Ricardo Hernández Pereira: “Poemas para confinados” (poesía)

La primera incursión en la poesía de un cuentista salvadoreño, al enfrentar las emociones de la cuarentena en el año de la pandemia, 2020.

Ricardo Hernández Pereira
La Zebra | # 54 | Junio 18, 2020

No vengas a visitarme

No vengas a buscarme
por favor
no lo hagas
romperías el equilibrio de esta casa
que se sostiene de una pluma sobre el lago de mis demonios
se hundiría irremediablemente
entre el líquido de los muertos
un líquido lleno de deseos y sonrisas agridulces
uno lleno de piel y pestañas largas
con olor a pan
y legumbres podridas del refrigerador

Por eso
por favor
no vengas
realmente no es tan necesario
uno debe aprender a morir lento
y a coser su boca con alambre de púas
con púas de piel de cebra
con filos como labios de niños

No vengas
porque ya me acostumbré a no verte
y no te lo digo como un reproche
esto es todo, menos eso
te lo digo como un lamento del estómago
como un quejido de sueño
te lo digo porque ya memoricé todas las arrugas de mi cama
todas las grietas de mi techo
todas las erupciones de mi piel
con todo y sus escalofríos:
ya tengo una familia.

Solo no te sientas en la obligación de visitarme
yo entenderé
como siempre
que allá afuera hay un mundo qué salvar, cuentas qué pagar
que la gente siempre dice cosas bobas
que la vida es larga y siempre hay más tiempo que vida
solo que me recuerdes
solo eso me basta
porque un recuerdo también es una forma de existencia

Hijos de Caín

Nacimos y crecimos bajo el signo de la oveja negra
lapidados
bajo el nombre de los miserables más miserables del mundo
los atarantados
los flojos
los estúpidos
y nos lo creímos

Nos concibieron como la rama bastarda de los que nunca tuvieron nada
ni nada que dar
ni que decir
y así nos conocimos
así nos aceptamos en el fondo de nuestros corazones

y sonreímos

al encontrar nuestro reflejo en los ojos del homicida
al reconocer
en lo más profundo de una zanja
nuestro cuerpo mutilado
en la indiferencia de quien se nos mete en la fila
en la sonrisa vacía
que nos obsequia el intoxicado a un costado de la avenida

Y mientras nos alegramos
mientras nos reconocemos como parte de los residentes
del hospital psiquiátrico
volvemos la mirada para gritarnos: “¡burros!”, “¡burros!”
y señalar, entre risas, la imagen que hallamos en el fondo de nuestros corazone

Hijos de Caín
herederos de muchas tumbas
henos aquí
resignados
a señalarnos con los cuatro dedos que aún nos quedan
en la punta de nuestras bocas
a cultivar los sepulcros
de este enorme camposanto que llamamos patria
con el cuchillo atravesado en la mirada
y en la frente
resignados a echar raíces
en esta tierra resignada al llanto
y a la burla

La patria del ridículo

Habitamos una tierra de nadie
una tierra extraña
donde año con año plantan su carpa los eternos titiriteros
meten sus clavos en la entraña de nuestros hijos
y martillan rabiosos
con la sonrisa estampada en la mirada

Vienen a cambiarnos la vida, dicen
aseguran un regalo para nuestros ojos
y si realmente creemos
podremos hacer esos sueños
una entera realidad para nuestra carne

Se visten de lino
se pintan la cara
y nos presentan el estrafalario circo de las pulgas
y en medio de su sonrisa ridícula y atroz
nos narran, con altibajos, las proezas de sus alimañas
¡nos gritan en la cara sus acrobacias!
y nos exhortan
a que imitemos sus portentos
porque nosotros también somos (ellos bien lo saben)
hijos de la pulga
el piojo
la lombriz
y la cucaracha.

Y mientras nos cantan sus canciones de feria
mientras nos muestran sus títeres siniestros
y danzan y lanzan

papelitos que la audiencia come
como palomitas de maíz
nos envuelven en su telaraña de ideas infinitas.

“Estas ideas son maravillosas”, sentencian

al mismo tiempo que nos sacan de los bolsillos
las pocas monedas que nos quedan para soportar el hambre de las horas
nos sustraen los sueños
mientras depositan en nuestras manos
un espejo para reírnos de lo que hallamos
en el fondo de su reflejo

“Respetaréis estas ideas”, dicen
mientras levantan su carpa
y nos anudan con sus lazos y correas

“¡Respetaréis las ideas!”
gritan

“¡Respetaréis!”
gruñen, mientras se alejaban afanosos,
sin dejar de apuntarnos con sus cañones de ensueños celestiales

Y así
se marchan
dejando a los habitantes de aquella extraña tierra
con una enorme sensación de desasosiego
deseando olvidar
por al menos unos cuantos años
la enorme vergüenza que les carcome la cara
anhelando a que llegue otro nuevo circo
que nos haga reír y olvidar
al menos por unos instantes
los días de miseria y desencuentros
que nos dejaran los actores del circo anterior.

 


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RICARDO HERNÁNDEZ PEREIRA (El Salvador, 1985). Docente y narrador. Sus relatos aparecen en: Memorias de La Casa: 12 narradores (Índole Editores, San Salvador, 2012); Tierra breve: antología centroamericana de minificción Centroamericana (Kalina Editores / Índole Editores, San Salvador, 2018); y en la revista Cultura 122 (DPI, San Salvador, 2017).