Ruth Grégori: “Retrato de un país que se hunde” (crítica)

El primer número de la revista Karnaval (marzo, 2016), un clamor de cambio generacional desde la literatura joven de El Salvador.

Ruth Grégori
La Zebra | #21 | Septiembre 1, 2017

 

Se han perdido los muertos en nuestro desamparo.
Dormimos en sus cuartos de penumbras
Y la luz apenas centellea el cuerpo de la noche.
Hay un respiro de moribundos.
Estertor de claridad.
Daniuska González, “Claroscuro”.[1]

…somos hombres-y-mujeres-cucaracha que queremos devorarnos entre
nosotros mismos…
un país gritando por ser hombres y mujeres
que desean caminar con dos piernas, que piden ser solamente humanos
Rodrigo Ávalos, “Centavos con cucarachas”.[2]

San Salvador es un lugar que es un no-lugar
O una heterotopía
Miguel Olano, “Seguir caminando”.[3]

Son bulliciosos, iracundos, irreverentes, ácidos. Citan a Platón, a Borges, a Habermas y a Ciorán. Escogieron una mano ensangrentada como emblema del primer y único número publicado a la fecha de su revista, a la que denominaron Karnaval. Un grupo de jóvenes veinteañeros y algunos otros de mayor edad —perplejos ante la decadencia de un mundo bañado en sangre que amenaza constantemente sus vidas— deciden afilar su lengua (su pluma/su cursor) y gritar[4]. El estertóreo coro cuenta la historia de un lugar que se desgarra y agoniza en el inevitable camino hacia su autodestrucción y, en lugar de precipitarse hacia la muerte —cuchillo en mano o en el propio estómago—, asumen su lugar como protagonistas, narradores y testigos de una procesión agobiante y oscura que se multiplica a diario en millones de rostros de un pequeño país llamado El Salvador.

Llegaron tarde a la época de las utopías, por eso no pueden estar desencantados de ellas. Sus letras están lejos del compromiso de transformación social y su cinismo no obedece al desencanto de promesas revolucionarias, sino a la constatación de que no hay líder político, económico, mediático, intelectual o religioso, ni ciudadano común de a pie, libre del pecado de querer devorar a su hermano. Quizá por eso sus referentes no están entre los autores salvadoreños contemporáneos, sino en autores lejanos en tiempo y espacio, a quienes citan abundantemente a lo largo de la revista. Entre las escasas referencias centroamericanas hay apenas tres salvadoreños, ya fallecidos: Álvaro Menen Desleal, Melitón Barba y Hugo Lindo. Éste último adquiere relevancia clave mediante un “gesto” del diseño que parece reforzar una postura generacional: su editorial, que llama a gritar, es ubicado, en página opuesta, al lado del mesurado tono del poema “No he dicho nada”, de Lindo.

En sus ensayos aventuran tesis osadas, como la de que los salvadoreños en realidad no queremos paz, sino venganza[5]; o la de que la violencia es casi un rasgo crucial de la salvadoreñidad[6]. En sus crónicas, refieren la incontrolable compulsión por imaginar/se provocando/se daño[7]; o las pesadillas de realidad en que agentes de la seguridad y el orden son también agresores que hay que temer[8].  La paranoia colectiva viaja en bus[9], pero también nos sigue a casa[10].

Dos imágenes se repiten, tanto en los textos de realidad como en los creativos: la de un barco que se hunde y la de un brillo artificial, incapaz de iluminar verdaderamente la oscuridad. Es en torno a ellas que se construyen los textos de factura más elevada. En el primer caso, el ensayo de Fernando Recinos señala: “La violencia es hija de una lucha entre todos por estar tranquilos en un barco sin futuro, en un barco que se hunde, en un país que se hunde” [11], mientras que Vladimir Chanchán construye todo un poema en torno a dicha metáfora: “El sonido de un barco hundiéndose[12], cuyo cuidado lenguaje y elevado nivel de elaboración formal culmina en un resultado orgánico, haciéndonos sentir que asistimos al naufragio y al último aliento de quien naufraga con él.

