Jorge Ávalos: “Álvaro Menén Desleal: agente provocador” (crónica)

De cómo un provocador natural se convirtió en el pionero del “performance art” en El Salvador.

Jorge Ávalos
La Zebra | #8 | Agosto 1, 2016

Álvaro Menén Desleal no sólo fue un precursor del arte de acción en El Salvador. En realidad, se puede afirmar que el performance art —el arte de acción, una forma de intervención conceptual en vivo—, en el país, comienza con él. Sin lugar a dudas, Menén Desleal fue el primer artista en El Salvador en concebir su propio comportamiento con fines puramente teatrales, y fue el primero en realizar acciones públicas cuyo fin era provocar a la sociedad para despertarla de su marasmo. De manera conciente, fue un agent provocateur.

Su nombre real fue Álvaro Menéndez Leal (1932-2000), y su primer acto de provocación comienza con ese sutil cambio en la grafía de su nombre que cristaliza en un solo sentido la ambigüedad fonética de sus apellidos: cuando transforma Menéndez Leal en “Menén Desleal”.

Sin ofrecer su lealtad a nadie, el iconoclasta Menén Desleal fue un artista e intelectual comprometido con su tiempo en un sentido muy amplio de la palabra: como introductor del periodismo tabloide, influido por la televisión, y como fundador de los primeros programas independientes de noticias transmitidas por radio y por televisión, fue un tenaz activista en contra de la censura.[1] Como escritor introdujo en la literatura salvadoreña las formas experimentales del momento: la poesía concreta, la poesía visual, el lenguaje escatológico, el agit-prop (el panfleto contra la guerra), el teatro del absurdo y el minimalismo. Para escribir su cuento “Fire an Ice” inventó medios para semiotizar (atribuir significado a) los signos de puntuación. Se hizo célebre por una pieza de teatro del absurdo, Luz negra, una obra que entra dentro de una línea creada por él de “teatro inútil”, llamado así porque se supone irrepresentable (aunque Luz negra se ha representado en varios países alrededor del mundo). Fue también un pionero de la ciencia ficción en Latinoamérica (La ilustre familia androide, Argentina, 1972; San Salvador, 1997). Pero son sus acciones, en las que convergen la sorpresa espontánea del happening, un sentido del absurdo del contexto y la concepción deliberada del performance, las que hacen tan memorable su tránsito por las artes.

Uno de sus actos más conocidos, y cuya anécdota Menén Desleal se deleitaba en contar, es una muestra ingeniosa de “teatro invisible” quince años antes de que Augusto Boal[2] teorizara sobre esta forma y la acuñara con ese nombre. El discípulo que lo acompañó en este acto, se convertiría —una década antes de su brutal asesinato en manos de sus compañeros guerrilleros en 1975— en uno de los más célebres poetas revolucionarios de América Latina, Roque Dalton:

En enero de 1959, las fuerzas guerrilleras dirigidas por Fidel Castro entraron triunfantes a La Habana, Cuba. Roque Dalton tenía entonces 23 años y trabajaba como redactor y periodista para el más exuberante de los nuevos intelectuales salvadoreños: Álvaro Menén Desleal, un maestro de la provocación.

En agosto de ese año, ambos viajaron a Chile para cubrir la conferencia de cancilleres de la Organización de Estados Americanos. “En ese cónclave”, recordaría Roque seis años después, los delegados cubanos “conmovieron intensamente a las masas populares chilenas”. Por su parte, los dos taimados salvadoreños no pudieron resistir el impulso protocolario que los rodeaba.

