Enrique Jaramillo Levi: «Si los dioses no disponen otra cosa» (poesía)

El autor panameño explora, a conciencia, su condición humana en este poemario de corte metafísico.

Enrique Jaramillo Levi
La Zebra | # 98 | Octubre 2, 2024

Si los dioses no disponen otra cosa

1. Simultaneidades inconexas

I

Tengo la reiterada impresión
de que día con día
hacia atrás navega el tiempo.
Lenta a veces, veloz otras,
se va metiendo por los vericuetos
de cuanta cosa existe
incluido cada resquicio
de mi ser atribulado.

II

Los espejos, que sin duda
tienen su propio ámbito,
no registran el proceso
aunque sí me reflejen,
lo cual es peor.
Por eso sé que sería
del todo inútil su abolición.

III

La escritura, en cambio,
solidaria a su manera,
comprende al menos
cómo cada instante envejezco.
Sabe que con cada palabra
que plasmo en este poema
–inevitablemente provisional–
se me fortalece la respiración:
ésta que me mantiene vivo
un tramo más, al menos uno.

IV

Cada instante
que transcurre furtivo
procurando evadir
dentro o fuera de la escritura
el paso ominoso del tiempo
sabe,
contundente,
que una vez más
en las tinieblas de la noche
y en seguida cada día que empieza
para casi enseguida desaparecer,
empiezo a morir.

2. Soy y no soy la memoria

Soy y no soy la memoria
capaz de preservar la fugaz esencia
de los mejores tiempos.
Esos que dejaron vivencias
que equivocadamente
uno cree imposibles de olvidar.

Un poema como éste
sólo a veces logra
rescatarlos de la niebla
que suele preceder al olvido.
Pero algo es algo y peor es nada
suele decir el filósofo improvisado
en que a ratos me convierto.

Y ese algo es al mismo tiempo
lo que rescata y lo que diluye
los gajes de la escritura
cuando más que oportuna
se vuelve fundamental
para quien hace de las palabras
vías de acceso a la emoción.

3. Lo que realmente importa

I

Todo parece indicar que una vez más, confiado,
he vuelto a los amplios predios de la poesía.
A cobijarme en sus poderes de sugerencia
y militante improvisación
abierta siempre al escrutinio.
A esa forma tan suya de darse a manos llenas
como si fuera maná del cielo
presta a suplir los vacíos hondos
de mi hambre y sed de sabiduría.

II

Y aquí estoy, al fin confiado otra vez
en algo que no sea mi ego
tan vapuleado últimamente
por los primeros estertores
de una vejez creciente.

III

No sabría decir si es la poesía misma
                             –generosa siempre–
la que solícita se nos entrega sin condición alguna
o es quien se siente poeta
el que al convocarla la recrea.
No creo que importe resolver la incógnita
vigente desde el comienzo de los tiempos.
Lo que realmente importa, me digo,
es darle un sitio de privilegio a la poesía
en lo que nos quede de vida.
Absoluta prioridad
cada vez que la ansiedad
o los embates de la tristeza
nos reten a aceptar las cosas como son
o han sido alguna vez.
Como hago en este momento de lucidez
que no hay cómo saber si se repita.

4. Hoy, por ejemplo

Escribo sabiendo que al hacerlo
                                          convoco
a un mismo tiempo lo mejor y lo peor de mí.
Consciente de que no existe otra forma
de darle su lugar a los duendes de la poesía.
Esos que como pequeños dioses
subrepticiamente escapados del Olimpo
siempre están pendientes de todo lo que es
pero también de lo que aún no ha sido
en cada sitio en el que –bien o mal–
desde el inicio mismo de los tiempos
                                 nos desenvolvemos
o necesariamente habremos de hacerlo.
Hoy, por ejemplo.

