Roberto Salomón y Alejandro Córdova: “El último ritual sagrado” (danza)

Llegó a El Salvador el espectáculo de danza que está recorriendo el mundo: Urban Shaman, dirigido por Angelo Dello Iacono (Suiza-Italia) con un elenco de diecisiete personas, entre salvadoreños y extranjeros.

Roberto Salomón y Alejandro Córdova
Fotografías de René Figueroa
La Zebra | #14 | Febrero 14, 2017

En escena hay diecisiete personas dispuestas a morir bailando.

Sus cuerpos tiemblan, se arrastran, vuelan.

Sus cuerpos hacen poesía.

En soledad. En conjunto.

Es como un truco de magia.

El público se descontrola, está poseído por las energías que emanan del escenario.

Los bailarines, que son como magos, hacen formas que parecen imposibles.

Ya no es un truco de magia.

Es, más bien, un ritual sagrado.

Los bailarines son sacerdotes ancestrales.

Ellos tienen acceso a un lugar mítico, terrestre y etéreo al mismo tiempo.

Es real. Es puro. Es bello.

Este 11 y 12 de febrero, el festival Nómada presentó en el Teatro Nacional de San Salvador el espectáculo de danza Urban Shaman, dirigido por Angelo Dello Iacono (Suiza-Italia) con un elenco de diecisiete personas, entre salvadoreños y extranjeros. El artista Dello Iacono acostumbra a viajar por todo el mundo para montar su pieza con bailarines locales. Ya lo hizo México, Estados Unidos, Suiza, Camerún, Costa Rica, entre otros. Esta fue su decimoquinta parada.

Urban Shaman es un recorrido por los distintos lugares que ha tenido la danza a lo largo de nuestra existencia como especie humana. El elenco pasea por danzas primitivas de distintas culturas, explora la danza como ritual religioso, extrae su espíritu y lo traduce a un lenguaje contemporáneo.

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Didine Ángel, artista del performance, baila en trance.

La propuesta artística de Angelo es bastante sencilla en su concepción. Hay una serie de juegos coreográficos, algunos solamente con una premisa básica para que los bailarines inicien una exploración sensible. La mayoría de las breves escenas se activan y se desvanecen según el comportamiento de la música (a cargo del suizo Malcolm Braff y el salvadoreño David Guardado), las luces, las proyecciones (a cargo del salvadoreño Héctor Martínez) y los bailarines.

Es una especie de discoteca de rituales tribales. En cinco días y con perfectos desconocidos, Dello Iacono consiguió realizar un espectáculo hipnótico, meditabundo, sensorial, primitivo, intenso y elemental. Todo al mismo tiempo.

Hay algunas ideas específicas que sobresalen por su intensidad. Dello Iacono instala un mecanismo semiótico para que los bailarines entren en trance y, en ese trance, descubran la libertad. La idea de la danza como trance espiritual es una idea tan antigua como el sedentarismo. Hay referencias a muchas culturas europeas, asiáticas y americanas en toda la pieza y todas consiguen el mismo patrón: entrar en trance, conectarse con algo, desaprender la danza hasta que el cuerpo físico responda a estímulos sin el control de la mente. Y Angelo lo vuelve, además, una experiencia estética.

Una obra de arte debe presentarnos una nueva forma de sentir y esa nueva forma de sentir debe ser lo más profunda posible, lo más extraña. El espectador debe sentir cosas. Urban Shaman consigue no solo que el espectador sienta cosas que quizá nunca había sentido, sino también que el espectador reflexione sobre la danza. Es decir: no hace falta ser bailarín para reflexionar sobre nuestros cuerpos, sobre nuestra dimensión física o sobre el papel que tiene el movimiento humano en los procesos de expresión o emancipación. Urban Shaman llega más lejos: nos hace pensar en el papel que juega el movimiento humano en la búsqueda de respuestas a esas grandes preguntas de la humanidad, en la búsqueda de pertenencia, de comunión con el otro, de gratitud con la naturaleza, de conexión con el universo.

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Ari Aisenberg, un bailarín de 20 años, ejecuta un solo de improvisación.

Otro de los aspectos más relevantes del suceso Urban Shaman en San Salvador fue su mezcla humana. La producción del Festival Nómada seleccionó al elenco de modo que reuniera a grandes bailarines contemporáneos de distintas escuelas con bailarines de hip-hop, break dance, artistas circenses, performance, etcétera. Lo que tenían en común esas personas era una destreza con el cuerpo y el movimiento, pero la diversidad fue clave y la comunión que alcanzaron es envidiable para cualquier elenco de danza. Hay, en la pieza, una excelente integración de técnicas y una admirable empatía por lo multidisciplinario.

Didine Ángel, una aguerrida profesional del cuerpo, demuestra nuevamente su apertura a crear, su cada vez más ancho horizonte sensible. Aplaudimos también el regreso a las tablas, tímido pero certero, de uno de nuestros excelentes bailarines, Byron Nájera. Los miembros del colectivo Malamezcla y Circo Social nunca se vieron mejores y aunque su territorio predilecto es la calle, se mostraron cómodos y diestros en el escenario. Una de las joyas de todo el espectáculo es Álvaro Martínez, ex miembro de la Compañía Nacional de Danza, que a sus 20 años demuestra que el talento a veces es un milagro. Otro muy joven que ardió en escena fue Ari Aisenberg y la potente Rocío Buendía.

Como Teatro Luis Poma celebramos la producción de este espectáculo y aplaudimos especialmente a todo el staff de Circus Contemporaneum, una compañía de teatro formada en su mayoría por ex miembros del Elenco de Teatro UCA en 2012 que sostiene varias apuestas con la escena nacional. Este febrero realizan el primer Encuentro Urbano de Artes del Movimiento Humano (Nómada) en alianza con más de diez instituciones culturales, entre ellas el Teatro Luis Poma.

El último punto que queremos lanzar al debate es una preocupación por la falta de compromiso por parte de las instituciones culturales estatales. ¿Cómo es posible que un espectáculo de esta calidad no reciba el pleno apoyo de las instituciones culturales estatales? La producción del Festival Nómada pudo utilizar el Teatro Nacional para presentar la pieza con la condición de que fuese un espectáculo gratuito. Circus Contemporaneum tocó muchas puertas para financiar este festival y no todas le fueron abiertas. ¿Por qué? ¿Por qué no se le paga al artista?

Desde las más antiguas y remotas tribus del mundo hasta nuestros más modernos clubs, algo ha permanecido intacto, ha sido transmitido en el tempo y el beat de un ritmo. Desde tiempos inmemoriales, la especie humana siempre ha bailado y siempre seguirá bailando.

En escena hubo diecisiete personas dispuestas a morir bailando.

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El elenco de Urban Shaman camina hacia el público.