Madeline Mendieta: “Quien que peca y reza, empata” (ficción)

Un mosaico de la Nicaragua de 1982: entre la revolución y la contrarrevolución, la verdad y la propaganda sobre la iglesia, y la inevitable pérdida de la ingenuidad histórica.

Madeline Mendieta
Arte de Fernando Llort
La Zebra |
#32 | Agosto 1, 2018

La escena estaba clara, el marido encontró al amante con los pantalones hechos una rosca, mientras Ximena, su mujer, le daba una frenética mamada. Agarró a su mujer de los pelos, la tiró contra el espejo de marco dorado y patas de león, el amante quiso vestirse cuando sintió el duro y frío metal en la nuca. ¡Te desnudas hijueputa! Eso es todo lo que sé.

La mañana bostezó con aliento fresco, extraño para esa época del año, la capital es calurosa en la canícula de agosto, pero ese día también quiso conspirar. En el dintel de la puerta, la oficial Isabel Ocampo, le daba pequeños sorbos a un pocillo humeante y con la mano izquierda sostenía el periódico, que para variar mostraba cifras escalofriantes de bajas en la zona de guerra, ella sabía por algunas fuentes que esos números no eran confiables. Eran momentos difíciles para el país, el gobierno había declarado estado de emergencia.

Las campanadas insistían en llamar a sus feligreses. En la misa de 6:00 am, se notaban más mujeres arropadas cubriendo sus cabezas con chales de encajes obscuros, los que también usaban para secarse las lágrimas, mientras desde el púlpito un monseñor impulsivo pronunciaba su homilía con un fuerte llamado para que la paz fuera el tema principal de la agenda nacional.

Oscar se levantó de un tirón de la cama, sabía que la tarea sería ardua y que debía cumplir al cien para ser un militante destacado. Mientras sacaba agua de un barril para bañarse, repasó mentalmente todo, dónde recoger las mantas, megáfono, la reunión previa con los compañeros claves para que la manifestación fuera exitosa. Cuando se metía la camiseta, sintió la mirada curiosa de la estampa del corazón de Jesús colgada de la pared. La mamá la había puesto allí para su protección, desde que Oscar conoció la frase “la religión es el opio de los pueblos” se declaró ateo, aunque esa mañana, sintió un pellizco mezquino del barbudo.

La redacción se agitaba con el golpeteo de las máquinas de escribir, las bocanadas salían espesas de los redactores quienes tenían que apurar sus notas para la entrega del día. Emboscadas, bajas, intervención yanquee, bloqueo económico, contras, eran las palabras claves que utilizaban para destacar el difícil entorno con el cual tenían que lidiar. Sensacionalismo y nota roja política. No cabía tinta de cuestionamiento con los editores, quienes estaban muy comprometidos con la causa, al fin y al cabo, eran la voz del pueblo, por tanto, de la revolución. Andrés, tecleaba con calma, pero entre párrafo y párrafo sus ojos se detenían en el teléfono, esperaba la confirmación de una fuente.

A primera hora de la mañana Mr. Quinn, Embajador de Estados Unidos en el país, recibía de la oficina de relaciones públicas, un monitoreo de prensa. Mientras tomaba el desayuno, leía con vehemencia el reporte que los oficiales de prensa preparaban. Las noticias no eran alentadoras, daba la impresión que estaba en dos países distintos. Por un lado, los diarios oficialistas resplandecían los reportajes y notas grandilocuentes de los logros revolucionarios, por el otro los medios opositores denunciaban un sin número de vejámenes, atropellos y violaciones a la libertad de expresión, derechos humanos, los cuales coincidían con las investigaciones, entrevistas que con sumo cuidado del departamento de inteligencia interna realizaban con los sectores más vulnerables y atacados, entre ellos la iglesia católica.

