José María Cuéllar: “El quetzal” (poesía)

Poemas célebres e inéditos de uno de los autores salvadoreños más accesibles del período antes de la guerra civil en los ochentas.

José María Cuéllar
La Zebra | # 50 | Febrero 1, 2020

Acabo de partir de mí mismo

no soi chema cuellar
ny soi amigo de nadie
ny tuve una abuela paralítica
ny soi poeta
ny ciudadano
ny nada
me vale un pyto que nadie se acuerde de my
me llevo a san salvador en el volsillo
i hablo con gentes
que no se conocen
ni me conocen
no importa si una puerta se cierra en nicaragua
si una muchacha se declara en santiago
sy una paloma vuela por el yan-sé
si el mejor libro se está escribiendo en lima
no me importa
estoi vacío
solitario como un abrigo de invierno

Elegía

Fragmentos

II

Floté nueve meses en el vientre de mi madre; apenas abrí
los ojos me los vieron azules.
Con el tiempo serían tal como son.
El abuelo se internó en las montañas buscando el copalchí
para la leche y el amuleto para el mal de ojo.
Las cuentecitas rojas me las pusieron en la muñeca con un cordoncito azul,
y ahumaron la esquina oeste de la casa para darme larga vida.
Me ungieron de ajos y tabaco la memoria,
para evitar alucinaciones de coleópteros y ardores en la piel
y me chuparon por la boca los malos espíritus.
Cuando pasó el cadejo un viernes en la noche
y asomó su hociquito de cabra por la puerta, ya me habían salido cuatro dientes.

XII

Mi infancia se llenó de coleópteros, puertas entornadas,
y canciones de María Grever.
De fantasmas de todos los siglos.
Ojos hacían falta para verlos en la oscuridad de los balcones
o en la soledad interior de los armarios.
Espantapájaros y huevos de culebra reventaron en mis manos
como gárgolas o flores agridulces.
Luego pasé de la dicha a la costumbre y con una de las mejores
armas le di muerte al encanto.
Le pegué al pasado con la furia de una máscara de barro,
sellé puertas y miedos y me fui con la cara de regreso,
con las manos volteadas hacia la oscuridad y el recuerdo.

1932

Para siempre el recuerdo de la carne agujereada y la tierra llena de moscas.
De gente colgada en los postes del telégrafo y amontonados
a la orilla de la carretera como animales.
Para siempre el recuerdo de cuchillos pegados a la cintura
de los hombres, de la muerte que ronda en el secreto de las aves
migratorias y desciende a la techumbre ennegrecida de los ranchos
de paja como una paloma de San Juan;
esparciendo su voz como guante de hierro de un caballero
antiguo; sobre las costillas o el fémur de todos estos muchachos
muertos de hambre que se levantaron en 1932;
que apagaron las cocinas en la vieja heredad y subieron
a las ciudades para encender todas las luces.
Para siempre el recuerdo de esos viejos, de esas mujeres,
de esos niños, que murieron con un ramo de tierra entre los labios…

El quetzal

Amo tu piel de rumorosos bosques.
Amo tu altivez de esmeralda en el hombro del guerrero.
Amo tu vuelo de leyenda, tu plumaje de savia.
Todo amo de ti, ave sagrada de los grandes labradores de la piedra.
Como brasa nupcial,
como lumbre de jadeíta desatada en las venas del aire.
Como flecha en el dormido corazón de la tierra,
se apaga tu verde, fecundador de los ríos y la fuerza de los dioses.
Ave grabada en el duro rostro de los templos,
en su noche de claros enjambres de dinteles y flautas.
Ave hermana del maíz y la víbora,
tu mineral ausencia golpea mi silencio.
Poco a poco se va quedando sola la madera…
Poco a poco se va quedando solo mi corazón.

Cuando la tarde se vuelve primitiva

Me asomo a tus patios antiguos
donde inició Rubén su fuga de quince años.
Me asomo a las montañas de Segovia
donde ha quedado erguida la luz del Universo.
Me asomo al filo estelar de los tejados,
a la música antigua de tus calles,
a la sangrante noche de tu historia.
(Me duele la voz de los que fueron
y los que quedan ausentes en la sombra).
La chorotega angustia se hace flor de locura,
que visita los templos
cuando la tarde se vuelve primitiva.
Nace Alfonso Cortez en las calles de Managua,
en los dinteles donde la noche tiene muchos siglos.
Nace su flor doliente
que yace aprisionada en los linderos de los manicomios.
Pero una herida más se abre en la tierra
para dar sepultura a Joaquín Pasos:
el que odia la guerra como un niño…
(Me duele la voz de los que fueron
y los que quedan ausentes en la sombra…)

La muerta

Tus cabellos son líquenes rojos del silencio,
el sol no llega a ellos
porque el niño lo lleva entre los labios.
Humedad de tu cuerpo
tendido como cruz sobre la tierra.
No alcanzaron tus senos a fecundar el alba.
No alimentó al futuro su nebulosa piedra.
Las pupilas sin peces y sin algas,
con el tejido negro y silencioso,
perdieron su retorno
para vagar cansadas las márgenes del llanto.
Mariposas azules se alzan de tus huesos;
son rituales enviados
por la materia enferma de tu ausencia.
Invades mi recuerdo con tu franela antigua,
y tus pasos de viajera distante.
Te espero por las tardes,
y te siento llegar con un rumor de espadas en el aire.
Me duelen tus ojos
que se quedan tan solos cuando llega el invierno.
El frío de tus manos luminosas de muerte,
desesperadas lámparas de calcio,
que olvidó la primavera encender en su costado.

Pueblo

Este pequeño pueblo rendido de nostalgia
incorporado de amor a los balcones
donde hiere la voz de todas las distancias.

Este pequeño pueblo con sus espectros blancos,
con sus juguetes viejos,
y sus dinteles hijos de la niebla.

Este pequeño pueblo de mis dulces hermanas,
del color de los bueyes que humedecen la sombra,
de la vejez azul de los portales.

Este pequeño pueblo de aires silvestres,
con sus aldabas viudas,
y las encrucijadas de las carretas brujas.

 


JOSÉ MARÍA CUÉLLAR (1942-1980). Poeta salvadoreño y maestro de educación básica. Quedó fijo en la literatura salvadoreña como un moderno “poeta de pueblo” creada por Crónicas de infancia, su más conocido libro, publicado en 1971. Pero además de su otra poesía, muy urbana —reunida en los libros Diario de un delincuente (1976), La cueva (1979) y Los poemas mortales (1974)—, incursionó en el ensayo, la narrativa y la dramaturgia. Una gran parte de su trabajo literario quedó inédito. En 2016 la Editorial Universitaria de El Salvador publicó su Poesía reunida.