Ernesto Cardenal: “Poemas” (comentados por Claribel Alegría)

Algunos poemas de Ernesto Cardenal son tan bien conocidos, que uno podría verse tentado a ignorarlos, por prejuicio a lo popular. Pero como en el caso de Rubén Darío, algo sabe el pueblo sobre aquellos poemas que están destinados a perdurar, que sabe otorgarles, sin perder el tiempo, el aura de lo popular. Los Epigramas y la Oración por Marilyn Monroe de Cardenal son un ejemplo clarísimo de esto: no son populares por ser menores o de un gusto que se rebaja al lugar común, sino por haber llegado al mundo imbuidos de un sentido de lo clásico y perdurable. Compartimos a continuación algunos poemas viejos y nuevos, acompañados de los comentarios espontáneos que Claribel Alegría hizo sobre ellos, entresacados de una entrevista realizada por Carlos Salinas Maldonado para Confidencial el 27 de enero de 2015, en homenaje a los 90 años de edad del gran poeta nicaragüense.

Ernesto Cardenal
Comentarios de Claribel Alegría
La Zebra |
#5 | Mayo 1, 2016

Claribel: Estaba viviendo en Estados Unidos, donde estudiaba, y había venido a El Salvador a visitar a mis padres. Un día mi padre, que era nicaragüense, de Estelí, me dijo: “Hijita, quiero que leas algo que es una maravilla”. Esto fue a principios de los cincuenta. Entonces me dio —no en libro, pero sí mecanografiado— Hora 0. Yo no sabía nada de Cardenal, ni siquiera que existía. ¡Me emocioné muchísimo! ¡Amé a Sandino más! Para mí, que vivía en Estados Unidos y desconocía de la política y de los dictadores de Centroamérica, me fascinó la poesía de Cardenal. Desde entonces me sigue gustando. Es esa claridad de él, pero al mismo tiempo la realización de que él investiga y nos ofrece un mundo generalmente desconocido por los poetas.

Hora 0

Fragmentos

Noches Tropicales de Centroamérica,
con lagunas y volcanes bajo la luna
y luces de palacios presidenciales,
cuarteles y tristes toques de queda.
“Muchas veces fumando un cigarrillo
he decidido la muerte de un hombre”,
dice Ubico fumando un cigarrillo…
En su palacio como un queque rosado
Ubico está resfriado. Afuera el pueblo
fue dispersado con bombas de fósforo.
San Salvador bajo la noche y el espionaje
con cuchicheos en los hogares y pensiones
y gritos en las estaciones de policía.
El palacio de Carías apedreado por el pueblo.
Una ventana de su despacho ha sido quebrada,
y la policía ha disparado contra el pueblo.
Y Managua apuntada por las ametralladoras
desde el palacio de bizcocho de chocolate
y los cascos de acero patrullando las calles.

¡Centinela! ¿Qué hora es de la noche?
¡Centinela! ¿Qué hora es de la noche?

* * *

¿Qué es aquella luz allá lejos? ¿Es una estrella?
Es la luz de Sandino en la montaña negra.
Allá están él y sus hombres junto a la fogata roja
con sus rifles al hombro y envueltos en sus colchas,
fumando o cantando canciones tristes del Norte,
los hombres sin moverse y moviéndose sus sombras.

Su cara era vaga como la de un espíritu,
lejana por las meditaciones y los pensamientos
y seria por las campañas y la intemperie.
Y Sandino no tenía cara de soldado,
sino de poeta convertido en soldado por necesidad,
y de un hombre nervioso dominado por la serenidad.
Había dos rostros superpuestos en su rostro:
una fisonomía sombría y a la vez iluminada;
triste como un atardecer en la montaña
y alegre como la mañana en la montaña.
En la luz su rostro se le rejuvenecía,
y en la sombra se le llenaba de cansancio.
Y Sandino no era inteligente ni era culto
pero salía inteligente de la montaña.
“En la montaña todo enseña” decía Sandino
(soñando con las Segovias llenas de escuelas)
y recibía mensajes de todas las montañas
y parecía que cada cabaña espiaba para él
(donde los extranjeros fueran como hermanos
todos los extranjeros hasta los “americanos”)
“hasta los yanquis…”
Y: “Dios hablará por los segovianos…”, decía.
“Nunca creí que saldría vivo de esta guerra
pero siempre he creído que era necesaria…”
Y: “¿Creen que yo voy a ser latifundista?”

Es media noche en las montañas de las Segovias,
¡Y aquella luz es Sandino! Una luz con un canto…

1957

Claribel: Me gustaría poder conocer más de lo que habla Cardenal, como por ejemplo cuando escribe poemas de amor, como los Epigramas. ¡Eso es una maravilla! Me despierta curiosidad de que este sacerdote rebelde haya tenido esos amores. Ahora, que ya estoy al final de mi vida, y los vuelvo a leer, veo que en todos hay algo místico.

Epigramas

Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica…
Y si al amor que los dictó tú también lo desprecias,
otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas
(escritos para conquistarte a ti) despiertan
en otras parejas enamoradas que los lean
los besos que en ti no despertó el poeta.

* * *

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

* * *

Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fui a mi cuarto
y escribí ese artículo contra el Gobierno
por el que estoy preso.