Ximena, apuró un cigarro, se metió al baño, tomó una ligera ducha, cepilló sus dientes, hizo varias gárgaras con el enjuague bucal, se detuvo a maquillarse y se perfumó el cuerpo en sus zonas erógenas, pecho, detrás de las orejas, nuca, antebrazos. Salió apresurada, la última campanada le anunciaba su tardanza a la misa, esta mañana no podía fallar a tomar la comunión. Lucía un vestido de manta traslucido que mostraba sus piernas torneadas y placenteras. Las miradas fisgonas de las beatas consuetudinarias desaprobaron la belleza de la voluptuosa morena que carismática se ganó la confianza de Monseñor en un abrir y cerrar de ojos. Las ofrendas eran muy evidentes y suntuosas en oposición a la trágica escasez con la que debían sortear las otras amas de casas. Parecía que el bloqueo económico pasaba de lejos por su casa, los regalos y generosas contribuciones se acompañaban del trabajo de beneficencia, visita de enfermos en los hospitales, ofreciendo desayunos para niños mocosos y timbucos. Esa sería la última vez que la vieron entrar a la capilla.

La palanca de cambio metió primera, el embrague sonó brusco y el pie de Emiliano apretó el acelerador despacio. El carro Lada rojo, con número de placa MQ36290 salió rumbo norte para tomar la avenida Bolívar. Eran las 7:30 de la mañana, lo esperaba una reunión puntual. Ese era el día elegido. La radio vociferaba las noticias y Emiliano se llevó el pulgar a la boca mordisqueándolo en las comisuras de la uña, un mal hábito que hacía a escondidas, pero en su trabajo como escolta militar, no titubeaba ni un gramo. Ingresó al ejército muy jovencito se ganó el respeto protegiendo al capitán Omar Leal, durante una emboscada en la zona norte del país. Al capitán lo retiraron del frente de guerra porque necesitaban de su experiencia en la contrainteligencia, debía dirigir un grupo élite que seguía los pasos de cierto grupo opositor. Emiliano, fiel a su jefe, lo siguió hasta la capital.

El gobierno decretó estado de emergencia. La contrarrevolución arremetía con ofensivas en la frontera norte y la situación económica no permitía que se gozara de tranquilidad, la luna de miel revolucionaria había terminado. Una primera fisura que se convirtió luego en una profunda herida fue la cancelación de la misa televisada los días domingos. Este tipo de servicio tradicional contrarrestaba las nuevas prácticas de la teología de la liberación, donde el prójimo era el centro del ritual y no el sacerdote como se acostumbraba. El estribillo del “Vos sos el Dios de los pobres” no coincidía con ese hálito de rancia burguesía que expelían las capillas de algunos curas con sus sotanas blancas cubierta de adornos dorados. Las misas campesinas se celebraban al aíre libre, los feligreses comentaban la palabra y la comunión se hacía con tortilla o pan corriente.  La iglesia católica a través de su radio emitía fuertes señalamientos de violación a los derechos humanos, libertad de culto y atropellos con las comunidades indígenas del Caribe en un operativo que bautizaron Navidad Negra.

* * *

Benjamín Corrales, llegó a ser Monseñor y director de la radio Cristiana. Su voz fuerte y bien timbrada le proporcionaba la seguridad que se requiere para cargar con la misión de ser el vocero de los comunicados de la Arquidiócesis, el clero y el Santo Padre desde el Vaticano. Monseñor Corrales, era de procedencia humilde, de facciones aindiadas, pelo lacio y negro que caía en un pequeño flequillo sobre la frente, ojos saltones, cara amplia con pómulos prominentes, complexión recia, estatura media. De ademanes educados, tenía un atractivo de bondad, serenidad. Tenía unos aproximados 35 años, ingresó muy joven al seminario y por su destacado compromiso, gestión y singular carisma logró ser nombrado Monseñor.

El Departamento de Seguridad Gubernamental, conocido por sus siglas como DSG, llevaba más de 8 meses en un operativo llamado “ojo al cristo”, en el cual vigilaban, documentaban con fotografías, recopilaban cartas episcopales, los movimientos de algunos sacerdotes claves que soltaban enérgicas diatribas que atentaban con la ideología que el nuevo sistema quería implementar. Por tanto, se formó un departamento de “Diversionismo Ideológico” a cargo de la funcionaria Samper quien era el contacto de la Stasi para el país.  Este departamento se subdividía en varios grupos. El G1: Operaciones, a cargo del capitán Omar Leal, G4: Orientación ideológica, Saúl Woo, G8: Orientación de Masas: lo dirigía el teniente Arancibia.

