Javier Kafie: “Ciudadanos o súbditos en una era interconectada” (crítica)

Un comentario sobre el libro “El Séptimo Sentido” de Joshua Cooper Ramo.

Javier Kafie
La Zebra | #21 | Septiembre 1, 2017

Hace algunos meses encontré un título que se repetía con frecuencia en la lista de lectura de personas que sigo en las redes. Carcomido por la curiosidad, una noche busqué y descargué el libro, y a los pocos minutos me encontré con un párrafo que me quitó el sueño:

Déjenme decirles lo que va a pasar: En los años venideros habrá una lucha entre aquellos que tengan el Séptimo Sentido –quienes hayan nacido o se hayan entrenado en él– y aquellos que no. Esto ya está pasando. Fuerzas nuevas y conectadas a nuestro alrededor están atacando fuerzas viejas y establecidas en los negocios, en la política, la guerra y la ciencia. Luego –ya que aquellos que no tengan el Séptimo Sentido de poder en redes perderán esta disputa, así como cualquiera que intente detener el futuro siempre termina perdiendo– comenzará una nueva era. Esta era supondrá una lucha violenta e histórica de distintos grupos con distintas versiones del Séptimo Sentido. Una competencia de intereses e ideales y pretensiones guiará estas fuerzas en contienda. Las redes pelearán a las redes. Algunos de los planes de estos grupos de una era conectada serán buenos, otros malignos; y, de cualquier modo, los ganadores serán implacables. Luego –y aquí es donde la cosa se va a poner particularmente extraña e increíble– habrá una batalla entre aquellos con el Séptimo Sentido y los mismos sistemas de conexión, máquinas e inteligencia que ellos construyeron. El instinto humano competirá contra el instinto de máquina. No estoy tan seguro de cómo resultará esa lucha. Pero por ahora, al menos podemos decir esto: El futuro está frente a nosotros, observándonos con una mirada fría. (p.29 – 30)*

¿Séptimo sentido? ¿Fuerzas nuevas y conectadas atacando a fuerzas viejas y establecidas? ¿Batalla entre humanos y sistemas de conexión?

No, querido lector. No se trata de un libro de ciencia ficción. La cita anterior proviene del libro “El Séptimo Sentido,” escrito por el experto en política internacional Joshua Cooper Ramo, quien dedica más de trescientas páginas a describir nuestra situación actual con una lucidez tan aplastante que CEOs y jefes de estado en todo el mundo se encuentran estudiándolo como un silabario.

Pero, ¿qué significa tener un “séptimo sentido”? El término es una adaptación de una idea de Friedrich Nietzsche, quien a finales del siglo XIX comentó que los humanos necesitaban un “sexto sentido” para sobrevivir la locura de la Revolución Industrial. El Séptimo Sentido significaría, entonces, desarrollar una sensibilidad ante la creciente interconexión de nuestro mundo.

Curiosamente, al mismo tiempo que leí por primera vez “El Séptimo Sentido” me encontré leyendo –lo confieso, soy un adicto– una novela de Arturo Pérez-Reverte llamada “Hombres buenos”. En ella, Pérez-Reverte nos cuenta la historia de dos miembros de la Real Academia que viajan al París del Siglo de las Luces con una misión especial: Conseguir una primera edición de la L’Encyclopédie para la biblioteca de la Academia.

Y así, con pulso tranquilo y experimentado, Pérez-Reverte enumera las crueldades que ese París liberado por las ideas está por experimentar –la guillotina, los disturbios en las calles, el reino del terror y un sinfín de guerras– al mismo tiempo que resalta el heroísmo de estos dos viajeros que deben llevar el conocimiento, la libertad de pensamiento, a España. Y esto, nótese bien, a pesar de que España y su Iglesia Católica lo repudie por completo.

En los siglos venideros, España pagó muy caro –en sangre y en oro– haber querido darle la espalda al futuro. Y a pesar de que cada país contribuye con su cuota de sangre y oro, también es claro que los países abiertos al futuro se vuelven potencias. Cooper Ramo resume esta coyuntura diciéndonos que en aquel entonces la pregunta paradigmática era la siguiente:

¿Qué pasa con los objetos y las personas al ser liberados?

Los países que continuaron con esquemas feudalistas, que se resistieron a liberar a sus ciudadanos, fueron relegados a la retaguardia de las Revoluciones Industriales, sus beneficios y, por qué no, sus pesadillas.

Hoy en día, nuestro paradigma se centra más en la siguiente pregunta:

¿Qué pasa con los objetos y las personas al estar cada vez más conectados?

A estas alturas del argumento, tuve que considerar nuestra situación en El Salvador. Y sí, estamos hundidos en un esquema feudalista. Seguimos esperando a que alguien “de arriba” tome las decisiones. Y tras la polarización de la posguerra, observamos la corrupción campante sin levantar un dedo, sin salir en masa a las calles, como lo hicieron en Egipto, en Ucrania, en Guatemala.

