Enrique Jaramillo Levi: «Nadie me cree» (ciencia-ficción)

Dos relatos de Top Secret, una colección de cuentos del renombrado narrador panameño.

Enrique Jaramillo Levi
La Zebra | # 98 | Octubre 9, 2024

Nadie me cree

Por supuesto que nadie me cree. Lamentan que a mi joven edad haya caído en la demencia. Para todos, ni siquiera se trata de alucinaciones, puesto que siempre insisto en la misma historia, sin variantes, siempre la misma. Un tema obsesivo, sin duda, pero extraordinariamente repetitivo, redundante. Pero es imposible vivir por siempre hacia adentro semejante experiencia, no contarla.

Sé muy bien que en el mundo hay otras vivencias similares. A veces tardan en salir, en revelarse, porque a quienes les ha pasado no quieren que los tomen por locos. Basta hacer una investigación concienzuda sobre el tema y se verá que hay muchos casos similares en múltiples sitios de nuestro planeta. Y libros al respecto escritos por sus protagonistas. Y películas. Tal vez ahí está la principal traba a la credibilidad: la gente tiende a creer que tanto los libros como las películas pertenecen al género de la ciencia-ficción, que no son más que un escamoteo fantasioso de la realidad real, esa que vive a su modo la inmensa mayoría de los seres humanos “normales”…

Pero en muchas culturas antiguas —en la cosmogonía maya, hindú, persa, en el Antiguo Testamento, en muchos mitos― hay alusiones a que no estamos solos en el universo, a que hemos sido visitados por seres poderosos de otros planetas o galaxias, probablemente lo segundo. De que en otras épocas incluso hubo convivencia. Al grado de que en la prehistoria de la humanidad pudimos haber sido sembrados aquí por ellos y que además sus descendientes aun vivan camuflados entre nosotros.

Tengo razones para creer que lo que me ocurrió ha venido sucediendo desde el inicio de la humanidad, al igual que su correlato: el avistamiento de ovnis. Miles de personas en todas partes los han visto —de lejos y algunos de cerca— surcar los cielos a velocidades inverosímiles cuando sus ocupantes se lo proponen. Por ejemplo, para eludir a aviones militares que los persiguen. Y sí, puedo asegurar que esas naves extrañas son manejadas por extraterrestres. He leído que tienen procedencias diversas, que son de distintas razas. Hasta ahora no han sido agresivos. ¿Cómo lo sé?

Fui abducido por un ovni hace cinco años, cuando aún no cumplía mi mayoría de edad. Nunca he sabido por qué me escogieron a mí. Solo diré que eran altos y delgados, de un gris intenso, con grandes ojos oscuros y dedos largos sin uñas que me auscultaban. Telepáticamente me dijeron que no tuviera miedo, no me harían daño…

Días después de mi regreso sufrí un segundo secuestro, ahora mucho más terrenal: funcionarios encubiertos de la CIA, el Pentágono y la NASA me raptaron y estuvieron interrogando durante horas, sus científicos me hicieron todo tipo de análisis físicos y me sometieron a procedimientos de hipnosis, más primitivos y dolorosos que los que sufrí en la nave. Me advirtieron que no dijera a nadie una palabra del primer incidente… ni del segundo.

Obviamente, no les estoy haciendo el menor caso. Ahora que ha pasado el tiempo estoy convencido de que desde hace mucho saben de la existencia real de estos seres que no nos han invadido de forma agresiva como ocurre en las películas más taquilleras. Los altos mandos gringos, rusos y chinos saben y están pendientes de cada suceso nuevo, al igual que los mandatarios de otras potencias, incluida la pequeña Israel, muy bien informada.

No hay más que investigar en periódicos del verano de 1947 lo que ocurrió en Roswell, Nuevo México, en donde se estrelló con gran estrépito un ovni y sobrevivieron varios extraterrestres que el ejército norteamericano secuestró tras haberlos visto varios granjeros, por más que después de haberse anunciado en periódicos locales que le dieron la vuelta al mundo, la Fuerza Aérea lo negara; leer las pocas entrevistas que ha dado Bob Lazar, joven científico quien trabajó unos meses en la sección S4 de la llamada Área 51, en Nevada. Ese hombre vio ahí varias naves estrelladas de las que los científicos e ingenieros trataban de extraer sus secretos, las claves de su avanzadísima tecnología. Supongo que temen revelar la verdad porque asumen que habría un enorme pánico en nuestro planeta, pero estoy seguro de que continúan investigando.

No voy a entrar en más detalles. Me guardo la información más impresionante para el libro que empiezo a escribir. Nadie ha escrito en Centroamérica, que yo sepa, todo un libro sobre su experiencia de abducción. Es curioso, pero caigo en la cuenta de que pueden haber sido los alienígenas mismos quienes plantaron en mi mente la necesidad de escribir sobre las minucias de mi increíble experiencia, nunca antes se me habría ocurrido por temor al ridículo. Tal vez ya quieren que su existencia se sepa, por más que los gobiernos del mundo lo sigan ocultando, lo estudien y amenacen a los testigos si hablan…

Mientras tanto, a cada rato hay nuevos reportes de avistamientos en los cielos del mundo. Ayer hubo noticias al respecto en periódicos de Suecia, Nueva Zelanda, Brasil y Paraguay. Sigo de cerca el fenómeno. ¿Cómo no hacerlo? Acaso estemos ya próximos al gran encuentro universal. Otra vez.