La casa número 315 de la Calle de los Mangos, ubicada en un barrio que alberga varias embajadas, sería testigo del desenlace de la operación “ojo al cristo”, la cual tuvo un éxito mediático y decisivo según el memorando enviado y firmado por el Sr. Woo. El día 12 de agosto, a eso de las 9:30 am, el G1 grabó del número telefónico 775241 la siguiente conversación: ¡Aló! ¿Padre Benjamín? me gustaría invitarlo a almorzar, para que conversemos, es que tengo problemas con mi marido. Sí, si ya sé que no le dije hoy que nos vimos en misa, pero cuando regresé tuvimos una discusión y creo que usted me puede aconsejar. Claro, mejor personalmente. ¡Lo espero! Una vez concluida la llamada de las oficinas del G8 y G1: varios agentes telefonearon a personas muy puntuales: ¡Compañero! Hormiga caerá en Los mangos, 1:00 pm. ¡Correcto!

El carro Lada rojo, con número de placa MQ36290, se detuvo a dos cuadras sur de la casa 315. Bajó un hombre y caminó con tranquilidad hacia la puerta. Ximena, entreabrió y lo dejó pasar. El reloj marcó las 11:30 am. Dentro del vehículo permanecieron dos hombres que esperaban una señal.

El ring ring sacudió a Andrés Castañeda de la silla, tomó con rapidez el auricular y escuchó una voz familiar: ¡Oye Loco, hay una fiesta muy buena hoy en la Calle los Mangos, te esperamos! Andrés, mientras tomaba nota preguntó: ¿hora? 1:00 pm. ¿Algo que deba llevar? ¿Cervezas? La Cámara, loco, vos sos bueno en eso. Dale, no hay falla. Colgó, tomó sus cosas y salió rumbo al estacionamiento.

La manifestación salió de la casa comunal, ubicada en el barrio San Judas eran unos 100 voluntarios que fueron citados a las 9:00 am. Oscar Medal en su papel de proselitista de masas, les informó lo siguiente: Compañeros, en este momento el país enfrenta una difícil situación, sabemos que algunas embajadas acreditadas en nuestro país todavía esconden a algunos esbirros de la GN y otros altos funcionarios de la Dictadura quienes son enemigos de nuestro pueblo, mataron y torturaron a nuestros compañeros de lucha, difunden mentiras a los pueblos hermanos para desacreditar esta revolución que nos ha costado tanto, no podemos dejar que los asesinos del pueblo sigan amparados por embajadas porque eso es injerencia y como dijo nuestro precursor: !La soberanía de un pueblo no se discute, se defiende con las armas en la mano! Entonces Compañeros, nuestra protesta es válida y es el pueblo que piden sean expulsados los orejas y esbirros. ¡Hasta la victoria, siempre!

Isabel Ocampo, repitió su ubicación a tres cuadras al este donde estaba una patrulla policial que acompañaba una manifestación que, en sus pancartas y gritos, exigían a las embajadas aledañas que entregaran a los enemigos de la revolución que todavía se asilaban en las mismas. Con su radio en mano, seguía las robóticas instrucciones de su jefe, pese a las eufóricas consignas, todo pasaba en relativa calma. De repente, la oficial Ocampo escuchó 3 detonaciones, dos fueron al aire.

Los periodistas bajaron del vehículo a dos cuadras oeste del sitio señalado. Andrés se movió varias veces para tener un ángulo preciso para el encuadre de la fotografía.  El canal estatal, tenía una unidad móvil al norte y los camarógrafos hacían tomas para hacer la prueba de transmisión de la manifestación que pedía a las embajadas que entregaran a los ex GN. Esta fiesta es más grande de lo que imaginé, reflexionó Andrés, mientras daba un jalón al cigarrillo sin filtro y una mueca asomó a la comisura de su labio inferior. Intercambió mirada con otro reportero gráfico que bajó del carrito de una moto MZ, de origen alemán. ¡Oe! Quiubo! Cómo está la nota por aquí, saludó el muchacho de pelo largo atado a una cola en la nuca. Aquí, dijo el veterano Andrés, poniendo el lente en la mira. Impávidos, escucharon 3 disparos.

