Pilar Bolaños: “Recuerdos descalzos” (poesía)

Una de las primeras poetas salvadoreñas que expresó preocupaciones políticas y sociales en su poesía, empática y dulce.

Pilar Bolaños
La Zebra | #27 | Marzo 1, 2018

Romance de las tres niñas

Sobre la tierra tres niñas
mecen su talle de caña,
en la venas, sangre india,
en los ojos, luna clara.
Caracolitos morenos
los cinco dedos del pie,
mariposa en los talones
que vuela, y que no se ve.
Jugando roban del sol
su morena lozanía;
son un tríptico de amor
en diapasón de la vida.
La mano ahuecada es nido
de azucenas engreídas;
y las manzanas son pechos
del cálido mediodía.
Tres inquietudes morenas
que danzan sobre la tierra.
La gracia es como un anillo
besando talle y caderas.
Los pechos tan redonditos
como un cero tornasol.
Tres gracias en carne fina.
Tres niñas de El Salvador.

Costa Rica, 1946.
Repertorio Americano, 42 (14), 213.

Para cantarle a mi niño

Peregrinita del mundo
la luna con su blancura,
chiquirristico mi niño,
chiquita mi ternura.

Hay cien cuernos en el viento
con sus voces de cristal,
hay cien estrellitas blancas
que parecen de azahar.

El arroyo en la montaña
dormidito se quedó,
con sus cobijitas de agua
el pececito durmió.

Duérmase mi niño blanco,
blanco de espuma de mar,
entre mis brazos de india,
de india Nahua… y Quiché.

Repertorio Americano, 43 (16), 255.
San José de Costa Rica, 1948.

Barriada

La carne de las guitarras
llamó esta noche al pecado,
carne de mujer bañada
con vino sobre un mostrador.
En la esquina los faroles
critican al viejo invierno,
y en el taller los martillos,
sueñan descanso final.
A las puertas del mesón
el hambre parece perra.
El hambre parece perra
a las puertas del mesón,
donde una rueda de niños
mira la estrella en el charco
que se finge de turrón.

San José, Costa Rica, abril 23 del 43.
Repertorio Americano, 40 (10), 151.

Nostalgia de lo que no llega

¿Qué me cuenta la tarde extranjera
de distancias azules,
de recuerdos descalzos,
de pericos
—hojas verdes que arrancaron los vientos al amate dormido—
que bañan los cerros de gritos y risas?
¿Qué me cuenta la tarde del indio bronceado,
del paisaje enredado en el rancho,
del volcán adornado con plumas verdeantes
y del huérfano río que quiebra en las piedras su voz de limosnas?
¿Qué me cuenta el celaje de mi Cuscatlán,
del Ilopango artista
que ha olvidado los años
por desearse preñado de estrellas
y sentir en su vientre luminosas aletas en caricias de vidrio?
¿Qué me cuenta la tarde del suburbio con hambre,
del cipote palúdico,
de la obrera enfermiza,
de la abuela del barrio con cabeza de luna,
que hoy ya es margarita con sus rizos de canas?

Cada tarde espero una carta escrita en colores.
Espero noticias que no sean tristes,
que no de prisiones,
que no de hospitales.

Cada tarde espero leer la palabra.
Una sola palabra
que dé al indio su tierra;
que al obrero le pague la sangre exprimida en sudores;
que haga dueña del grano maduro
a la mano morena que con sangre bendijo el arado.

¿Qué me cuenta la tarde de esa palabra
que tiene lectores en cada mirada
y en cada silencio, plegaria y espera?

21-11-1943.
Repertorio Americano, 40 (7), 106.

Romance de los izalcos

Los ranchos acurrucados
están rumiando recuerdos,
hay huipiles y refajos
orando bajo los huertos.
Hay corazones pipiles,
madurando en los cafetos,
junto a los solares vive
una oración por los muertos.
Veinte mil indios cayeron
porque pidieron su pan,
quedó tapizado el suelo,
quedó abonado el volcán.
Gira mensajes secretos,
la rosa de sangre y fuego,
las luces de los luceros
son ojos de indios muertos.
Gira mensajes el cráter
con rosas de sangre y fuego,
adentro los muertos baten
sus amenazas sin miedo.
Pero corre por la senda
un olor a sangre y tierra,
en nahua hablan las piedras,
el aire recoge quejas.
“Indios del Izalco, hermanos,
hay sangre dentro del cráter,
hay hambre dentro del rancho,
la piedra es tierra con sangre.
Indios del Izalco, hermanos,
aguardad dentro del rancho,
que de tantos huesos blancos
va a nacer un nuevo canto”.
Cuscatlán tiene en su cielo
los ojos de los Izalcos,
el volcán siente en su seno
corrientes de sangre y calcio.
Por las noches una llama
gira mensajes secretos,
las milpas alzan espadas
para detener los vientos.

Costa Rica. Setiembre de 1943.
Repertorio Americano, 40 (18), 278.

 


PILAR BOLAÑOS (1923-1961). Poeta y narradora salvadoreña. Perseguida por sus ideas políticas en Costa Rica, donde residía con su esposo, el líder comunista Luis Carballo, se quitó la vida a los 38 años. No publicó libro, aunque su poesía y sus cuentos se pueden leer en Repertorio Americano de Costa Rica y en la revista Cultura de El Salvador, y en los suplementos culturales de La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy y el Diario Latino, todos de San Salvador. De ella escribió Claudia Lars: “Muerta en la plenitud de su vida, era talentosa, luchadora y fina. Escribió poesía, algunos cuentos, pero su obra y su recuerdo quedan fijados en sus convicciones ideológicas, su lucha por las reivindicaciones de los hombres y su empeño por lograr la plenitud de la libertad para nuestros pueblos”. También aparece publicada bajo estas variantes de su nombre: Pily Bolaños, Pilar Bolaños de Carballo y, como abogada y notaria, María del Pilar Bolaños.

Arte de J. W. Waterhouse: “La vendedora de flores”.