Menén Desleal se había posesionado de un “anillo cardenalicio” (obtenido primero por el escritor Mario Hernández Aguirre), y envió a su asistente al más exclusivo burdel de Santiago para anunciar su llegada. Dalton preparó a las prostitutas más bellas de Chile para “recibir al emisario oficial del Papa en una visita secreta”. Cuando Menén Desleal entró al burdel, las mujeres lo esperaban, emocionadas. Organizadas por Dalton, una por una se arrodilló para besar el anillo de Su Excelencia, el Cardenal, que las honraba con su presencia. La Dama del burdel y sus señoritas los atendieron con el lujo, el trato y el fasto que creían que los altos emisarios del Vaticano merecían.[3]

Este suceso, confirmado y recontado por ambos escritores, se convirtió en una carta de presentación del estilo de Menén Desleal: de manera consciente tramaba juegos para escandalizar a la sociedad y para desafiar los esquemas dominantes de interpretación artística o literaria de su tiempo. Pero en general, sus acciones tenían fines políticos y contenían críticas explícitas contra la hipocresía de los intelectuales o de la sociedad. Son célebres los escándalos generados por sus “plagios” y apropiaciones literarias, a veces denunciados anónimamente o por medio de seudónimos por él mismo.[4] Durante la representación de su obra Luz Negra, él mismo protestó contra los productores afuera del Teatro de Cámara distribuyendo un volante en el que denunciaba la violación a sus derechos de autor por las instituciones de Estado. Es posible interpretar el prólogo apócrifo de Jorge Luis Borges, que Menén Desleal escribió para su primer libro de cuentos, como un juego y una provocación. Aunque el tema de sus plagios y otros escándalos literarios ha sido resucitado recientemente por varios escritores, el asunto ya había sido tratado en su justa medida por el narrador nicaragüense Sergio Ramírez en 1968, cuando describió con lúdica complicidad las acciones de Menén Desleal:

Los escándalos literarios en Centroamérica no son muy frecuentes, a menos que uno mismo se los fabrique; ésta ha sido en parte la filosofía empleada por Álvaro Menen Desleal, el brillante escritor salvadoreño que a los 37 años de edad acaba de obtener casi consecutivamente dos premios de importancia: el Primer Premio de Teatro en los Juegos Florales de Quezaltenango, y el Primer Premio de Cuentos en el Certamen Nacional de Cultura de El Salvador.

Cuando en 1963, Menén Desleal ganó el Segundo Premio de Cuento en el Certamen Nacional de Cultura, con su libro Cuentos breves y maravillosos, él mismo se inventó una pugna que llevó hasta los diarios, atacándose de plagiario y defendiéndose al mismo tiempo (con nombres supuestos), hasta que el asunto cobró a otros participantes, esta vez auténticos, que se encargaron de llevarlo a un juicio público celebrado en la Universidad, del cual salió condenado. De esta manera el libro alcanzó un récord de venta jamás logrado anteriormente en el país. No obstante la condena, el libro tuvo un éxito impresionante en el exterior y ya ha sido traducido al rumano y al inglés.[5]

Esa inclinación por el escándalo fabricado la llevó Menén Desleal a todas las esferas de su vida. En una entrevista confesó que en varias ocasiones convocó conferencias de prensa sobre hechos infundados con el único fin de provocar al presidente y coronel José María Lemus, quien intensificó la censura y la represión contra los estudiantes universitarios y los grupos sociales de oposición antes de que un golpe de estado lo removiera del poder en octubre de 1960. [6] Esto significa que sus conferencias de prensa eran acciones de agit-prop, una modalidad política del performance.

En ese entonces, Menén Desleal dirigía el primer y único noticiero independiente de televisión, Telediario, y en su lucha contra los actos de censura del presidente inventó fórmulas creativas para atacarlo.[7] En una ocasión, cuando la oposición contra Lemus se intensificaba, Menén Desleal, en representación del “cuarto poder”, promovió una contienda de boxeo contra el presidente de la República.[8]

Menén Desleal, que había sido un boxeador profesional durante sus años en el ejército y había enfrentado y vencido al campeón Alex Suárez, entre otros, se presentó a la arena del gimnasio el día anunciado, vestido con el traje reglamentario, con sus guantes en los puños y acompañado de su entrenador. En las galerías había un público asombrado, además de fotógrafos y periodistas. Dado que el único contrincante que se presentó al cuadrilátero fue Menén Desleal, no mintió cuando al día siguiente, en su espacio editorial, le informó a sus televidentes que Lemus había sido derrotado. De acuerdo con los reglamentos del boxeo, técnicamente esto era cierto. El “cuarto poder” había derrotado al presidente de la República.