Al ruido de las detonaciones, la manifestación aceleró el paso, algunos se parapetaron detrás de los árboles, otros eufóricos corrieron para averiguar qué había pasado, Oscar, en compañía de Fito, Manuel, Rita aventajaron a la marcha y directamente se ubicaron frente a la casa 315. Oscar, señaló a sus compañeros que entraría. En la puerta lo que observó fue a una agente policial mediando con un hombre y una mujer desnudos, él reconoció de inmediato al personaje que humillado se tapaba los genitales. De una habitación, salió Emiliano vociferando que mataría a todos, encarnando su papel como víctima de traición. El walkie talkie, repicó: ¡Aquí Águila 7! Reporte posición, cambio. ¡Aquí colibrí 1! Tengo un 10.33, requiero 10.34 en la 315. Cambio. ¡Colibrí 1! Deme un 10.09! Cambio. ¡Tengo un 10.33, requiero 10.34 en la 315! Cambio. ¡Copiado, Colibrí 1! 10.10. ¡Cambio y fuera!

Oscar se acercó a Emiliano y le gritó: ¡Compañero Calmado! la oficial Ocampo levantó a la mujer que lloriqueaba en el piso y tres oficiales penetraron en la casa. Emiliano, de inmediato se dirigió al agente que evidenciaba sus rangos marcados en la camisa: Encontré a este hombre encima de mi mujer. La mujer se cubrió con una toalla que la oficial Isabel Ocampo pudo sacar del cuarto de baño. El hombre desnudo sintió alivio cuando vio el refuerzo policial y suplicante exclamó: ¡Señores, yo soy víctima de una trampa, me engañaron, dos hombres me golpearon y este señor me obligó a desnudarme, aquí no ha pasado nada! La mujer histérica empezó a gritar: ¡Me violó, este hombre me violó! ¡Lo dejé entrar porque es sacerdote, pero él me obligó! ¡Si no ha sido por mi marido, todavía me estuviera violando! El griterío no se hizo esperar. Los oficiales sacaron a empujones al acusado. La oficial Ocampo se interpuso al capitán a cargo y le reclamó: ¡Al menos déjelo que se vista! Éste espetó: Así nos lo llevamos. Mientras lo montaban a la patrulla, Rita, Fito y Manuel con la mirada interrogaron a Oscar, con movimiento sereno de la cabeza les dio la señal. Los cuatro empezaron a berrear: ¡violador, degenerado! los manifestantes de inmediato cambiaron sus consignas. Los flashes no desaprovecharon el momento y el canal oficial de tv tenía recursos visuales para la exclusiva del noticiero nocturno.

Viernes 13 de agosto. Telegrama 3730 URGENTE. SACERDOTE GOLPEADO, DESNUDADO Y ARRESTADO. Mr. Quinn envió este cable a primera hora de la mañana a las oficinas del Departamento de Estado, sub división para América Latina en Washington D.C.  Después de hacer algunas llamadas a la curia Arzobispal, su secretario Mr. Johnson le confirmó que Monseñor estaba detenido en una estación de policía acusado de un triángulo amoroso. Mr. Quinn pidió un vehículo para trasladarse personalmente y entrevistarse con el Arzobispo capitalino.

Viernes 13 de agosto. Telegrama 3765: “Gobierno levanta censura, los sistemas estatales muestran al padre desnudo. Mucha gente estaba asustada y repudió que los medios publicaran fotos de un sacerdote desnudo. Algunos, sin duda alguna, creerán las alegaciones contra el padre; otros, reconocerán que no fue una mera coincidencia que la Policía, una multitud de manifestantes y reporteros, simplemente pasaban por ahí cuando el padre Corrales fue asaltado y obligado a desnudarse a punta de pistola”. Este fue el segundo cable enviado al constatar que Monseñor lo liberaran después de una ardua negociación con el Nuncio Papal autorizado en el país. Mr. Quinn estaba preocupado, su experiencia le decía que era el inicio de un conflicto que se extendería por más tiempo.

