Jorge Ávalos: «Venezuela, estamos contigo» (opinión)

Todo parece indicar que la acción militar que capturó a Nicolás Maduro fue fruto de la improvisación, y no de un plan para cambiar el régimen.

Jorge Ávalos
La Zebra | #113 | Enero 5, 2026

El 3 de enero de 2026, fuerzas militares y de inteligencia de los Estados Unidos llevaron a cabo una operación sorpresa en Caracas para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro, quien enfrentaba cargos federales por narcotráfico y delitos relacionados en Nueva York. La acción, aprobada horas antes por el presidente estadounidense, incluyó ataques a sistemas de defensa aérea y el despliegue de más de un centenar de aeronaves, así como el ingreso de helicópteros y unidades especiales al complejo militar de Fuerte Tiuna, donde se encontraba Maduro. Tras un breve enfrentamiento y varios estallidos reportados en la capital, Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron detenidos y trasladados primero a un buque estadounidense en el Caribe y luego a Nueva York, sin que se registraran bajas estadounidenses.

La operación, descrita por Washington como una acción conjunta militar y de aplicación de la ley, generó reacciones internacionales inmediatas y abrió interrogantes sobre el futuro político de Venezuela, donde la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió el mando de forma interina. Mientras algunos gobiernos y sectores sociales denunciaron la incursión como una violación de la soberanía venezolana, otros celebraron la caída del mandatario, cuyo arresto fue seguido por su comparecencia inicial ante un tribunal federal estadounidense, donde se declaró inocente de los cargos en su contra.

Si los hechos ya están claros, las razones y las consecuencias de la acción están muy lejos de serlo. Más bien, y como ya es usual en todo proyecto impulsado por Trump —y desde su club en Miami y no desde la Casa Blanca en Washington, D. C.—, en esta acción prima el absurdo, pues mientras el polvo se asienta, ya podemos decir con certeza que lo que aquí pasó es que el gobierno de Trump conspiró con el régimen de Maduro para derrocar al régimen de Maduro y sustituirlo por el régimen de Maduro, encarnado ahora en Delcy Rodríguez.

Está de más decir que el ataque militar de los Estados Unidos, que incluyó bombardeos en Caracas y la pérdida de docenas de vidas, es causa de preocupación para toda América Latina, porque Trump ha expresado, explícitamente, que tiene planes de intervención en México, Cuba y Groenlandia, sin descartar otros países del hemisferio. Se trata, en palabras de Trump, de una restauración de la doctrina Monroe y con fines puramente económicos. Su objetivo principal es la riqueza de nuestros países.

¿Qué sigue? Difícil decir, pero consideremos cómo están las cosas en la actual coyuntura.


Según los resultados de la acción, sólo está claro que Nicolás Maduro está fuera del juego, que ha sido capturado como un vil criminal, y que será enjuiciado por cargos que lo acusan de narcotráfico, algo que nos trae ecos de lo que ocurrió en Panamá en 1990, cuando Manuel Noriega corrió similar suerte. Pero esa comparación histórica nos señala otro hecho: la invasión de Panamá contó con una tropa de 26 mil soldados y fue una invasión de gran escala que dejó a su paso numerosas fatalidades, mientras que la que acaba de ocurrir en Venezuela, en cambio, contó con menos de 200 soldados estadounidenses y, al parecer, no encontró mayor resistencia, excepto la del equipo de seguridad de Maduro, compuesto de soldados cubanos, 32 de los cuales murieron durante la acción militar.

En cualquier caso, esta acción militar merece nuestra condena, no sólo por la ilegalidad internacional que encarna, sino porque, cínicamente, no tenía entre sus fines mejorar la condición de los venezolanos, pues nada ha cambiado. Decapitar un régimen al mismo tiempo que se empodera a su alto mando militar y político no hace nada más que profundizar la situación tan difícil y dolorosa que enfrenta el pueblo venezolano.

Para empezar, el primer resultado directo después de la acción militar de los Estados Unidos ha sido el endurecimiento extremo del régimen en Venezuela, incluida la persecución de periodistas y la supresión de toda simpatía hacia la captura de Maduro o a un cambio de régimen. Esto es algo que nadie se esperaba.