5. Escribir, hondo placer

Si tanto ahora como la primera vez
escribir es un hondo placer
difícil de explicárselo a los neófitos,
para quienes veneramos la literatura
hacerlo como parte integral
de un poema como éste
–en vías de terminar de articularse–
resulta igual de fascinante,
probablemente mucho más.
Así, como tantísimas veces
–orgulloso y reiterativo–,
vuelvo a dar fe de ello.

6. Pensándolo bien

El clima, una vez más, se ha exacerbado.
Llueve y hace frío apenas un momento
después de una tarde intensamente soleada.
Se parece a esos cambios bruscos
del temperamento que a veces
nos sacuden sin causa aparente.
Si hurgamos un poco
casi siempre hay un motivo,
una causa oculta que explica
la razón de ser de ambos fenómenos.

Y sin embargo, pensándolo bien,
descubro que este poema,
–del todo inesperado–
nace en un instante de hondo tedio;
pero al mismo tiempo
                        sabiendo
que no todo lo que es
o lo que de pronto ocurre
viene siempre de alguna causa
ni tiene por qué justificarse.

7. Siete

Para que sean exactamente siete
–ni uno más ni uno menos–
estos poemas que han nacido hoy
de forma inesperada
y que no obstante representen
la reanudación de una vieja costumbre
temporalmente abandonada
para darle tiempo y espacio
a los experimentos de la ficción
igualmente gratos,
cierro este breve ciclo poético
con este poema que convoca mis inicios
de hace casi cincuenta años.*

*Véase “Los atardeceres de la memoria
(México, 1978), mi primer poemario.

8. Sin remedio

El tema del tiempo me tiene atrapado.
A diario me exige rendirle cuentas,
darle su lugar, hacerlo parte de mi realidad,
lo cual implica incluirlo de una forma u otra
en mi diario ritual de la escritura.
No puedo creer que no se dé cuenta
cómo sin nombrarlo sale a relucir
a cada rato, sin remedio,
en prácticamente todo lo que escribo
tratando de librarme de su influjo.
Este poema, por ejemplo.

9. La edad

La edad me abruma a ratos,
me recuerda que llevo
muchos más años vividos
que los que aún me quedan por vivir,
más y más me lo recuerda cada día que pasa;
Y yo me digo que cada momento
                                               adicional
es una hermosísima gracia
del vasto Universo.
Pero el tema es necio:
vuelve a cada rato
susurrándome su verdad.
Solo puedo una vez y otra
hacerme el sordo
ante lo mismo y lo mismo
fingiendo demencia.
Sólo fingiendo.

10. Obediente discípulo

No es que en esta etapa
haya llegado el momento de trocar
mi fascinación por la escritura de ficciones
por el íntimo placer que me causa la poesía.
En lo absoluto se trata de algo nuevo:
siempre las he ido alternando,
–fiel a su llamado–,
con igual cariño y veneración.
Más bien ha sido cada una
la que discretamente ha exigido
                                     su momento
para dejarme plasmar,
como si fuera mío, algún aspecto
de su inapelable verdad.
Y yo siempre he sido,
                                 siempre,
obediente discípulo
de ambas.


ENRIQUE JARAMILLO LEVI (1944). Escritor y gestor cultural panameño, reconocido como uno de los más destacados cuentistas de la región, es autor de más de cincuenta libros originales, entre ensayo, poesía, narrativa y teatro. Además, es un gran promotor de la obra de sus compatriotas, por medio de antologías y publicaciones periódicas, incluyendo la revista Maga, la cual fundó. Entre sus libros cabe destacar, entre muchos otros: Duplicaciones (1973, México), Caracol y otros cuentos (México, 1998), Luminoso tiempo gris (España, 2002) y Algo está por ocurrir (Costa Rica, 2013). En el 2013, el Fondo de Cultura Económico, en México, publicó una amplia antología de su obra como cuentista, Visión de conjunto. Su libro de ciencia-ficción Top Secret (cuentos sobre OVNIS), fue publicado por Foro/taller Sagitario Ediciones, en coedición con Modus Ludicus (Panamá, 2021).