Jorge Ávalos: «Ella soñaba realidades»

¿Quién fue Thirza Ruballo, la fundadora de la Escuela de Cine de El Salvador?

Jorge Ávalos
Retratos de Giuseppe Dezza
La Zebra | # 74 | Febrero 20, 2022

Cuando supimos de la muerte de Thirza Ruballo ocurrida el 12 de febrero de 2022, el golpe resonó mucho más allá del sector cultural. En estos últimos años Thirza había trabajado por hacer realidad un sueño, y había llegado más lejos que nadie: la creación de la primera Escuela de Cine de El Salvador. Con la fundación y la apertura de Escine en diciembre de 2019, el país vio cómo se abrieron las puertas a esa posibilidad utópica, pero con Thirza a la cabeza, nadie dudó nunca de que el sueño ya era posible. Si algo había demostrado Thirza es que no perdía su tiempo con fantasías: ella soñaba realidades.

“Mucho dolor me causa la noticia, desde El Salvador, de que ha muerto Thirza Ruballo, una queridísima compañera, una hermana del alma. Mujer guerrera, alegre, imparable. Madre y esposa ejemplar”, escribió en su cuenta Epigmenio Ibarra, un periodista y camarógrafo que trabajó en El Salvador durante la guerra civil, y que, a su regreso a México, se convirtió en uno de los más reconocidos productores de televisión de América Latina. Thirza se merece sus palabras.

Thirza Ruballo nació en Cojutepeque el 28 de enero de 1969. Tenía 53 años. Durante su vida profesional transitó del periodismo y la edición editorial a la producción audiovisual. En 2017 obtuvo su doctorado en Comunicación Social y Periodismo. Con la fundación de Escine no sólo se transforma, de lleno, en una empresaria sino también en la directora académica del centro. Y tenía las credenciales para serlo. Por otro lado, Thirza solía celebrar la vida por medio de su pasión por el yoga, no sólo una disciplina física, sino una forma de canalizar y encauzar su energía vital y su enorme caudal de alegría; así se explica que al recibir las noticias de su fallecimiento, la prensa no recordaba de que ella era, en lo profesional, una intelectual.

Es fácil olvidar que Thirza fue una periodista de primer orden, porque el periodismo, por definición, es un arte de circunstancias. En la medida en que desaparece la urgencia social de un tema, también desaparece de la conciencia pública el debate y la información en torno a ese tema. Pero Thirza estuvo en el ojo de la tormenta de los grandes temas mientras ejerció periodismo.

Un ejemplo. Después de que se vendiese el tema de la dolarización como una simple alternativa monetaria paralela al colón, Thirza presionó en una entrevista al entonces secretario técnico de la presidencia, Juan José Daboud (“Al ruedo”, El Faro, 2001). Esta entrevista es todavía enervante, y de principio a fin Thirza se mantuvo firme en la causa moral de desenmascarar las verdaderas intenciones del gobierno, pues hay que recordar que, en ese entonces, el eufemismo “integración monetaria” estaba siendo tácitamente admitido por la mayoría de los medios de prensa mientras evadían hablar de una dolarización plena de la economía salvadoreña, que es lo que, en efecto, sucedió.

Los principales temas en los reportajes de Thirza, sin embargo, eran de carácter humano. Cuando los terremotos de 2001 devastaron el país, Thirza realizó varios reportajes sobre el impacto que éstos estaban teniendo entre los más pobres. Estos reportajes todavía sorprenden por su lucidez política, por ejemplo: “Construyendo escombros sobre los escombros”; y “El futuro del país todavía está en la calle” (El Faro, febrero 2001). Pero ya antes había dejado una huella importante, primero como una administradora muy eficiente en la revista Tendencias y como productora de otras publicaciones de ese medio; y luego como una periodista pionera, algo que merece un párrafo aparte.

Durante la década de los 90, Thirza fue una de las primeras periodistas en recopilar extensas entrevistas de los pandilleros. Su abordaje, que incluía entrevistas con el círculo familiar, la madre, los vecinos e, incluso, los niños en los barrios, fue eminentemente sociológico, con el fin de crear retratos humanos que nos permitieran ver el auge del fenómeno de las pandillas sin prejuicios. Esta es la manera correcta de abordar un verdadero fenómeno social: el mensaje de fondo es que, si la criminalidad se construye por una unión de variables económicas y sociales, también se puede deconstruir. En la década de 1990, fue de las que demostró que la expansión de las pandillas podía ser contenido y revertido. Lamentablemente, las políticas públicas obviaron las intervenciones sociales que exigía la sociedad civil a favor de la coerción y la propaganda, en lugar de prevenir y revertir lo que tan rápidamente estaba ocurriendo en las zonas marginales del país.

Retratos de Thirza Ruballo por cortesía de Giuseppe Dezza.

La sensibilidad social de Thirza se fraguó en las luchas de ímpetu revolucionario de la juventud marginada durante la guerra. Esto, quizás, explica por que tenía un temple invencible al momento de entrevistar funcionarios de gobierno o a pandilleros. Pero su interpretación de la política o, más bien, del arte de concretar justicia social —pues este era el fin último de la política, según se infiere de sus escritos— no fue nunca nublada por el partidarismo. Su disertación académica para obtener su doctorado versa sobre la propaganda política durante las elecciones. Defendida cuando el partido de izquierda aún estaba en el poder en 2017, Thirza demostró que, en la práctica, la izquierda no se distinguía en lo absoluto de la derecha en la manera de formular su propaganda, prefiriendo despertar pasiones y manipular las emociones del electorado en lugar de despertar conciencia, educar o encauzar hacia las causas más justas.

Con Escine, un ambicioso emprendimiento de familia que incluía a sus hijos Diego e Imanol, puesto que el proyecto tiene como base un edificio con una escuela, estudios de rodaje y una productora audiovisual, Thirza pretendía impulsar a la industria de cine de El Salvador, pero tal y como debe hacerse, desde abajo, con escalas de desarrollo, formando a los aspirantes, perfeccionando a los profesionales, unificando esfuerzos, atrayendo inversión. La pandemia puso este proyecto en peligro. Pero este año inició su programación con un gran ímpetu, uniendo en las clases maestros nacionales con extranjeros, con el objetivo de hacer el proyecto sustentable a largo plazo y con talento nacional. Esto es lo que llamamos visión. Lo único que podemos esperar es que las semillas que Thirza plantó no se pierdan, que su visión se imponga y que la empresa que fundó salve los obstáculos que ella batallaba con éxito gracias a su talento y a la fuerza arrolladora de su personalidad.

Al final, sin embargo, es la huella humana la que más importa. Su hijo Diego la recordó con estas palabras el 16 de febrero en sus redes sociales: “Siempre nos retabas a ser mejor, a creer en la nueva mujer y el nuevo hombre. Esos valores y esas ideas que nos dijiste que tanta gente había traicionado, pero que a vos de joven te forjaron y te dieron guía toda tu vida. Tu espíritu valiente, mami, tu voz fuerte ante las injusticias, ante el machismo, ponía a temblar a cualquier cabrón y a dudar a cualquiera que tuviera flaqueza en su interior. Tu luz y sonrisa, tu fuerza, sólo se puede comparar con un oleaje que a veces es calmado y luego te puede dar vueltas, el mar eterno para vos, tan tuyo como tu yoga.”

El 17 de febrero, Carlos Figueroa, su esposo, escribió: “Su legado está precisamente en sus principios: que la huella que dejó en todos ustedes fue precisamente por su amor a la vida y la honestidad.”

Así te conocimos, Thirza, y así te recordaremos.