Bendito fiasco

I

Por primera vez desde su fundación tres años antes, fuimos convocados a una reunión secreta urgente del Consejo Supremo Internacional de Altos Mandos, a realizarse en su sede de Washington, D.C. Ahí nos vimos las caras los líderes civiles y militares, acompañados por nuestros asesores científicos, de las grandes potencias mundiales: los Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Francia y China. Y como observadores, con derecho a voz (y eventualmente, en caso de ascender uno de estos otros países al primer nivel, también con derecho a voto) la India, España, Israel, Egipto, Brasil y Panamá (recién aceptado en 2020 por el Consejo debido, según se dijo en su momento, al impresionante y sostenido auge económico de este pequeño país, el más alto de América Latina en proporción a su población).

Se nos explicó en detalle la situación. El planeta corría un gravísimo peligro: ya estaba en marcha una inminente invasión extraterrestre, la cual llegaría por los cuatro puntos cardinales, procedente de un algún lejano planeta, aún sin denominación terrestre, ubicado más allá del sistema solar. En aproximadamente dos semanas, según un informe confidencial transmitido a la Tierra apenas dos días antes desde la Base Espacial Internacional ubicada en Marte, un enorme contingente de naves intergalácticas estaría penetrando a la atmósfera terrestre, simultáneamente, por sus cuatro costados dentro de una semana, de acuerdo con la medición tradicional del tiempo terrestre.

En dicho planeta los científicos habían podido descifrar un mensaje encriptado en lenguaje matemático, venido de algún sitio del espacio, que así lo daba a entender con relativa claridad. De acuerdo con la descodificación realizada, todo parecía indicar que la invasión no sería amistosa. El motivo: venían en busca forzosa de oxígeno y agua, una necesidad impostergable para los de su raza. Y lo más asombroso es que, según se supo en el mismo mensaje, había antecedentes de otro planeta de nuestra galaxia, hoy inexistente, que había sido colonizado en algún momento: se trataba de Yecbar, cercano a Saturno, destruido siglos atrás en circunstancias desconocidas, como también la existencia misma de dicho planeta había sido desconocida por los científicos terrestres hasta ese momento, al parecer debido a su endógena capacidad de mimetizarse en gas transparente.

No se sabía si la idea era llevarse de alguna manera porciones generosas de ambos elementos mediante determinados mecanismos tecnológicos avanzados o sencillamente hacer de la Tierra su nuevo hábitat, ya fuera compartiéndolo con sus actuales ocupantes o eliminado a estos. Se desconocía absolutamente todo, asimismo, sobre el poder ofensivo de los invasores, así como acerca de sus características físicas y mentales. La sofisticación de su tecnología, obviamente, rebasaba cualquier aproximación al conocimiento terráqueo.

En todo caso, cómo enfrentar tan extraordinario y grave suceso, era el tema inmediato a resolver. Dificilísima labor no teniendo a mano los más mínimos elementos de juicio sobre la capacidad ofensiva de los agresores, salvo su pasada violencia, sus declarados objetivos y el hecho en sí de la inevitable invasión inminente.

La reunión duró tres días con sus noches. Por supuesto, se tomaron algunas decisiones trascendentales.

Pero fueron de consenso: ante nuestro desconocimiento absoluto en cuanto a saber realmente a qué nos enfrentábamos, fue imposible vencer la incertidumbre y por tanto llegar a la unanimidad. No obstante, las mentes más brillantes del planeta unieron esfuerzos sin afán de protagonismo en los días que faltaban y nos preparamos de la mejor manera posible para dar finalmente la gran batalla.

Aparte de las medidas estrictamente militares reforzadas por el ingenio de los científicos y tecnólogos, lo primero que se dispuso fue la protección masiva de la humanidad, acaso el aspecto más complejo y difícil de lograr. De forma directa los presidentes de todos los países del mundo les hablaron a los ciudadanos explicándoles el peligro que se cernía sobre el planeta y los urgieron a abastecerse de comida lo más rápida y ordenadamente posible y a buscar protección después.

II

Como era de esperarse, fue un caos total. Simplemente los humanos no estábamos preparados para enfrentar algo así. Ni había comida y agua suficientes en los supermercados para tanta gente, ni la mayor parte de ésta tenía a disposición el dinero necesario para la adquisición de grandes cantidades de provisiones de emergencia. Una emergencia, para colmo de males, que no había forma de saber el tiempo que duraría.

