Jorge Ávalos: «Cuando el Nobel de la Paz es una advertencia» (opinión)

El Premio Nobel de la Paz 2025 a la líder de la oposición en Venezuela, María Corina Machado, podría generar un debate importante en América Latina ante el resurgimiento de los gobiernos autoritarios.

Jorge Ávalos
Fotografía de Carlos Díaz / Wikimedia Commons
La Zebra | #110 | Octubre 10, 2025

Los premios Nobel de la Paz no se les dan a santos, sino a personas en medio de situaciones políticas muy complejas, y el propósito de cada premio es atraer atención hacia un determinado problema que afecta la paz y la estabilidad geopolítica. Yo estaba despierto cuando apareció el anuncio de que este año se lo había ganado María Corina Machado, de Venezuela, y de inmediato escribí y publiqué una reacción en inglés cuando compartí el video de la llamada que le hizo Kristian Berg Harpviken, el director del Instituto Noruego del Nobel. Traduzco a continuación esa primera reacción, espontánea y sincera, y agregaré otro comentario después…

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«Oh, Dios mío… No tengo palabras. Muchas gracias, pero espero que pueda entender que este es un movimiento, este es un logro de toda una sociedad, yo soy solo una persona, definitivamente no merezco esto.»

Estas fueron las primeras palabras de María Corina Machado cuando recibió la noticia de que había sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025, «por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y por su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia».

Dado el contexto global, el premio a Machado es un recordatorio tajante por parte del comité del Premio Nobel de lo difícil que es intentar restaurar un sistema democrático después de la llegada del autoritarismo. Sin embargo, hay mucho que analizar aquí, y espero que el premio suscite un debate importante, dado el auge de los regímenes autoritarios con ambiciones fascistas.

Me preocupa especialmente la reacción de Machado al reciente bombardeo ordenado por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, contra un bote pesquero, porque ella elogió la «estrategia» del presidente de Trump. ¿Se trata solo del pragmatismo de alguien que busca apoyo a su causa, o refleja su propia visión política? La realidad es que ella cuenta con el apoyo del movimiento opositor después de haber elegido la ruta electoral, y en esto ha sido muy valiente; y si Machado tiene, por otro lado, firmes opiniones feministas y liberales, por otro se aferra a convicciones conservadoras. Lo que yo espero de esto es que el Nobel le dé a Machado la oportunidad de no depender de Trump. En su primera reacción, ella nos recordó que tiene el liderazgo del movimiento opositor en Venezuela porque sabe escuchar, y porque comprende que esta no es sólo su lucha, sino la de la colectividad que representa.

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Estoy absolutamente seguro de que cuando el comité del Premio Nobel de la Paz decidió otorgarle el galardón de este año a María Corina Machado, estaban pensando en Trump, y aunque no lo nombran, efectivamente hablan del resurgimiento de movimientos fascistas y autoritarios en todo el mundo. Este premio es un golpe a Trump —sin duda es un golpe a su orgullo narcisista—, y es posible, incluso, que la noticia del premio le recuerde a los líderes de las democracias del mundo que Trump ya ha manifestado su deseo de invadir a Venezuela. El peligro de que esto podría pasar es muy grande. Por lo tanto, el propósito del premio es recordarnos de que esto no puede pasar, y esto significa que el premio es también un mensaje a Machado, dado de que ella cree que necesita el apoyo de hombres “duros” como Trump. Este es el momento para recordarle de que ella y su movimiento no necesitan ni el apoyo de Trump, ni el de ningún otro líder autoritario, si su lucha es por la restauración pacífica de la democracia en Venezuela. Este es el mensaje que ella necesita escuchar del mundo.

Todos los que tenemos convicciones progresistas o liberales o de izquierda, o simple y llanamente una preocupación por la supervivencia de la democracia ante el avance del fascismo, no necesitamos rechazar el premio a Machado. Lo que necesitamos es hablar y conversar y debatir con mayor claridad qué es lo que esperamos de nuestros pueblos en este momento tan peligroso, y qué necesitamos hacer, y cómo responder en la práctica. Y sí, aún podemos hablar de reivindicaciones: qué sistemas, qué libertades, qué justicias, qué reparaciones, que empoderamientos aún están pendientes. Nuestra América Latina necesita una izquierda crítica, una izquierda que entienda la gravedad, la complejidad y el peligro mortal del momento que enfrentamos.

Recordemos que mientras Trump amenaza con invadir a Venezuela, al mismo tiempo captura a inmigrantes venezolanos en los Estados Unidos, inmigrantes pobres que habían buscado refugio político —y no necesariamente porque son de derecha, sino porque son gente desplazada, con hambre, o porque son peluqueros gay, o negros discriminados, como hemos visto de entre los venezolanos que fueron encarcelados en El Salvador—. Y si a esto le añadimos de que en Venezuela, el movimiento de oposición es perseguido al punto de que la ganadora del Nobel anda huyendo, y en condiciones clandestinas, entonces estamos ante una bomba de tiempo que le va a explotar en la cara a toda América Latina si no actuamos.

¿Acaso necesitamos otro Milei u otro Bukele u otro pueblo que elige el autoritarismo y sacrifica su democracia?

La amenaza permanente del intervencionismo militar de los Estados Unidos es desquiciada y peligrosa para toda América Latina, y significaría un retroceso del que nos va a costar décadas recuperarnos, si llegara a ocurrir.

Que el Nobel le dé un reconocimiento a Machado, por lo tanto, no valida sus errores, sino que remarca que el intervencionismo de Trump no es el camino. El camino es la democracia, y el equilibrio democrático de la región por medio de las respuestas democráticas, organizadas, audaces. Este es el camino más difícil, pero es el mejor camino.

La pregunta es si un premio podría atraer una mayor atención hacia América Latina, y una mayor vigilancia de los gobiernos que violan las reglas de la democracia, y consecuencias reales si esto sucede. Más importante todavía, es si podremos reconsiderar qué podemos hacer, nosotros mismos, para combatir el resurgimiento y la amenaza del fascismo, porque la pregunta final no es si Machado es una santa, sino si podemos actuar, como lo hemos hecho antes, con tanta tenacidad, a lo largo de nuestra historia, para ser la América que en verdad necesitamos, la que estamos destinados a ser.

Carta de María Corina Machado por el Premio Nobel de la Paz.