Elisa Logan: «Pasión lenca» (cuento)

Entre los fantasmas personales y sociales se alzan las minificciones de esta escritora hondureña.

Elisa Logan
Arte de Antonio García Ponce
La Zebra | # 99 | Noviembre 27, 2024

Pasión lenca

A la luchadora ambientalista,
Berta Cáceres.

Cuando empezó su lucha ya conocía el final que le esperaba. No le importó. Otras ya habían recorrido esos mismos senderos luminosos que buscaban parir vida. Lo que no sabía es que con su muerte comenzarían a crecer ríos en el corazón de las personas, incluso en el de sus asesinos. Todas esas aguas seguirían su destino; desembocarían en el Gualcarque para hacerlo florecer.

Expropiación

La madre tierra supo que sus hijos querían matarla, entonces convocó a Chimalma, Coatlicue, Mama Ocllo, Houtu y Maa Ganga para que fueran en busca de la Pachamama y la trajeran. Necesitaba que le ayudaran a encontrar una solución. Entre marejadas, terremotos, inundaciones, Tsunamis, terremotos y sismos se comenzó a gestar la solución. Xochiquétzal se preparaba para una nueva era. Akna la asistiría en el parto. Todas se volvieron una sola y poderosa fuerza.

Desde el final del túnel

Había evitado por años volver a aquella casa cargada de recuerdos. Tenía cosas concretas que debía realizar, ver qué haría con su ropa y sus pertenencias. Después de haber vivido un amor parecido al de Dalí y Gala, no imaginaba aquella casa como un lugar para el amor. Despedirse ahora era peor que cuando lo había hecho en su tumba, desmontar lo que juntos habían construido en aquel lugar dolía mucho. Allí estaban sus sueños y sus esperanzas hechas trizas. Pasaron meses y no lo superaba.  Hasta que la desolación le dio paso a una pequeña luz que encendían los amigos con su apoyo y compañía. Creyó que ya estaba listo para enfrentarse con su pasado y regresar más tranquilo a su presente para enfrentar al futuro. Al día siguiente ella vino a buscarlo. Lo encontraron muerto, en el fondo de un abismo, con un extraño rictus en los labios.

Impotencia

No quedó títere con cabeza, el pastel yacía por el piso, la bebida desparramada sobre la mesa, la comida también estaba en el piso y las botellas de vino quebradas. No quería un cumpleaños en que no estuviera ella. Ninguna comida como la que le cocinaba para esa fecha, ningún festejo como los que le preparaba su madre. No estaba dispuesto a estar tranquilo viendo que mientras otras personas se divertían; su amada Nani estaba bajo siete cuartas de tierra, sola y abandonada en ese cementerio que ahora era su hogar. Fue inevitable arruinarles la fiesta.

Recuerdos

Hubiera deseado que no creciera, seguir disfrutando de toda su inocencia creativa, verlo disfrazado de pequeño Batman en busca de gatos desaparecidos, usar poses graciosas para mostrar su musculatura, que le apretara sus músculos para ver si los tenía duros y fuertes o que, como Buzz Lightyear, quisiera llegar a las estrellas. Pasaba horas jugando con él. Salían de paseo. Se adoraban, les era difícil separarse. Entre carritos y programas de televisión infantil también el tiempo se les iba como las pompas de jabón con las que a veces se entretenían. Hubiera deseado detener al tiempo implacable, pero no le fue posible. Ahora él, convertido en hombre, le acariciaba las canas. Recordaba lo bien que se la pasaban cuando ella todavía tenía fuerzas. Besaba sus mejillas tiernamente. Le agradecía por tanto amor. Ella permanecía con su mirada fija en el horizonte, como si ya no fuera de este mundo.

El cerro

A la luz del candil y compartiendo la cena junto a sus hijos, se sentía contenta de no vivir a la orilla de algún río, Estamos a salvo ―se decía―.  Se rumoraba sobre la devastación a causa de las inundaciones. Llovía copiosamente. Se aprestaban a descansar, cuando un inmenso alud les dejó soterrados.

Visita

Me dicen que la abuela se fue al cielo y yo no les creo. Todos los días viene a jugar conmigo en la carpa que hago con la sábana, tal como ella me enseñó. A mí no me parece que sea un fantasma. La veo como siempre, e incluso más alegre y despreocupada.

Sospecha

Temía que un buen día al salir del baño resbalara y fuera su fin, hasta que llegó el mal día y su querido suegro resbaló. Todavía sigue analizando si fue premonición o premeditación.

Duda

Se levantó de su silla y fue a la ventana, miró el jardín del cual también había hablado en sus poemas. Cerca de sus manos estaba aquella flor misteriosa. La tomó entre sus manos y comió sus pétalos. Volvió la mirada hacia aquel cuarto que la contenía, vio los cuadros, la cama, el escritorio y sintió que todos aquellos objetos estaban tristes, como ella. Lloraban junto a ella y parecían comprender su dolor, aunque en realidad no sabía si ella sentía el sufrimiento de los objetos que la rodeaban o ellos reflejaban el suyo, fue por eso que decidió convertirse en estatua floral.


ELISA LOGAN (Honduras, 1964). Poeta, actriz de teatro, narradora y gestora cultural. Máster en Trabajo Social, docente universitaria. Obras publicadas en poesía: Poemas para un Ángel Caído (1997); De sueños y realidades (2001); Antología poética (2003); Signos referenciales (2002); Entre Adioses y Olvidos (2010); y Mujer de sal y arena (2019). En narrativa: Todas y Ninguna (novela, 2004); Historias de Natalia (cuento corto, 2015); Entre cincuenta y cien (minificción, 2022); y Virulento y Rapaz (minificción, 2020). Junto a José Zelaya realizó la compilación de minificción El baile del dinosaurio (antología de minificción hondureña, 2021). Su obra aparece en varias antologías.

La fotografía que utilizamos para esta publicación fue publicada originalmente por Conexihon.