Katheryn Rivera Mundo: “Castidad bajo la lluvia” (poesía)

Metáforas del tiempo, la lluvia y los espejos hacen girar estos versos alrededor de un centro de intensa negación o violencia, en Memoria de los Espejos (Editorial Shushikuikat), el primer libro publicado por esta poeta salvadoreña.

Katheryn Rivera Mundo
La Zebra |
#17 | Mayo 1, 2017

Autorretrato de un hombre que no cicatrizó

Olvidemos los nombres de las calles
donde nos crecieron las heridas.

Muchacha,
yo te amo desde la edad de la palabra.

Sabes que venimos del mismo aroma,
con una existencia que se nos vuelve sombra
muy dentro del pecho.

Desde una misma piedra
que sangró gaviotas también venimos.

Muchacha, soy el hombre
que dejó un nido de cuchillas en tu vientre.

Llevo tormentas ansiosas
atadas a mi cuerpo
y estos brazos
buscan asfixiarse en la eternidad de los tuyos.

Mañana regresaremos con la lluvia
o quizá solo seremos una vértebra
en el esqueleto de los niños.

Castidad bajo la lluvia

En el patio de serpientes
conjugamos los límites de un beso antiguo y sin edades.

Atados a la tarde que reunía miradas,
el crisol de la tormenta nos cantó al oído.

Asesinamos el frío con la eternidad
de las manos.
Los pies celebraban con inéditas caricias.

Faltaron bocas para descansar temprano,
sobraron gritos para detener el tiempo.

Olvidamos la dificultad del aliento
en el parque de los brazos,
donde fuimos niños
escondidos sin permiso.
Donde hicimos de la razón
una mujer abandonada.
Donde sólo tu manto
de arena sobre el mío.

Quédate desnudo

Mírate desde el filo de mis ojos,
sé que no te será extraño mi pétalo de lágrimas.

Quédate abrigado de mi mano
sin temor a que mi mano muera.

Quédate y bebe mi dolor de lluvia perdurable
así como golpeabas mi nombre
cuando llegaba hasta tu oído.

Quédate en esta miseria
sin más tristeza que mi vida.

Reloj mujer

Lleva vestidos bordados por los pájaros,
ochenta gaviotas adornan su cabello.

Con sus brazos curó la fiebre de tres planetas
que estallaron en su vientre.

Ella, esposa del silencio,
me protegió de la tormenta.
Yo, no la protegí del tiempo.

Enfermedad en el calendario

Amanecí sorda,
con cierto dolor de odio en los oídos.

Cargo una enfermedad desconocida porque aún no llega.

Sobre mis labios, otros labios diferentes a los míos.
Más labios y más labios para un solo beso.

Cargo una enfermedad desconocida
y un corazón mordido por el tiempo.

Ayer la noche me bañó con su vestidura,
la sangre se colocó su capa de niña triste
y de mi llanto nació un Cristo
que no hace más que reír por las arrugas de mis ojos.

Es domingo de invierno sobre la casa.
Esta enfermedad
ha expulsado una ciudad de humo desde mi pecho.
Entre la multitud de la gente,
mis gritos son sólo el silencio de los parques.
Tengo una enfermedad desconocida, porque aún no llega,
y me apago poco a poco sostenida de su espalda.

El tiempo un dardo sordo en estos días

Es el tiempo llaga sumergida en la memoria.
La tormenta también es llaga,
pero es el tiempo y habrá que nombrarlo asesino
cuando el corazón salte hasta la tumba.

Es el tiempo hermano,
quien le ha cortado el color a la sonrisa.

Lo que vive antes,
es lo único que existe,
porque el tiempo es tiempo
rosa,
polvo,
mano pegada en la garganta,
y es también una casa
con paredes que guardan lo que fuimos.

Sobre él reposó la abuela y él sobre nosotros.

El tiempo es tiempo
y nos cubre la piel con sus agujas
se nos presenta como habitación decorada
el tiempo,
nos enseña el beso
sin decir que a veces
también el beso es cementerio.

Nos espera a la orilla de un verso
acompañado de fantasmas
y es el tiempo.

El tiempo un dardo sordo en estos días,
tan inquieto en medio de la noche
sin descansar pestañas
sin adelgazar su paso.

El tiempo,
qué sabe de dolor si no se le secan los huesos.
¡Qué sabe de dolor el tiempo
si no sufre de cáncer
y su rostro ni siquiera existe!

 


Katheryn RiveraKATHERYN RIVERA MUNDO (El Salvador, 1989). Poeta, promotora cultural y docente, es integrante activa y fundadora de Proyecto Máscara Teatro, e imparte talleres de creación literaria. Ha publicado en periódicos y revistas de El Salvador, México, Cuba, España, Italia y Nueva York. Su primer poemario, Muñeca Rota, fue ganador del Primer Certamen Ipso Facto de Editorial Equizzero que lo publicó en formato plaquette en 2012. En 2017, bajo el sello Editorial Shushikuikat, publicó su primer libro de poesía, Memoria de los Espejos.