El coronel Lemus, airado, envió un censor al estudio de producción para examinar las noticias de Teleperiódico antes de que estas fueran transmitidas. En respuesta, Menén Desleal le dio al censor una página en blanco y le dijo que esa sería la nota editorial del día. En efecto, Menén Desleal apareció ante la cámara con una cruz de cinta negra sobre la boca y gesticuló airadamente durante un minuto, sin decir una sola palabra. Fue el planteamiento más poderoso que se hizo contra la censura estatal de los medios de prensa, y se hizo a través de la televisión, el medio de comunicación más joven en ese entonces. El alcance y la profundidad del impacto de los nuevos medios de comunicación en las audiencias salvadoreñas apenas comenzaban a ser explorados.[9]

Menén Desleal es una figura solitaria en la historia de las artes nacionales. Aun así, pese a su tenaz individualismo y a su inimitable capacidad para la provocación, sí tuvo una enorme influencia: su huella está en la actitud desenfadada de los artistas e intelectuales que surgieron en las letras y en las artes visuales a partir de la década de 1960, sobre todo en la obra literaria y en la actitud rebelde hacia las instituciones de su discípulo Roque Dalton (antes de su transformación final en un promotor del guevarismo y de la insurrección armada), quien asumió todas las estrategias posibles para sacudir la conciencia de sus lectores con ingenio y humor, así como en el talante rebelde y en el compromiso político de otros escritores miembros de los más activos grupos intelectuales, “Generación Comprometida” y “Círculo Literario Universitario”.

 


Notas

[1] Sus medios de prensa fueron Tele-reloj para radio, Teleperiódico en prensa escrita y Telediario para la televisión.

[2] El principal texto teórico de Augusto Boal es su libro Teatro del oprimido (1974).

[3] Ávalos, Jorge. “Roque Antonio Dalton García: origen, vida y muerte de un poeta”. Enfoques, La Prensa Gráfica, San Salvador, domingo 11 de mayo de 2003, año 4, N° 257, p. 5.

[4] El narrador nicaragüense Sergio Ramírez, en un artículo publicado en 1968, reveló que fue Menén Desleal quien promovió y azuzó el debate del plagio por medio de artículos publicados bajo pseudónimos en los periódicos de El Salvador (http://www.caratula.net/ediciones/44/hojaderuta-srarmirez-amdesleal.php: consultado el 10 de septiembre de 2011).

[5] Ramírez, Sergio. “Dos premios literarios en un mes para Álvaro Menen Desleal”, originalmente publicado en San José, Costa Rica en 1968, el artículo fue reproducido en la revista Carátula, edición 44, octubre-noviembre de 2011 (disponible en el sitio de Internet citado previamente).

[6] Ávalos, Jorge. Entrevista con Álvaro Menén Desleal, San Salvador, agosto de 1999. Esta larga entrevista fue ampliamente utilizada en una serie de artículos publicados en La Prensa Gráfica entre 1999 y 2004, algunos de los cuales se citan de forma específica en este ensayo.

[7] Calderón, José David. De vista y oídas, San Salvador, Algier Impresores, 1988.

[8] Ávalos, Jorge. “La época de oro de la televisión”, Revista Dominical, La Prensa Gráfica, San Salvador, 29 de junio de 2003. Los detalles de este suceso fueron confirmados y recontados por Menén Desleal en la entrevista previamente citada y por el cineasta y productor de televisión José David Calderón, quien fue testigo de los hechos.

[9] Ávalos. Ibídem.


JORGE ÁVALOS es un escritor y fotógrafo salvadoreño, editor de la revista La Zebra. Como cuentista ha ganado los dos premios centroamericanos de literatura: el Rogelio Sinán de Panamá, por La ciudad del deseo (2004), y el Monteforte Toledo de Guatemala, por El secreto del ángel (2012). En 2009 recibió el Premio Ovación de Teatro por su obra La balada de Jimmy Rosa. En 2015 estrenó La canción de nuestros días, por la que Teatro Zebra recibió el Premio Ovación 2014. Sitio oficial: Imaginador: jorgeavalos.com