* * *

Yo he repartido papeletas clandestinas,
gritando: ¡Viva la libertad! en plena calle
desafiando a los guardias armados.
Yo participé en la rebelión de abril:
pero palidezco cuando paso por tu casa
y tu sola mirada me hace temblar.

* * *

Tú que estás orgullosa de mis versos,
pero no porque yo los escribí
sino porque los inspiraste tú
y a pesar de que fueron contra ti:
Tú pudiste inspirar mejor poesía.
Tú pudiste inspirar mejor poesía.

1961

Claribel: ¡Ay, la Oración por Marilyn Monroe! Me fascina. Y a mi marido, Bud Flakoll, que era estadounidense, también le fascinaba. Y le fascinaba tanto que lo tradujo al inglés. Es maravilloso. Y en ese poema ves todo. Hay amor, hay ternura, hay rebeldía, hay denuncia social y hay un gran misticismo, cuando le pide a Dios que conteste el teléfono para ella.

Oración por Marilyn Monroe

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso…

Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Súper Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y se apagan los reflectores!
Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
¡contesta Tú al teléfono!

1965

Claribel: La poesía de Cardenal es directa. A él le gusta hablar de lo concreto y encontrar el misterio en todo. Es un gran poeta. Es un cronista de su tiempo, siendo poeta. Él nació místico, como fue San Juan de la Cruz. ¡Ya quisiera yo ser así, pero de mística creo que no tengo nada! ¡Ja, ja, ja, ja! Toda su poesía es fantástica y está saturada de verdad y de misticismo y de emoción. Ernesto tiene un gran corazón, y sin ese gran corazón no podría escribir la poesía que escribe. Su legado, además, es que su poesía es transparente, les llega a todos. Y eso es muy difícil.

El telescopio en la noche oscura

Fragmentos

Yo tengo un amor secreto
que ninguno ve.
Tan secreto lo tenemos
que sólo a mí me ven.

* * *

¿Qué pasa pues entre vos y yo?
¿Es tal vez que vos me querés
pero que no me quiero yo?
Que no me quiero yo puede ser
pero eso no impide nuestra unión
si vos sí me querés y te quiero yo.

* * *

Me intriga qué sería lo que te gustó de mí.
Tal vez un alma de ojos tristes.
Y un sabor no probado por nadie todavía.

* * *

Pareciera ahora que no me quieres.
Peor aún, que ni siquiera existes.
Aunque no existieras yo te quiero
y podría quererte sin que me quieras.
Pero eres, y quiero al que me quiere.

* * *

Aunque tú no vengas conmigo esta noche
mi alma ha quedado abierta para ti.
Por si vinieras. Si tú no vienes
estará abierta de todas maneras para ti
y nadie más.

* * *

Si de nada,
si de no sentir nada se trata,
el mío es un perfecto amor.
Si de no sentir nada se trata.
Y en efecto se trata.

* * *

Amando al que tiene tanta belleza
que no la vemos.
La luz del rostro como si fuera ultra-violeta.

* * *

No permitas que yo lo quiera, que esto pase:
desearte y ya no poderte ver nunca más.
Tú perderás mucho también.
Pero de nosotros dos yo pierdo más que tú.

* * *

Le dijeron a Gioconda Belli en aquel bar
que ella podría entrenarme en erotismo
y dijo que me podría entrenar bastante.
Yo callé. Hoy pensé
que hay un erotismo sin los sentidos, para muy pocos,
en el que soy experto.

* * *

Hay un murmullo entre las hojas
—el otro arrullo no se oye—
como si fuera dentro de mí
esperando el tuyo.

1993

Claribel: Yo no volví a ver a Cardenal sino hasta el triunfo de la Revolución, lo conocí cuando él ya era ministro de Cultura, y lo entrevistamos. Luego él fundó en el Hospital La Mascota un taller de poesía para los niños con cáncer. Yo trabajé con él todos los martes, hasta hace muy poco en que los dos ya nos hemos cansado. Hice una amistad entrañable con él. Y de eso te quiero hablar, porque la gente dice: ¡Qué hosco es Cardenal! La manera de hablar de él es así, y parece que es muy hosco, pero en realidad es muy sincero y dice su verdad siempre, pero tiene un gran corazón y una gran generosidad. Es un gran hombre.

Pluriverso

Fragmento

Los metales de nuestro cuerpo
—suaves cuerpos con metales—
como sabemos, son de estrellas.
Que no vemos. Ya no existen siquiera.
¿Qué pasó con ellas? Colapsaron
hacia el olvido. En hoyos negros.
Nuestros suaves cuerpos con metales
nacidos de hoyos negros y del olvido.
Tú que fuiste joven y bella,
inspiraste epigramas una vez
y como mi vejez estás vieja,
mira las estrellas:
entre ellas también hay estrellas ya viejas.
Otras que murieron. O vivieron pocos años,
pocos cienes de millones de años.

2005

Claribel: Ernesto es un ser revolucionario. Revolucionario en su poesía, revolucionario como teólogo, revolucionario como hombre. ¡Yo lo quiero muchísimo!

 


Fotografía de Ernesto Cardenal por Jorge Ávalos, Managua, mayo de 2015.