La expectativa inicial fue que la acción militar era una medida drástica para restaurar la democracia en Venezuela y entregar el poder a la oposición, representada por María Corina Machado. Esto no sólo no pasó, sino que, al contrario, el régimen de Maduro no ha sufrido cambio alguno, pues la estructura de su poder, aunque ya sin él, ha quedado fortalecida bajo el liderazgo de Delcy Rodríguez.

Empoderada tras la invasión, Rodríguez ya dijo, apenas un día después de la captura de Maduro, que Venezuela estaba dispuesta a aceptar la cooperación de los Estados Unidos y su inversión económica. Esta es la razón por la que, pese a su tímida condena de la acción militar, el consenso de la opinión internacional es que Maduro fue traicionado y entregado a los Estados Unidos en medio de un espectáculo militar sin menoscabo alguno para el régimen en Venezuela.

Otra consecuencia inesperada es que en este nuevo estado de cosas ya no cuenta en lo absoluto que el partido de oposición pida acceso al poder, a pesar de que insisten de que fueron elegidos democráticamente cuando ganaron las elecciones presidenciales de 2024 por 34 puntos. Pese a la validez de sus argumentos, sin el apoyo de los Estados Unidos la oposición no tiene oportunidad alguna. A menos, por supuesto, que haya presión externa para una nueva ronda de elecciones. Una acción multilateral es urgente.

En fin, para rematar el grado de absurdo de esta trágica comedia, Trump no sólo aseveró que su único objetivo eran las reservas petroleras de Venezuela, sino que también dijo que ya contaba con el apoyo de los ejecutivos de las petroleras estadounidenses para invertir, en incluso aseguró que los había llamado justo antes del ataque a Venezuela.

Que Trump haya informado a los ejecutivos de las petroleras antes que al congreso de los Estados Unidos de su ataque a una nación extranjera fue tomado como una demostración más de su cinismo, pero ahora resulta que las petroleras dicen que es absolutamente falso que hayan sido informadas de que este ataque iba a ocurrir, y que no tienen ningún deseo de invertir en la deteriorada infraestructura petrolera de Venezuela.

Es decir, a partir de esta acción improvisada y políticamente cínica, Venezuela estará más pobre ahora que nunca, pues estará aún más aislada. Anticipándose a este ataque, Putin retiró a sus diplomáticos de la nación sudamericana en diciembre de 2025 , y las sanciones actuales y el cerco militar de los Estados Unidos afectan principalmente a China, que no tiene espacio ni razón para invertir en Venezuela en este nuevo orden de cosas. Así que el actual régimen no sobrevivirá por mucho más tiempo. Sin una dirección clara hacia la democracia, el deterioro económico y el caos social que se avecina es casi inminente.

El pueblo venezolano tiene que tomar las riendas de su destino. Esta es la hora decisiva para exigir soberanía, libertad y justicia. Sin miedo, o a pesar del miedo, porque en esta hora crítica los ojos del mundo están en Venezuela. En el reclamo por la dignidad humana está la esencia de la lucha permanente de los pueblos. Esta es nuestra reserva secreta e inagotable de poder, y en América Latina esto no dejará de ser cierto por mucho tiempo.

Dado que el régimen actual en Venezuela amenaza con violencia ante cualquier acto de desafío, están las formas no violentas de protestar: la huelga general; las marchas pacíficas, pero inmensas; la resistencia a doblegarse y callar, con el humor y la música a flor de piel. Esto ha dado resultado en otras partes porque significa celebrar nuestra humanidad común, antes que atacar al poder en sí, pero minimizando su eficacia.

Desde afuera, podemos presionar por elecciones inmediatas, y por la protección de la ciudadanía.


Imagen del fotoperiodista salvadoreño Yuri Cortez, AFP, 30 de julio de 2024. Contexto: Los opositores al presidente venezolano Nicolás Maduro exhiben una bandera venezolana durante una manifestación convocada por el candidato presidencial Edmundo González Urrutia y la líder opositora María Corina Machado, frente a la sede de las Naciones Unidas en Caracas. Venezuela se preparó para nuevas manifestaciones después de que cuatro personas murieran y decenas resultaran heridas cuando las autoridades disolvieron las protestas contra la victoria del presidente Nicolás Maduro en las controvertidas elecciones celebradas el fin de semana.