El segundo caso se evidencia en un relato con giros de ciencia ficción, “Rejuvenecimiento artificial masivo”, de Michelle Zomart[13], y de manera particularmente penetrante en la crónica de David Montesinos “Tres entradas de un diario que no existe”[14]. Montesinos describe, con asombroso y agudo poder de síntesis, diversos microcosmos que a través de un recorrido de pocas horas por centros comerciales y calles de San Salvador revelan un denominador común: el (falso) brillo como paradigma de venta.

Futuros números de la revista se beneficiarían de una función editorial más aguda para “separar la paja del trigo”, valorar cuándo un verso preciso puede golpear de manera más contundente que un grito y velar por el carácter integral de los textos (más allá de imágenes potentes y fragmentos bien logrados). Sin embargo, es verdaderamente revelador que el nivel de cohesión temática y emotiva entre los textos que conforman el primer número de Karnaval permitan leerlo como uno solo: una misma narrativa sobre el mismo mundo enfermo y moribundo. El marcado tono de cinismo lúgubre con el que estos jóvenes escritores dan cuenta de los mil rostros que conforman el carnaval de la violencia, dejan entrever una rendija de luz: quien cuenta o canta sobre su muerte aún no ha muerto.

portada-karnaval

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Notas

[1] González, Daniuska. “CLAROSCURO”: Karnaval. 1 (2016): 58.

[2] Ávalos, Rodrigo. “CENTAVOS CON CUCARACHAS”: Karnaval. 1 (2016): 53-54.

[3] Olano, Miguel. “SEGUIR CAMINANDO”: Karnaval. 1 (2016): 63.

[4] Editorial: Karnaval. 1 (2016): 5.

[5] Rivera, René. “VENGANZA”: Karnaval. 1 (2016): 19.

[6] Cornejo, Mario. “VIOLENCIA: discurso, líneas de pensamiento, proceder y salida”: Karnaval. 1 (2016): 25

[7] Palomo, Jocelyn. “LA IRA”: Karnaval. 1 (2016): 40, 39.

[8] Rivas, Fabio. “QUITARSE la camisa”: Karnaval. 1 (2016): 47.

[9] Portillo, Andreas. “UNA HUMILDE PROPUESTA DE CÓMO recuperar el rumbo de nuestro país, salir de la pobreza y erradicar la violencia de una vez por todas”: Karnaval. 1 (2016): 12.

[10] Cornejo, Op. cit., p. 23

[11] Recinos, Fernando. “ALGUNOS DETALLES y cuestionamientos acerca de nuestra situación actual”: Karnaval. 1 (2016): 10.

[12] Chanchán, Vladimir. “EL SONIDO de un barco hundiéndose”: Karnaval. 1 (2016): 65-66.

[13] Zomart, Michelle. “REJUVENECIMIENTO artificial masivo”: Karnaval. 1 (2016): 103.

[14] Montesino, David. “TRES ENTRADAS de un diario que no existe”: Karnaval. 1 (2016): 34.

 


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RUTH GRÉGORI (El Salvador, 1975). Ensayista. Es graduada en Psicología y egresada de la Maestría en Estudios de Cultura Centroamericana opción Literatura de la Universidad de El Salvador. Su formación extra curricular abarca numerosos cursos y talleres en apreciación y práctica de distintas disciplinas artísticas: música, literatura, teatro, cine e historia del arte. Fue periodista en la sección cultural “El Ágora” del periódico virtual El Faro, responsable de comunicaciones e intercambio de conocimiento en el Programa de Seguridad Juvenil en Centroamérica de ICCO & Kerk in Actie (Países Bajos) y docente de Redacción en la Universidad Centroamericana de El Salvador (UCA). En los últimos años se ha desempeñado como consultora independiente en proyectos relacionados a la producción, sistematización y evaluación de textos escritos y audiovisuales. Sus colaboraciones para la revista cultural La Zebra incluyen los géneros de crónica, entrevista, ensayo y crítica de artes.

Foto de la autora: Guillo Martillhoz. Ilustraciones: portada y contraportada de la revista Karnaval 1.