Lourdes Ferrufino: “Pulsión invocante” (poesía)

La voz incisiva de una joven poeta salvadoreña, muy atenta a los signos que descifran su propia identidad.

Lourdes Ferrufino
Arte de Luis Ángel Salinas
La Zebra | # 60 | Diciembre 1, 2020

Pulsión invocante

“ebrias de lenguaje
como antiguas bacantes”.
C. P. R.

Como bacantes presas del deseo
el apetito nos llegó por medio de la voz.
Vivimos ajenas a esta ciudad
hervidero de membranas
que nos entrega a una furia
. . . . . . . . . . . . de caballos nocturnos.
Cansadas de buscar el silencio
exploramos esta bóveda incolora
. . . . . . . . . . . . de edificios y oficinas
risueñas y con el olfato susceptible
pernoctamos a los pies de una vorágine
sin más posesión que el desengaño.

Las ocultas

¿Dónde engavetan a mis mujeres?
¿Qué clase de etiqueta le ponen a la caja donde las esconden?
“frágiles”, “delicadas”, “material altamente inflamable”
Veo sus frentes: las imagino doradas. Marmoleadas. Mixtura de razas.
Veo sus manos: han conocidos colores que supieron apresar a pulso.
Cabelleras bucólicas que no describió el compilador.

Primero de noviembre

Manojos y reminiscencias brotan
en medio de un gentío nervioso.
El grupo de ancianas discute el precio de las flores
si llevar este color celeste o aquella terracota.

Pienso en el jardín de las delicias
los cuerpos los frutos la impresión carnal.
No sabría decir qué modifica este cuadro
si el aliento o el prodigio de ser foránea
si la brutalidad del día previo al festejo
si la muchedumbre merece
llevar el luto con flores pasadas de moda.
Es preciso conservar rituales
antiguos instrumentos de la costumbre.

Existe una verdad perversa:
la ciudad es un camposanto habitable.

Transición

Y resurgiré de la piedra
convertida en musa triste
cisne de mármol
efigie de falsa contrición
llevando como única pertenencia
la espuma ácida de mi nombre.
Un día fui esa flor que el lodo vomitó
y renunció a una docena de primaveras.
Me he acomodado tranquilamente
a la miseria del canto de los hombres
al misterioso éxtasis del abandono
a la zozobra de la existencia.
De estatuas siguen llenas las plazas
y navegan las abejas sin ojos.
Las guirnaldas de fiesta
se quedaron para mis días de ingenua.
¡Dichosa Palas Atenea!
que gozó de sabiduría y no de muerte.
Quiero dormir entre flores sin náusea
y resurgiré de la piedra
convertida en musa triste.

Numen de ordenador

A Cristina Peri Rossi.

Todo tiempo plagado de humedades
exige vanas formas de olvido.
Repetirse frente al ordenador:
no intentes besarla desde la pantalla
es una diosa de busto firme
y domina las estrategias del deseo.
Busco la elocuencia de tus pezones
sin comprender el dulce artificio que disimulan.
Niego tu edad, olvido la mía.
Señal de un asombro que no se permite.
No me resisto
enciendo el ordenador y tecleo tu nombre.
Muchachita pagana:
hace mucho que vives
en un abismo colmado de idólatras.

Celebración

Celebro mi permanencia en el ojo de la fiera
celebro que mis labios todavía inquietos
no sepan nada de plegarias.
Celebro el ciclo de la infinitud
es decir, mi permanencia en el ojo de la fiera.
Dirán de mí que fui semilla echada a perder
infecunda hasta la última gota
por eso celebro la altivez de las estatuas
enviadas a darme la canción de espiga
la misma que atraviesa mi cuello
por cada mujer disoluta que como yo
también ha sido estatua.

Comercio y magia

Transita una horda de muchachas
con paso firme frente a la catedral
Tomadas de las manos
Fatídicas
Impolutas
Expectantes
Andróginas.

La más joven
lleva una flor iridiscente sobre su pezón.