Por otro lado, tengo la impresión de que nuestro gobierno sigue enfrascado en un modelo económico retrógrada, enfocándose en líneas de producción y aprendizaje desfasadas, sin comprender por completo las oportunidades o el tempo de las industrias digitales e interconectadas que salvadoreños como Alfredo Atanacio Cáder con Uassist.me o Claudia Olmedo y su equipo de Monstruo Innovation están explorando.

Interconexión. Quizás todavía no nos damos cuenta, porque esto ha sucedido paulatinamente, pero cada día cedemos más y más a las redes y sus algoritmos hacia dónde manejamos, qué tanto caminamos, qué tantas calorías quemamos o consumimos, qué temas nos interesan, los libros o artículos que leemos, los videos que vemos, los medicamentos que tomamos, hacia dónde volamos y con qué frecuencia…

La lista no tiene fin, y una red de computadoras interconectadas almacena toda esta información. También busca patrones y los compara con millones de personas alrededor del mundo, al cabo que termina sabiendo mucho más sobre nosotros de lo que podríamos imaginarnos. ¿No me creen? Les sugiero que tomen el examen del Centro de Psicométrica de la Universidad de Cambridge en https://applymagicsauce.com/. No sé cómo les irá a ustedes, pero a mí me sobrecogió toparme con un perfil psicológico tan acertado –y que al parecer sabía más sobre mis intereses y tendencias que yo mismo– basado en mi “huella digital”, o en otras palabras, en mis “likes”.

¿Todavía creen que esto no nos afecta? Les invito a que lean los artículos de Vice y del New York Times (ambos en inglés) sobre el uso decisivo del “big data” en los resultados del Brexit, o en las elecciones de Trump. Y luego piensen en la incidencia de Trump en nuestra política regional o en el ajedrez global.

Y esto a duras penas es el comienzo. Las bases de datos de información genética o de casos de cáncer crecen exponencialmente. Pronto, un diagnóstico basado en la comparación de millones de casos será mucho más acertado que el del oncólogo más experimentado. Las redes y los algoritmos ya toman tantas decisiones en nuestras vidas –nos recomiendan música según nuestro historial, nos dicen qué ruta tomar para evitar el tráfico, nos recuerdan que nuestra banda favorita tocará el próximo sábado, o que el curso en finanzas que me propuse tomar hace tiempo está ahora en oferta. ¿A cuántos pasos estamos de que tomen decisiones más fundamentales sobre nuestras vidas? Cooper Ramo imagina la siguiente interacción humano-máquina:

Una computadora ha sido asignada para revisar las opciones médicas de tu hígado deteriorado. Decide que no tiene sentido darte uno nuevo. Sin embargo, pasa las semanas antes de informarte al respecto usando Inteligencia Artificial al mostrarte fotos de vacaciones, poniendo música que sabe te va a suavizar, manipulándote en general con noticias de actos caritativos en tu flujo de datos (muro). Al mismo tiempo, utiliza redes neurales de análisis de lenguaje –algo que ya se usa hoy en día– para escuchar tus llamadas de servicio al cliente y tus chats con doctores para monitorear qué tanto sabes sobre tu salud. Luego, te dice algo que nunca aceptarías así de fácil viniendo de tu doctor: No habrá un hígado. Sorry. (p.290)

Suena a historia de terror, ¿no? Sea como sea, sería ilusorio creer que esta revolución se detendrá. Y en vez de adoptar una postura apocalíptica, Cooper Ramo nos recomienda estudiar nuestra historia y nuestro entorno, sopesar sus amenazas y probabilidades. Volvernos ciudadanos, o sea actores y no meros espectadores de nuestra realidad. Porque, al fin y al cabo:

Cualquier estrategia basada en esperar a un gran líder es demasiado riesgosa para todos nosotros. Les aseguro que esta es una mejor opción: Depender de nosotros mismos, usar la herencia de la Ilustración –la revolución que nos hizo ciudadanos y no súbditos– para asegurarnos de que no nos volveremos súbditos otra vez, por fuerzas que no entendemos y que no lograremos controlar. (p. 298)

 

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* Las citas de este comentario han sido traducidas por el autor del mismo. Por desgracia, no existe todavía una traducción al español del libro.

 


javier_kafie-perfil.jpgJAVIER KAFIE (México, Distrito Federal, 1982) creció entre México y Centroamérica, luego realizó estudios en Estados Unidos y Alemania, especializándose en literatura, cultura y medios de comunicación por la Universidad de Siegen. De 2004 a 2008 ejerce como editor y colaborador en las revistas literarias Fool on the Hill y Polyphony Online, y como traductor de artículos académicos. En 2009 regresa a Centroamérica, y en 2011 dirige el corto documental «Perkín». En 2014 dirige el documental «Cuatro Puntos Cardinales» y el corto ficcional «Perfectos» (finalista en el Festival de Cine Español Notodofilmfest). Sus cuentos han sido publicados en revistas literarias salvadoreñas, así como de México, Cuadrivio, y de los EEUU, The Acentos Review. Vive en San Salvador, El Salvador, y trabaja como escritor y cineasta.