Ítalo López Vallecillos: “Tentado por un ángel” (poesía)

Poemas de palabra tersa, de un escritor recordado por su generosa y amplísima labor como editor de EDUCA, en Costa Rica.

Ítalo López Vallecillos
La Zebra | # 44 | Agosto 1, 2019

Sólo me quedas tú

I

Sólo me quedas tú,
hoja desnuda, música sin alas,
tú y las últimas llamas del verano
buscándome desde la niebla,
desde la soledad definitiva
de las cosas.

Estás ahí parada
a la vuelta de la próxima palabra,
me sigues los pasos,
hurgas mis papeles:
leal, siempre leal,
segura muerte
que cerrará mis párpados de lluvia.

Sólo me quedas tú,
centinela sin odio,
tú y tu silencio inmemorial
brotando en los sonidos
y perdiéndote más allá de la nieve
de las manos.
Tú y tu sonrisa
hecha pedazos al amanecer,
cuando los niños dicen de memoria
la primera lección
y los pájaros ensayan sus trapecios de color.

Sólo me quedas tú, golondrina,
flecha sin arco y sin hondero.
Tú, el abrazo desnudo
en el silencio de la noche.

II

Te irás, lo sé.
Te irás cuando yo parta
y sobre la huella de los días,
niños de asombro
leerán tus sílabas de amor,
el silencio de lágrima,
la llama primordial de la esperanza.

III

Volverás a ser de nuevo tú,
la única y exacta,
centinela sin odio,
sin bandera ni escudo.

Navidad, 1957.

Corazón, te pareces a las grandes ciudades

Corazón,
te pareces a las grandes ciudades.
En ti viven hombres soberbios y terribles.
Sobre tus altas torres de silencio
dejan su protesta.
Nada les detiene. A veces huyen a sus habitaciones
y se esconden de la noche. Acaso tiemblan
su miedo, su hambre o su miseria.

Luego surgen violentos y desgarran el día.
Caminan por calles amplias
y se paran a ver las vitrinas. Compran
un anillo, una flor, un libro y se lo dan a la novia.

Esperan. Yo no sé qué esperan.
Van de casa en casa, de palabra en palabra.

Ansiosos miran sus relojes. Les divierte
el cine y abrazan a la multitud cuando el The End
pone sus puntos suspensivos.

Están ahí, lo saben. Van a la oficina,
miden su odio, pesan su amor, escriben su tedio
y esperan.

Sonríen, claro. Sonríen. A ratos
—hay que decirlo—
son felices. Reciben una carta
y el amor les llega por correo.
Inventan una canción y la dicen por la casa.
Cuando alguien les descubre, la guardan,
la esconden entre las camisas nuevas.
No lloran. Miran caer la lluvia y les basta.

Mueren un día. No importa,
han muerto muchas veces. Alguien va al entierro,
deposita unas flores.
Un amigo dice una oración,
echa tierra al viento:
“era bueno”, “ayer le vi”, “hacía versos”
y se murió de solo.

La muerte tiene cerrado un ojo, el otro abierto.
Y es grande esta ciudad, corazón,
como tú que te pareces a ella.

Octubre 54/Noviembre 60.

Visita

Vino. Dejó en el escritorio
un caracol. Y ahora el mar
anda suelto en mis papeles.
Todo se ha vuelto espuma,
sol, cielo y yodo. Arena
la palabra. Y el pensamiento
un breve rumor,
una canción, agua que va
y viene, sin límites,
ni acantilado cierto.

Todo por Silvia,
que trajo el caracol.

Arriba, abajo

Arriba, lejos de mis pies
las nubes errabundas. Oculto el sol
tras días de apacible espera.
Lluvioso el corazón arrepentido
y, dura, inexpresable la palabra.

Abajo, aquí la tierra, el sustento
de todo lo que pienso. La realidad
que sostiene la poesía.

Y entre las nubes y el polvo
que camino, yo,
el solitario,
el hombre de la duda,
sin Dios,
apenas equipado con unas cuantas
lágrimas
y la breve sonrisa de estar seguro
de lo incierto,
del viento que arrastrará un día
lo que pude tener y nunca tuve.

Arriba, abajo,
todo el milagro de vivir
desesperadamente.

Tentado por un ángel

Leí el texto de las prohibiciones. Y apareciste
de pronto desnuda en el espejo,
llamándome desde una recámara en penumbra.
Sentí que el día era distinto. Me arrastraban vientos
conmovidos. Soles de espuma navegaban a la deriva.
Quise leer de nuevo las escrituras y no pude.
Había roto los pactos de antigua tradición
y tú ya no estabas.
Y tal es ahora el enigma, que no sé si fuiste mía
o si sólo fui tentado por un ángel transparente y puro.

Junio 24, 1981.

 


Ítalo_López_Vallecillos

ÍTALO LÓPEZ VALLECILLOS (El Salvador, 1932-México, 1986). Poeta e historiador, fue, además, un legendario editor salvadoreño que dejó su huella en la editorial de la Universidad de El Salvador (Editorial UES), en la editorial de la Universidad Centroamericana de El Salvador (UCA); y en la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA). En vida fue reconocido como poeta: Biografía de un hombre triste (poesía, Madrid, 1954); Imágenes sobre el otoño (San Salvador, 1962); Puro asombro (poesía, San Salvador, 1970); e Inventario de soledad (poesía, San Salvador, 1977). También realizó contribuciones importantes a la historiografía de El Salvador: El periodismo en El Salvador (ensayo histórico, San Salvador, 1964); y Gerardo Barrios y su tiempo (ensayo histórico, 1965). También escribió cuento, nunca reunido en libro, y teatro: Burudi Sur (teatro, San Salvador, 1965).

Arte: detalle del óleo de Abbott Handerson Thayer: “Ángel”, colección del Smithsonian.