En la acera un muchacho
con camiseta de letras impronunciables
dos o tres demonios azules
contempla por azar
la belleza de un pezón desafiante.

El humus de un automóvil
nos despierta de ese leve sueño
interrumpido
por un pezón enarbolado
cual si fuese una abeja de luz.

Pronunciamiento

Amé demasiado la vida
como no debe hacerlo una mujer sensata
la tempestad habita mi pecho
mientras se incendia la vida en tu vaso de alcohol.
No te acerques demasiado, te lo advierto.
Aves desconocidas me traerán ramilletes
para evitar la caída de mis ojos.
Olvida la fertilidad de mi vientre
el alba se encargará de secarlo.

Estado de vigilia

Genoveba
huye de su torpe linaje de agricultores
pregunta por los años bisiestos
aúlla, transcurre y abrocha
siempre en estado de vigilia.

Genoveba
hundida en el letargo después del hospital.
Resistente a las ergástulas del dolor.

Genoveba
llena de gracia
discursiva y sin llanto.

Me reconozco incapaz de revelar tu suerte.
Vientre materno/ irreconocible/ algún tiempo mío.

Genoveba
no merezco desatar tus sandalias.

Tuve suerte

Tuve suerte de adaptar mi sangre a las convenciones.
Otro día entre rostros aburridos
y de mi boca aparecen salmos contradictorios.

También he tenido mala suerte
los hombres me buscan con la esperanza reproductiva
como si de mí dependiera la continuación de la especie
su esperma inunda ciudades. Prisiones. Discotecas.
Sus hijos aborrecen las marcas hereditarias
no llevan nada que les cubra su falta de apellido
chocan entre sí repetidas veces y aman ese defecto
el hombre edulcorado está en todas partes.

Ninguna mujer olvida la razón de su malestar
sobre todo si ha salido a buscar estrellas en horas de oficina
he tenido la suerte de ser una mujer moderna
con un vientre que es circuito sanguíneo.

Aquella

La mano que pide laberinto y vértigo.
Se desnuda entre espejos.
El frío del mundo le entra por los ojos
de ese modo lleva el mundo un poco dentro.
Sabe de preposiciones
no cree en horóscopos
encuentra una explicación a lo inaudito.
Pasa desapercibida en las fiestas familiares
construye casas para los pájaros del pecho
la gata llorona arriba del tejado.
Turnándose para existir cada día.
Las vivo.

Canción para el hipocondríaco

No demores el sueño ni la conversación.
Pequeñas pestes
ingresan por los jardines
en busca de tu tejido pulmonar.

Se hace tarde
las horas no te permiten
soñar con pájaros ficticios.
Apenas hay señales
de un amor antediluviano
por el que vale la pena
esperar con lámparas encendidas.

La casa enmudece.
Afuera regurgitan los transeúntes
por piedad o desgracia.
Mientras vos soñás contento
los enfermos
meditan
copulan
se multiplican.


LOURDES FERRUFINO (Santa Rosa de Lima, El Salvador, 1992). Licenciada en Letras por la Universidad de El Salvador (UES – FMO). Se dedica a la docencia. Se dio a conocer por el Certamen Literario de Mujeres La flauta de los pétalos (2015) organizado por el Centro de Estudios de Género de la UES. Dirige los ciclos de poesía La Página Desértica. Aparece en el Índice general de poetas salvadoreñas Las muchachas de la última fila (Zeugma editores, San Salvador, 2017) y Poeta Soy. Poesía de mujeres salvadoreñas (MINED, San Salvador, 2019). Parte de su poesía se ha publicado en el suplemento Tres Mil del Diario CoLatino, la revista Cultura Nº121 y diversas revistas digitales. Plaquettes publicados: La Espina Etérea (poesía, San Miguel, 2016); Diluvio (poesía, San Salvador, 2017).

Arte: “El ensueño” de Luis Ángel Salinas, pinacoteca del Banco Central de Reserva.