Miguel Ángel Amaya Amaya: “Génesis de Cacaopera” (historia oral)

Es muy raro, en nuestros días, escuchar de la boca de un indígena una historia hasta ahora desconocida del origen de su pueblo. Cuando ocurre, todos aquellos que estamos fuera del círculo de su pueblo interpretamos su narración como una ficción, aunque bajo la categoría de un mito fundacional. Pero para Miguel Ángel Amaya Amaya, líder espiritual de los Kakawiras en Morazán, este es, también, el verdadero génesis de su pueblo, que él recogió de boca de los viejos y publicó, por primera vez en 1985, en su Historia de Cacaopera. Nadie sospechaba entonces la importancia que tendría ese libro. Durante la guerra civil, los Kakawiras no participaron en el conflicto armado pese a vivir en un territorio disputado por la guerrilla y las Fuerzas Armadas de El Salvador; por lo tanto, durante la década de 1980, sufrieron hambre, discriminación y exilio, circunstancias que pusieron en peligro la supervivencia de su cultura.


Miguel Ángel Amaya Amaya
Texto y dibujos

Cacaopera es un municipio del Departamento de Morazán. En su origen se fundó como una villa, cercana al río Torola, en el punto donde se une con el río Chiquito. Está situada a 178 kilómetros de San Salvador, con una altitud de 520 metros sobre el nivel del mar. Este pueblo limita con: Sociedad, Corinto, Joateca, Meanguera, Delicias de Concepción, Yoloaiquín, Lolotiquillo y Osicala. La villa ocupaba antiguamente cuatro llanuras, las cuales son: Llano del Nance; Pueblo Viejo (hoy en día Yoloaiquín); Llano de Agua Blanca; y Corinto. Esta es la historia indígena del origen de Cacaopera.

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Cacaopera, Morazán, en la actualidad.

1

Al principio, Cacaopera se fundó en la orilla del río Torola por el paso ahora llamado Pescado; pero, allí, todos los habitantes nacían ciegos. Así que el pueblo de Kakawira, que había llegado del norte, dijo: “Dios Todopoderoso no quiere que el pueblo se construya aquí”. Y emigraron al oeste.

2

Llegó el pueblo de Kakawira a un lugar, ahora llamado Agua Blanca, y fundó un lugar para vivir; pero, allí, la gente nacía sin una mano, y la gente dijo: “Dios Creador no quiere que se funde el pueblo aquí”. Aunque ya había construido casas, cuyas ruinas aún hoy en día se encuentran, el pueblo de Kakawira emigró al sur.

3

Amaya-SunsulacaLlegó el pueblo de Kakawira a otro lugar, ahora llamado Sunsulaca, y construyeron una capilla, y formaron un pequeño grupo de casas llamadas Calihuate, de cuya palabra surgió el prefijo “huates”, que sirvió para la formación de otras palabras. En esa época adoraban a otros dioses: Huates Lan; Huates Acuca; Huates Jalelca; y Urramunca.

En la fachada de la capilla se inscribieron signos, en los que se leía: Tupaicafira, que en español significa “Dios creador de todo”.

El dios mayor era Huates Lan, el cual se representaba por una piedra con una cara grabada y varillas como rayos luminosos. Estaba volcado en lo alto de un túmulo a cuyos lados había gradas para subir a venerarlo.

4

Donde actualmente es Cacaopera, en la antigüedad eran montañas de Cacaonance, en las cuales apareció la Virgen. Cuando el pueblo de Kakawira la descubrió trataron de llevarla al cantón Agua Blanca, donde antes habían estado. Construyeron allí una capilla, pero la Virgen regresaba siempre a las montañas de Cacaonance.

La gente dijo: “Es una señal de Dios Todopoderoso”. Fue así como el pueblo de Kakawira fundó su lugar de residencia allí, en Cacaopera, donde había aparecido la Virgen, aproximadamente en el año de 1650.

Cacaopera construyó su templo en 1700, y el campanario en 1721, fecha que está grabada en la campana. La capilla de Agua Blanca fue ocupada para ciertas ceremonias, la cual hoy en día se conserva. Además, este terreno fue conquistado para que fuese propiedad del templo.

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El dios Huates Lan.

 


Tata-Miguel-Angel-Amaya-AmayaMIGUEL ÁNGEL AMAYA AMAYA nació el 30 de junio de 1961 en Cacaopera, Morazán (El Salvador) y falleció el 10 de agosto de 2015, cuando, según el verso de una de sus canciones “badta únala amika kárrika” (volvió a los brazos de su madre). La documentación por el “Tata Miguel” de las costumbres y el folclor de su natal Cacaopera, durante diez años a partir de 1974, ayudó al rescate y a la preservación de las únicas danzas prehispánicas todavía interpretadas en El Salvador, como el baile de “Los negritos” y el de “Los emplumados”. Sus investigaciones sobre las costumbres, el folclor y las lenguas indígenas del norte de Morazán están reunidas en el libro Historia de Cacaopera (DPI, San Salvador, 1985). Después de la guerra, Amaya fundó  en su propia casa  el museo Winakirika (que significa “de nuestro pueblo”), y fue el coordinador de la fundación Winaka, desde la cual impulsó el proceso de unificación y fortalecimiento de las organizaciones indígenas de El Salvador.

Fotografía de la piedra solar de Corinto, Cacaopera, por Jorge Ávalos.