Joel Molina: “Villa pesadilla” (ficción)

Un tríptico de textos alucinantes perfilan los márgenes sociales mientras desdibujan las fronteras entre el cuento y la poesía.

Joel Molina
La Zebra | # 58 | Octubre 27, 2020

Narración en tiempo real

En el barrio todas las casas duermen exhaustas. Han tenido un largo, tedioso y repetido día. Hoy las cosas de esas casas renovaron sus respectivas capas de polvo.

—¿Por qué se afana la ama de casa por sacudir el polvo que cae?—

El viento trae el polvo mientras las casas duermen, todas menos una, la casa que es expendio, donde gárgolas de piedra despachan.

Bienvenido a Villa Pesadilla. Aquí no podés encontrar la tumba de tu deudo. No podés con tu visita honrar su memoria, te perdés entre calles formadas por filas de tumbas, transitás a la deriva con angustia dentro de los huesos.

En las aceras de estas calles hay mujeres postradas que sudan miedo. Cubren sus cuerpos con franelas color rata. En medio de temblores toman agua que les trajo un güelepega.

Aquí existe un callejón sórdido en donde cuerpos convulsos componen una masa amorfa. Vos pasás por ahí cada vez y cuando, al bajar de los taxis que te llevan a tu casa.

Por la mañana se dejan ver los mocosos condones vomitados, algún calzón y la infaltable plasta rojiza de mierda, adornada con pellejos de frijol y orbitada por las moscas.

Y es que Villa Pesadilla está formada por situaciones alienantes, poblada de personajes absurdos, con sentimientos subversivos y mensajes cifrados de tristeza. Así es el país que te habita, donde sentís miedo insoportable de estar vivo.

La Blanca

—Mi amada, tu recuerdo se extingue. Necesito avivarlo. Necesito encenderlo.

Yo soy como Orfeo, te busco estando en el infierno que es mi vida, en el último círculo concéntrico de mi existencia que pesa, como a Sísifo el mito, o como Atlas el mundo.

Yo pido. Le ruego al rey de las tinieblas que me permita verte por última vez, porque es honda mi herida y me falta la vida sin vos.

Por eso es lastimero mi canto. Por eso mi alma anida esos tormentos. Escucho correr en silencio mi llanto, hacerse charco en el que se zambullen mis pesadillas y en el que mueren ahogados mis lamentos.

Rey de tinieblas, permitime verla por última vez y te juro sincero:

Pondré a tus servicios la lira de mi encanto, con la que puedo atraer la atención de los perdidos y conducirlos hasta vos.

Pero necesito primero avivar el recuerdo. Acordarme que sí hubo momentos buenos en los que estaba más gordo y parecía más gente. Días en los que no me daba miedo mirarme en la ojera de un espejo. Días en los que no creía poder llegar a ser lo que soy, lo demás ya no importa.

Ardé, pira de mi expiación.—

* * *

Y el tubo de antena en su boca. Aquel viejo se está metiendo crack. Chispero en mano ilumina con intermitencia la noche en lo tétrico del callejón.

Pasado un rato llega ella: la reminiscente espectro de su evocación, vocación, equivocación. Es blanca y es pura, como sólo puede serlo un buen recuerdo.

El viejo traga con amargura su saliva. En su garganta se traba un nudo ciego. Llora y sigue cantando su tristeza:

—¿Y cómo no iba a voltear a verte si sos tan hermosa?

Sinestesia

Sala de emergencia, hospital público. Enfermero de paciente crítico atiende a joven indigente, adicto al pegamento. Traumatismo cráneo encefálico con exposición de materia. Hora de entrada 5:55 a.m. Daño total. Esperanza de vida del uno por ciento. No hay nada que hacer. Yo haría eutanasia. Varios cientos de miligramos de opiáceos para que muera tranquilo en el ensueño.

Morir en un murmullo,
un suave suave arrullo;
efluvios de una fuente
mi estertor.

El paciente amerita dos ampollas de morfina. Las anoto en el reporte. Con una lo canalizo, la otra es para mi sinestesia.

Regresar a lo oscuro,
un útero seguro.
Aquí al fin al fin podré
descansar de tanta mierda.

Ya viene el cambio de turno. Me jalo antes que vengan más muertos. Avisaron por la radio que un bus chocó cerca de la frontera. Serán cuantiosos los trasladados.

Plegadas las rodillas
junto a su pecho,
posición de feto.

Dejé al güelepega estabilizado, coma inducido, solo esperando a que la dama blanca lo llame. Ahora me toca a mí darme un pinchazo.

Abraza sus rodillas
cabizbajo y lo meso.

