
- establecer protocolos de prevención en zonas con construcciones antiguas,
- promover la restauración y el mantenimiento de edificaciones históricas,
- fortalecer la coordinación entre instituciones culturales, municipales y de protección civil.
La recuperación del Centro Histórico no puede limitarse a la renovación de plazas y fachadas emblemáticas; requiere también la protección de la arquitectura cotidiana, aquella que sostiene la memoria social de la ciudad.
¿Fue el incendio un efecto de la gentrificación?
La gentrificación es un proceso urbano en el que la inversión privada y la renovación de zonas históricas elevan rápidamente el costo de vida, provocando el desplazamiento de las personas de bajos recursos que han habitado esos barrios durante generaciones. Aunque suele presentarse como revitalización, en la práctica transforma comunidades vivas en espacios inaccesibles para sus propios residentes, quienes pierden no solo sus hogares, sino también sus redes sociales, su identidad territorial y su derecho a permanecer en el lugar donde han construido su historia.
El incendio del 13 de febrero ocurre en el contexto de una gentrificación acelerada del Centro Histórico, el cual ya ha desplazado a miles de familias sin un plan económico para ellas y sin una estrategia de desarrollo económico local para las familias y negocios que aún se mantienen en la zona. La vulnerabilidad de la comunidad fue particularmente remarcada por la publicación en la red social X de un video de hace once meses en el que un taxista denunciaba el intento deliberado de una persona de incendiar esta zona, elegida como un blanco fácil precisamente porque es tan indefensa. El video mostraba claramente los conatos de fuego iniciados por una persona [ver aquí]. Es decir, este incendio podría haber sido un acto criminal motivado por fines económicos.
Un día después del siniestro, el 14 de febrero, día de San Valentín, el gobierno ya tenía maquinaria pesada en la zona removiendo escombros, según dijo la Secretaría de Prensa de la Presidencia, con el fin de realizar una «intervención integral y recuperación del área afectada por el incendio de ayer». Lo que esperaba la comunidad era una investigación forense, y no la “recuperación” de la zona, que es el eufemismo dominante para justificar la gentrificación.

Un centro que resiste, pero que también se pierde
El incendio de la 8.ª calle Oriente es un recordatorio doloroso de que el Centro Histórico de San Salvador sigue siendo un territorio donde la vida, la memoria y la vulnerabilidad conviven estrechamente. Mientras las autoridades investigan las causas del siniestro, las familias afectadas intentan reconstruir lo perdido y los especialistas en patrimonio lamentan la desaparición de estructuras que contaban historias silenciosas de la ciudad.
La madrugada del 13 de febrero dejó cicatrices visibles en las calles, pero también una pregunta que vuelve cada vez que el fuego arrasa con un fragmento del pasado: ¿cuánto más del Centro Histórico puede perderse antes de que entendamos que su preservación es urgente?
JORGE ÁVALOS es el editor de la revista La Zebra.