Alberto Berrios, se encontró en un pasillo de la DSG con la funcionaria Samper quien cargaba los diarios, carpeta y un folder de manila, supuso que dentro tenía las fotografías del sacerdote que Castañeda había filtrado. Pero no fueron las únicas. Alberto se reunió la noche del suceso con el reportero a eso de las 10:00 pm detrás de la antigua Catedral capitalina. Alberto apagó las luces de su vehículo y se estacionó cercano a las ruinas del edificio Cerna. De un viejo Mazda color café, bajó un cuarentón con chaqueta desgastada y gorra militar. Subió al carro, abrió el zipper y sacó un folder con las fotografías recién reveladas. ¿Estuvo buena la fiesta, ¿verdad?, preguntó Alberto. Se pondrá mejor confirmó Andrés.

La población cristiana entró en una crisis de pánico. Los medios de comunicación estatales mostraron a Monseñor involucrado en un triángulo amoroso. La iglesia, todavía no emitía comunicado alguno, pero por los medios de oposición señalaban que todo era un montaje para desprestigiar al sacerdote y asestarle un golpe bajo al catolicismo. El diario oficial emitió un editorial que en su parte medular dijo:

“Somos un periódico enfocado en la verdad y la ética. La ética profesional cultivada a lo largo de 3 años de esforzado trabajo revolucionario, nos ha armado de valor y madurez para trabajar la noticia y orientar al pueblo. Con el fin de no dar lugar a las usuales malas interpretaciones o acciones que con pretextos tratan de justificar los problemas religiosos, desmantelando la mentira que Corrales pretendía convertir en su tabla de salvación, da por concluida o el caso.

¡Que sea correctamente entendida esta decisión! Tenemos la suficiente fortaleza periodística y moral para desenmascarar con contundencia las intrigas y mentiras que se pudieran tejer.”

Tomado de Diario LA BARRIADA SÁBADO 14 DE AGOSTO DE 1982

La oficial Isabel Ocampo fue llamada a la oficina de investigación interna. Estaba presente el Teniente Arancibia, el oficial Ismael Narváez, jefe de la patrulla que vigilaba la manifestación y el Capitán Alberto Berrios. Ella narró lo siguiente: el marido encontró al amante con los pantalones hechos una rosca, mientras Ximena, su mujer, le daba una frenética mamada. Agarró a su mujer de los pelos, la tiró contra el espejo de marco dorado y patas de león, el amante quiso vestirse cuando sintió el duro y frío metal en la nuca. ¡Te desnudas hijueputa! eso es todo lo que sé, teniente.

El Teniente Arancibia intervino con voz enfática. ¡Compañera! No vamos a admitir ese vocabulario en nuestro cuerpo policial. Necesito un informe por escrito que detalle su ubicación, hora, señal de alerta. Oficial Narváez, también quiero su reporte y un memorando de llamado de atención para Ocampo por obstrucción de captura de un violador y contradecir a un oficial de mayor rango. Tendrá una sanción de 3 días sin goce de sueldo.

Diez meses después de ese 12 de agosto, Ximena Fortín esperaba que arribara el vuelo 727 de Copa proveniente de Tegucigalpa. Al encontrarse se dieron un apurado beso y ella se apretó a la cintura de él. Tomaron un taxi que los llevaría al Hotel Biltmore de Miami. El cargaba un maletín enganchado a una cadena que simulaba una especie de leontina, en el interior contenía un sobre de manila con fotografías, memorándum, informes, cintas de audio y video que fueron extraídos de la caja fuerte de la habitación de la funcionaria Samper.

Alberto Berrios, ahora desertor de la DSG, entró a la cafetería y se dio un apretón de manos con Mr. Quinn, agregado de inteligencia para asuntos de América Latina, y con el cubanoamericano Jorge Mas Canosa.

 


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MADELINE MENDIETA (Managua, 1972). Escritora nicaraguense, licenciada en Literatura por la UNAN. Su poesía, que ha sido traducida al inglés, alemán y portugués, apareció reunida en libro por primera vez en una edición bilingüe, español e inglés, publicada bajo el título Inocente lengua (2007), con una introducción y traducciones de Rick McCallister. Su obra aparece en varias antologías, incluyendo Mujer Rota (2008), en homenaje a Simone de Beauvior. Ha experimentado el performance en proyectos como CMR Project: La puesta en el sepulcro y Marilyn Project: ser rubia no es tan cool. Escribe en su blog:
http://lagatatejadodezinc.blogspot.com/