Estoy en la cabeza de un músico. Puedo leer las letras de sus canciones. Se imagina la ópera rock de un feto maligno, eternamente en gestación, que se asoma por el ombligo de su esclavizada madre.

Mis sueños muertos nacen,
yacen perdidos.
No olvido lo que pudieron ser.

Esa es otra canción. Habla de un mortinato, del nacido muerto. Morfeo, dios del sueño, es hermano gemelo de Tánathos, la parca. Pero eso ya lo saben todos los que nos vamos en ella.

Muertos nacen
mis sueños yacen.

Estoy tan acostumbrado a la dama blanca que no le temo. Es una perra, una fría virgen a la que nadie ha robado un beso, ni siquiera un poeta.

A merced de la muerte,
humano endeble
y perecedero, efímero.

Esta sinestesia es diferente a todas las que he experimentado. No es confusión de sentidos, es intromisión de conciencias en trance. Ahora veo lo que interpreto como el pasado del güelepega. Se reproduce como si de un videoclip se tratara.

* * *

Suena el portón y me despierta. Sufro la peor resaca. Me asomo. Es el pasante del laboratorio. Este tipo siempre viene a horas inoportunas a contarme cosas inadecuadas. Por eso me cae bien.

Me pregunta por la música que está sonando, la he pasado escuchando toda la madrugada en estado de trance y narcosis. Le explico que se trata del demo de un amigo, me lo pasó antes de irse a Noruega a producir su disco. Es un material inédito, no puedo dejar que nadie lo escuche. Detengo el reproductor y le pregunto a qué vino.

El pasante suelta un asqueroso relato. Inmediatamente me baño y nos vamos al hospital.

Fui a la cama del güelepega a revisar sus signos vitales. Para mi sorpresa se encontraba estable y daba señales de mejoría. Los coágulos de sangre en su cerebro se drenaron y la inflamación había disminuido.

Aún no comprendo la relación entre mi amigo músico y este paciente en particular. ¿Por qué las letras del demo se vinculan con el pasado del güelepega? Lo sabré en la noche, cuando me de otro piquete.

Está vez me traje un parche de fentanilo y una oxicodona. Pongo el demo en el reproductor, me acuesto, cierro los ojos e intento concentrarme. El bebé de los vecinos comienza a llorar. Son Testigos de Jehová y critican la música que escucho. Para sosiego del recién nacido ecualizo mis parlantes en la frecuencia más baja, de ese modo no le perturbara el sonido, pero estará más expuesto a las vibraciones.

La música me hace efecto, entra por mis pies descalzos…

* * *

A inicios de la última década del siglo pasado, en este mismo hospital, Juan, el güelepega, nació a las 6:06 de la mañana. Horas más tarde ingresó un niño de seis meses al pasillo de quemaduras. El expediente médico se conoce como ” el caso de combustión espontánea”. Los propios doctores vieron como del bebé emanó fuego. Ningún procedimiento médico aplicaba en tales circunstancias. Las quemaduras en el pecho fueron de segundo grado. Se trataron con líquido amniótico, obtenido de la placenta que envolvía a Juan.

A los diecisiete años integré una banda con este amigo, el que me pasó el demo. Recuerdo la historia de la marca en su pecho, una quemadura por combustión espontánea, por eso utilizaba geometría sagrada para protegerse, y por eso las letras del demo están relacionadas con el pasado y destino del güelepega, ellos son, por así decirlo, hermanos de líquido amniótico.

Esta mañana trasladaron a Juan, el güelepega, a la cama dieciocho, misteriosamente está fuera de peligro. Voy y lo observo por un rato. Una estrofa que escuché en el demo invade mi cabeza.

Moradores de la tierra,
contemplad el poder de la bestia hecho dios.
Rendidle pleitesías y genuflexión,
ha sanado su mortal herida.

Es el hombre de pecado que respira.
Anuncia de Satán la encarnación.


JOEL MOLINA (Managua, 1990). Editor de video, escritor y músico. Graduado en Filología y Comunicación. Clasificó para el Talent Campus del 28º Festival Internacional de Cine de Guadalajara. En 2014 dirige el cortometraje experimental Vano Urbano, selección oficial en el XVII Ícaro Festival Internacional de Cine. En 2015 realiza el montaje del videoclip “Enano Cabezón”, premio a mejor video musical en el Feel The Reel International Film Festival en Reino Unido. Como narrador, algunos de sus cuentos han sido incluidos en revistas como Ágrafos, Carátula y Alastor. Actualmente se desempeña como postproductor audiovisual en una agencia de publicidad.