Muy pronto empezaron los saqueos a escala planetaria. La policía de cada lugar, sintiéndose impotente o no queriendo reprimirlos, los dejaba hacer. Además, muy pocos países tenían auténticos refugios, por lo que la gente se encerró a cal y canto en sus propias casas, apartamentos o cuartos de alquiler protegiéndose como mejor pudo.

Cómo negar que los más conspicuos militares y científicos del mundo, junto con los gobernantes, trabajaban mano a mano, coordinados como nunca antes en la historia de la humanidad. Los ejércitos del mundo, y sobre todo la aviación de cada país, inexorablemente se prepararon, desesperanzados, para lo peor.

Pero lo peor ―sin duda un milagro― finalmente no llegó. Pasaron los días, las semanas, y luego incluso meses de tensa espera, y no hubo invasión. Al igual que tantas veces antes cuando se había pronosticado un supuesto final del mundo en determinadas fechas ominosas ―el 21 de diciembre de 2012, por ejemplo―, la tan cacareada invasión extraterrestre no se materializó.

Ante esto, los científicos internacionales que se encontraban en Marte y en la Luna, y que habían dado la noticia a los de la Tierra sobre la supuesta incursión alienígena, fueron obligados a volver de inmediato a nuestro planeta y destituidos poco después, pese a que no se retractaron en cuanto a los mensajes por ellos descodificados, los cuales fueron entregados como evidencia. Pero en la práctica nada se aclaró. Ante nuestro desconcierto e incertidumbre ejecutiva, preferimos acentuar el olvido masivo y, sin bajar la guardia, confiar en que algo tan terrible jamás ocurriría en un futuro inmediato.

A su vez, la mayor parte de los pueblos del planeta, sin haberlo concertado entre ellos, no tardaron en obligar a sus respectivos gobiernos a renunciar, o estos fueron pacífica o violentamente derrocados. Ante tal situación generalizada, los militares de cada país al principio nos abstuvimos de intervenir de forma directa. Pero poco después, ante el nuevo caos reinante, planetariamente coordinados terminamos ocupando en cada sitio el poder. No hubo más remedio, puesto que había que imponer el orden y mantener indefinidamente la disciplina. El precio de lo contrario hubiera sido, sin duda alguna, la autodestrucción.

Y la verdad es que ahora las cosas marchan mejor. Mucho mejor que antes con la democrática administración de los civiles y sus usuales corruptelas e impunidades. En todo caso, entiéndase, nosotros también somos pueblo; como quien dice la parte pensante y actuante fundamental de la voluntad popular.

III

Ha pasado un año. Hemos logrado calmar a la gente asumiendo la culpa de un inexplicable error de los científicos, ordenar las instituciones y hacer más eficientes los servicios en cada país tras el fiasco sufrido.

Bendito fiasco, dicho esto con todo respeto. Tras prolijas investigaciones, el consenso general hoy es que no hay en marcha ni habrá a corto o mediano plazo tal invasión extraterrestre, si bien es seguro que los alienígenas, a falta de mejor nombre, existen. Por tanto puede decirse que, después de aquel susto, por el momento vamos bien.

Les habla el general panameño Ricaurte Mantovani Benavidez, alias “Arnold”, recién ascendido a comandante en jefe del Consejo Supremo Internacional de Altos Mandos tras la inclusión de Panamá, a mucha honra, en el primer nivel del Consejo (por su envidiable estatus económico creciente, claro; por el impecable funcionamiento ampliado del Canal de Panamá y el Centro Bancario Internacional que aquí operan; y por la ecuánime lucidez y capacidad ejecutora de sus mandos, dotados ahora como estamos nuevamente, de un dignísimo ejército, muy bien apertrechado, muy superior al de otras épocas). Lo dicho, señoras y señores, vamos bien, muy bien.

“Top Secret” (cuentos sobre OVNIS), Foro/taller Sagitario Ediciones, en coedición con Modus Ludicus, Panamá, 2021.

ENRIQUE JARAMILLO LEVI (1944). Escritor y gestor cultural panameño, reconocido como uno de los más destacados cuentistas de la región, es autor de más de cincuenta libros originales, entre ensayo, poesía, narrativa y teatro. Además, es un gran promotor de la obra de sus compatriotas, por medio de antologías y publicaciones periódicas, incluyendo la revista Maga, la cual fundó. Entre sus libros cabe destacar, entre muchos otros: Duplicaciones (1973, México), Caracol y otros cuentos (México, 1998), Luminoso tiempo gris (España, 2002) y Algo está por ocurrir (Costa Rica, 2013). En el 2013, el Fondo de Cultura Económico, en México, publicó una amplia antología de su obra como cuentista, Visión de conjunto. Su libro de ciencia-ficción Top Secret (cuentos sobre OVNIS), fue publicado por Foro/taller Sagitario Ediciones, en coedición con Modus Ludicus (Panamá, 2021).

Cuentos tomados de: Top Secret (cuentos sobre OVNIS), Foro/taller Sagitario Ediciones-Moudus Ludicos, Panamá, 2021.