Pilar Bolaños: “El pájaro de fuego” (ficción)

Olvidada después de su suicidio en San José, en 1961, la poeta salvadoreña perseguida por las autoridades de Costa Rica, inició su carrera literaria con esta prosa poética.

Pilar Bolaños
La Zebra | #27 | Marzo 1, 2018

Como la novia sentada en el banco
con la ilusión del primer madrigal,
yo te veo vestida de blanco,
todos los días, en mi Escuela Normal.
Rafel Heliodoro Valle

No sé si fue sueño o realidad, pero tengo aún entre las manos la ardiente sensación del pájaro de fuego que aprisioné un instante en mi juventud.

Golpeaban mis sienes el calor y el bullicio de San Salvador. Atravesé sus calles y llegué al edificio de mi Escuela Normal España. Mi vestido era negro, no el uniforme blanco que recuerdo haber usado durante toda mi niñez y mi adolescencia. Pero si mi vestido era negro. mi espíritu era el mismo espíritu de colegiala alegre con que todas las mañanas se vestía mi alma para ella.

Entré por sus amplios corredores de mosaicos —negros y blancos— relucientes, donde se reflejaba siempre aquella fila de pilares que una y otra y otra vez yo contara en mi vida. Sus aulas abiertas y sus pupitres, para mí tan familiares, proyectaban ángulos de sombras que se extendían para recibirme. La sombra y la paz de sus aulas limpias me envolvieron. En esas aulas hice mis primeras prácticas de maestra.

Arribé al salón de actos, y el coro de mil voces abría brecha en el cielo entonando el himno de mi escuela normal. Pero ni el profesor… ni la inspectora… ni las caras de mis compañeras que llevo tan adentro del recuerdo: solamente las voces, como raíces invisibles de la tierra, llenaban el salón con la potencia de un órgano y atravesaban el espacio como un rayo luminoso, agregando sonido a la armonía celeste.

Por fin llegué a sus jardines. Era la tierra seca sin césped, sedienta. Sus arriates de piedra ponían un ribete grisáceo al café sediento de la tierra. Cuando entré en el jardín ya mis piernas no respondían a la emoción contemplativa que me envolvió al entrar; rápidamente, apresuradamente, con una sed enorme igual a la de aquella tierra atravesé y corrí entre los “crotones”. Esos árboles raros de tallo café con hojas matizadas de amarillo, rojo y verde. Esos árboles que parecen siempre envueltos en el aliento del otoño y cuyas hojas caídas ofrecen la más alegre alfombra a la tierra reseca, después de la lluvia. Y allí estaba el crotón preferido por mí, aquel que siempre amé en mi Escuela Normal, el del segundo arriate, partiendo del pilar de la campana. Estaba enorme y alto, frondoso, más rojo y más atractivo que nunca, más fuerte su tallo, más raro y más extraño. En su rama más alta una hermosísima flor roja se movía. Misteriosamente, ante el deseo de cortarla se alargó mi cuerpo, mis brazos se alargaron, mis manos y mis dedos. Ya la alcanzaba… Ya… por la alcancé.

La más rara flor, roja, roja, como la llama del bosque, y una vez entre mis manos tomó la forma de un pájaro de fuego. La apreté suavemente, quedamente; en mi pecho, otro pájaro de fuego sacudió sus alas. No sé qué rara coincidencia hizo que el viento llegara al jardín, y la flor, como una flecha ardiente escapó de mis manos…

No sé si fue sueño o realidad, pero tengo aún entre las manos, la sensación del pájaro de fuego que aprisioné un instante en mi Escuela Normal.

No sé si fue sueño o realidad, pero desde ese momento comprendí que mi corazón se formó allí, en sus aulas, en su jardín y se lanzó a la vida como el vibrante pájaro de fuego, con el deseo íntimo de comprender el dolor y la alegría humanas.

San José de Costa Rica.
Noviembre 2 de 1949.

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Pilar Bolaños en San José, Costa Rica, 1950. Colección La Zebra.

 


PILAR BOLAÑOS (1923-1961). Poeta y narradora salvadoreña. Perseguida por sus ideas políticas en Costa Rica, donde residía con su esposo, el líder comunista Luis Carballo, se quitó la vida a los 38 años. No publicó libro, aunque su poesía y sus cuentos se pueden leer en Repertorio Americano de Costa Rica y en la revista Cultura de El Salvador, y en los suplementos culturales de La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy y el Diario Latino, todos de San Salvador. De ella escribió Claudia Lars: “Muerta en la plenitud de su vida, era talentosa, luchadora y fina. Escribió poesía, algunos cuentos, pero su obra y su recuerdo quedan fijados en sus convicciones ideológicas, su lucha por las reivindicaciones de los hombres y su empeño por lograr la plenitud de la libertad para nuestros pueblos”. También aparece publicada bajo estas variantes de su nombre: Pily Bolaños, Pilar Bolaños de Carballo y, como abogada y notaria, María del Pilar Bolaños.

Arte de J. W. Waterhouse: “El alma de la rosa” (detalle).