Irma Lanzas: “Canto a la gestación” (poesía)

En homenaje a la memoria de una poeta salvadoreña fallecida el 9 de julio de 2020, publicamos estos poemas místicos y profanos.

Irma Lanzas
Selección de Jorge Ávalos
La Zebra | # 55 | Julio 9, 2020

Canto a la gestación

Era tu seno, Madre…
Sumergida en tu tiempo
la sustancia inicial de mi semilla
iba abriendo un latido,
germinaba en tu pulso,
en el musgo tranquilo de tu entraña
dormitaba mi música incipiente,
mi voz de semiluna.
Era la suavidad de un mundo intacto,
de su insondable reino.
En tu esfera frutal brotaba el sueño
de mi primer raíz
y ahí sentía el transcurrir silente
de tus ríos internos,
el agitado paso de las horas
que alzaban su marea,
el entreabrirse lento y sigiloso
de invioladas corolas.
Allí mi polen claro respiraba
tu clima vegetal,
mientras jugos nutricios recorrían
mis diminutos tallos.
Era todo tranquilo…
blanda prisión, atmósfera serena,
palpitación de albúmina sensible
que recogía en ignorados cielos
su alta conjugación de mar y estrella.
Después…
el desgarrarse de tu barro,
la floración de tu dolor que alzaba
su estalactita sorda, interminable,
mientras tu hoguera triste desbordaba
llantos insospechados.
Era tu inmensidad de campo fértil,
tu surco amable en conjunción suprema
que iba rasgando su ondulante ritmo
para entregar mi brote
al mundo de la luz…

Poetas jóvenes de El Salvador, 1960,
José Roberto Cea, editor.

Van los niños descalzos

Bajo las golondrinas van los niños descalzos:
Son un presagio breve en medio de la tarde.
Alto camino de olas se pierde en el espacio,
hay un rastro de sombra…
Despedazando el viento van los niños descalzos,
(Cómo pesa la tarde,
y cómo pesa el frío
de esos pies).
Posiblemente cerca esté ardiendo un crepúsculo,
pero no puede verse,
porque sobre los párpados
se agolpan las miradas oscuras de los niños,
con su carga de sales,
con su cristal quebrado,
y el contacto ardoroso de su llanto encendido.
Arriba crece el canto de todas las bandadas,
pero no puede asirse,
porque sobre las manos
se sienten muchas manos que van hacia la tierra.
Son dedos de los niños con afán de raíces,
es el barro sombrío,
lo gris, lo silencioso,
lo que aprisiona el miedo,
caracolas alzando mareas de tristeza.
Bajo las golondrinas corre un tropel de voces,
y de manos heridas, y de pies sobre el lodo.
Van los niños descalzos…
¡Ah, tambor por qué suenas!
Van los niños descalzos…
¡Ah, clarín por qué cantas!
¿Por qué pregonan gloria, por qué hablan de futuro?
Por los niños descalzos,
por los niños desnudos,
no veo la mañana ni puedo oír la aurora.
Cuando no hay esperanza se ha perdido el camino,
cuando un pueblo desangra las bocas de los niños
mancha sus propias huellas
y mata su destino.
Van los niños descalzos…
¡Cómo tiembla el sendero!
Van regando la sombra con su alquimia de juegos.
Arriba pasan siempre las mismas golondrinas,
no hay un pájaro nuevo que nos anuncie el alba,
y allí sobre la tierra donde pasan los niños
sólo queda,
tendida,
la cicatriz del día.

Deja que crezca el fuego

Toda carne es hierba,
y toda su gloria como flor de campo.

Isaías 40:6

Deja que crezca el fuego aquí en la frente
y que sobre este polvo del camino
siga su andar la planta penitente.

Aquí estuvo y pasó lo peregrino.
En todas estas cosas puede verse
que unas son levadura y otras, vino.

Si ahora mi mosto empieza a removerse
deja que vibre mi canción de hierba
y arda un instante lo que va a perderse.

Mientras lo grande su quietud conserva
que alce la brizna su temblor creciente
y acoja a la belleza que la enerva.

Mientras la pulsación esté latente
que abra la flor su gloria pasajera
y no se vuelva muda la simiente.

Deja que el tiempo se deslice y pase,
aunque con su guijarro abra una herida,
que nos espere todo lo que yace
y que siga quemándonos la vida.

Juan Bobo

Este era Juan Bobo
cabeza de nuez
canillas de trapo
y ojos al revés,
risa de pepeto,
nariz de pichel,
pelo de mazorca,
cuerpo de tonel.

Vivía en el pueblo
de Zonda Maronda,
le gustaba mucho
jugar a la ronda,
se pasaba el día
junto a la cocina
en busca de alguna
buena golosina.

Una vez Juan Bobo,
en noche de luna,
vio un bombón de leche
sobre la laguna,
¡ah!, y antes que otro
lo pudiera ver,
su precioso hallazgo
quiso ir a coger.

Y este era Juan Bobo
que en una laguna
se fue porque quiso
comerse la luna.

Me has seducido

Me has seducido Yahvé
Y me dejé seducir por ti.

Jeremías 20:7

Llegaste cuidadoso amado amante
buscando mi cristal adormecido.
Tu fuego aunque era loco y trepidante
llegó como un susurro hasta mi oído.

Fue música tu voz que rumorosa
vibró en todo mi ser como campana.
Me derretí en tu entraña luminosa
cual gota de rocío en la mañana.

Me hallaste en soledad, nido deshecho,
sutil te me entregaste en un murmullo
y yo te apretujé contra mi pecho.

Al roce de tu pulso estremecido
salió mi corazón de su capullo
y en ti se sumergió con un latido.

Absoluto asombro, 2012.


IRMA LANZAS (El Salvador, 1933-2020). Poeta y ensayista. Doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Bolonia, Irma Lanzas realizó estudios de maestra y se especializó en Ciencias de la Educación. Más tarde, se graduó en Teología en la universidad neoyorquina de Saint John, además de seguir cursos de posgrado en Madrid y París. Ha sido catedrática de Teología en el College de Saint Elizabeth de Nueva Jersey y en la Universidad Nacional de El Salvador. Además, fue decana de la Facultad de Teología de la Universidad Don Bosco, de San Salvador. Fundó y dirigió la Televisión Educativa estatal. Trabajó por muchos años al frente de la Oficina Nacional de RENACER, dedicada a la misión evangelizadora de la iglesia católica, y ha escrito opúsculos con reflexiones sobre el Evangelio que han tenido importante difusión dentro de El Salvador y en México, Honduras y Estados Unidos. Es una de las fundadoras del primer grupo de la llamada “generación comprometida” que se inició con la formación del Cenáculo de Iniciación Literaria. Autora de ensayos y poesía de carácter místico, ha publicado, en poesía, una colección que reúne su obra profana y otra que reúne la religiosa: Canción de hierba (2000); y Absoluto asombro: poesía mística para el siglo XXI (2012). Entre sus ensayos cabe destacar: La poética de T. S. Eliot. Tradujo a Emily Dickinson al español. Se casó con el poeta y novelista Waldo Chávez Velasco. En 1985 recibió la medalla Caritas, otorgada por la arquidiócesis de Newark, Estados Unidos. Tomó posesión como académica de número de la Academia de la Lengua Española de El Salvador el 21 de mayo de 2008 con el discurso titulado “Conversando sobre Dios”.

Ilustración: detalle de “Madona” de Edvard Munch.