Carlos Alberto Soriano: “Vaivén” (cuento)

Un cuento breve de uno de los más notables narradores contemporáneos de El Salvador, fallecido prematuramente en 2011, Carlos Alberto Soriano, autor de tres novelas, un libro de cuentos y otro de poesía.

Carlos Alberto Soriano
La Zebra |
Enero 1, 2016

Después de amansar la cabellera ceniza con el peine de carey imitado, se ajustó el vestido a la altura del pecho y se coronó con una diadema. De un descolorido bolso de cuero sintético sacó la cajita de los polvos. Raspó con la uña del pulgar, con pasión cansina, pero con delicadeza, sobre la superficie cóncava y agrietada hasta que logró desprender un polvillo áspero, sin olor y sin vida —detenido en la extirpación de los años— y lo aplicó sobre sus mejillas con la borla enjuta. Después sacó el lápiz labial, se delineó con delicadeza la boca alguna vez lozana y bella y sonrió frente al espejo del pequeño baño dos por dos. Cuando salió al amplio salón comprobó lo que su piel y su olfato le habían estado sugiriendo: una llovizna fría que desenrollaba su gris infinito sobre los árboles taciturnos del jardín externo. No había sido capaz, desde su cuarto, de percibir la delicada sordina que la embelesó cuando se paró frente a la ventana. Levantó la vista y repasó, palmo a palmo, los tres metros de cristal que se erguían sobre las baldosas pulidas.

A un costado, sobre el piso desnudo, colocó el bolso en ruinas. Con la cabeza ladeada, como en un suspiro eterno, permaneció dos horas frente a la ventana inmensa. Al otro lado del vidrio, la cornisa barroca chorreaba a pausas finas gotas, y remedaba a las hojas de los árboles mustios. Su dedo paseó sobre el cristal empañado, dibujó figuras y rostros, trazó rutas indescifrables, marcó lugares, estableció límites, escribió nombres, fechas y títulos, transcribió diálogos interminables, pintó sueños, chapoteó en los ríos del pasado. Después sonrió y levantó la mano derecha para luego agitarla en intensidades diversas. En el aire pesado dibujó despedidas, encuentros, riñas, besos furtivos, amores de otros tiempos y cariños arrebatados al olvido. Los trazos emergidos del tiempo ya habían sido borrados del cristal por la dualidad climática. Al final, un poco cansada, se apoyó con las manos muy abiertas sobre la ventana, bajó la cabeza y se dejó vencer por las horas de pie y por los años. Dos hombres de blanco se acercaron por detrás sin que ella se diera cuenta. La tomaron de las manos, luego de los brazos y la cintura, y ella no forcejeó. Se abandonó a sus brazos. La levantaron en vilo y atravesaron el salón iluminado por las lámparas blancas y alargadas que colgaban del cielo raso. Cerca de la puerta abierta —desde donde ella divisó un pasillo sin fin— volvió la cabeza para dar la última mirada a los ventanales amplios. Sólo vio la figura de sus propias manos que desaparecía entre el nuevo empañamiento. Flotando en el ambiente quedó un espasmo que el vaivén de la puerta fue apaciguando.

 


Listones de colores

CARLOS ALBERTO SORIANO (1970-2011). Escritor, diseñador y montañista salvadoreño. Recibió el Premio Centroamericano de Literatura “Rogelio Sinán” de Panamá en 2006 por la novela Listón de colores. Es autor, también, de las novelas Ángeles caídos (2005) y El olor de los castaños (inédita). Este cuento aparece en la colección del mismo título (DPI, San Salvador, 2007).

Fotografías: Jorge Ávalos.