Alejandra Nolasco: “Lo que importa es la ternura: por un teatro desde la inocencia” (ensayo)

El hermoso texto a continuación es un autorretrato y un manifiesto de la reconocida actriz salvadoreña. Señala su camino hacia un tipo particular de dramaturgia que parte de la visión de mundo de los niños. En sus obras, Alejandra ha intentado recrear ese paradigma de franca ingenuidad ante los golpes inevitables de la realidad.

Alejandra Nolasco

“En realidad es la ternura la que me interesa.
Ése es el don que me conmueve,
que me sostiene, esta mañana,
igual que todas las mañanas.”
Raymond Carver

Cada día me convenzo más de que cada uno, desde su trinchera, puede contribuir a construir mundos más agradables y más justos. Eso intento yo, como actriz.

Hace unos años comencé a dar clases de teatro a niños de seis a nueve años. Aún no tenía todas las herramientas pedagógicas para hacerlo. Se requiere de un tacto especial para trabajar con niños, pero sobre todo de vocación, y yo no sabía si la tenía. A ellos no les importó. Ajenos a mis dudas, me sorprendieron con su sinceridad absoluta, con la pureza de su visión del mundo y de las cosas y hasta con sus inocentes mentiras.

En estos años han reinado las anécdotas, las frases poéticas, la magia. Recuerdo el día en que Marco, de 7 años, con sus ojotes de miel, se me acercó halando mi camisa: “Cosita, cosita (entiéndase que la cosita soy yo), estaba jugando con el bodadód y me manché.” Sus manos estaban completamente azules. Yo le dije que se fuera a lavar y, sin poder ni querer contenerlo, me doblé a carcajadas en el escritorio. Entonces Guille corrió hacia mí gritando a todos los demás y sacudiendo los brazos: “¡La seño se está muriendo de la risa! ¡Hay que llevarla al hospital! ¡Resista, seño, resista!”.

Comencé a coleccionar esas escenas, esos momentos llenos de ingenuidad y sabiduría, de un humor tierno y de una graciosa inspiración. No tenía una intención concreta; solo sentía la necesidad de conservarlas y, en el fondo, de compartirlas. Me preguntaba cómo guardar esas voces niñas, las verdades de una etapa tan corta. ¿Cómo se guardan? ¿Por qué al cabo del tiempo se atesoran con tanta añoranza? ¿Por qué las apreciamos sólo hasta que ya las hemos dejado atrás?

Me preguntaba cómo guardar esas voces niñas, las verdades de una etapa tan corta. ¿Cómo se guardan? ¿Por qué al cabo del tiempo se atesoran con tanta añoranza?

Rodrigo, Josué, Gracia, Diego, Luis, Camila, Pedro y los otros muchos que corren felices por los pasillos que conozco son privilegiados, lo sé, estudian en un colegio con condiciones agradables, van de paseo los fines de semana, celebran sus cumpleaños con pastel y piñata, reciben regalos, les compran juguetes, comen. Hay muchos otros, no conozco sus nombres y no he visto sus rostros, que en cambio caminan a la escuela, viven con su abuela porque su mamá se fue a Estados Unidos, no comen helados con tanta frecuencia, lloran porque su papá está en la cárcel, se las arreglan con un solo par de zapatos, si acaso.

Desearía que el mundo fuera un lugar de más esperanza, un mundo que los escuche a todos, un mundo donde cada niño tenga una mamá como la de Eduardo, de 7 años, que en el poema que inventó para la clase dice: “Las mamás nos aman, nos compran ropa, comida, lápices, pero hay algo más: a veces hay lluvias que ya conocen, que son bien fuertes y que nos dan miedo, ¿sí? ¿Quién acá le tiene miedo a los truenos? —Y luego de que la mayoría de los presentes levantáramos la mano— ¿Ven? Entonces, ¿con quién creen que vamos a dormir cuando eso pase?”.

Todos los que hemos tenido contacto con niños nos hemos tropezado alguna vez con esas frases, producto del reciente descubrimiento del mundo y de la necesidad de explicarlo.

Todos los que hemos tenido contacto con niños nos hemos tropezado alguna vez con esas frases, producto del reciente descubrimiento del mundo y de la necesidad de explicarlo. Y de la infinita capacidad para hacerlo sin ancianos límites. Una muestra: Alejandro, de primer grado, corre desesperadamente y busca refugio detrás de mí: “¡Seño! ¡Seño! ¡Ayuda! Enrique tiene un infarto mental, cree que es un animal y no reconoce que soy su amigo.”

Pero no son sólo anécdotas graciosas y ocurrencias, también hay preguntas como la de las tres chiquillas acorralándome a la salida de la escuela queriendo saber de dónde salió Dios o quiénes fueron primero, ¿los dinosaurios o Adán y Eva? Y está, claro, lo doloroso. Darse cuenta de que la vida misma socava la inocencia. Descubrir a Gracia llorando porque nadie quiere jugar con ella; tratar de explicar a Katya que a veces los papás deciden separarse y seguir siendo amigos y que incluso vuelven a enamorarse de otras personas y uno termina hasta teniendo otros hermanos. Ver los ojos de Jimena una semana después de que dos balas desesperadas de un ladrón de carros terminaran con la vida de su papá, frente a su propia casa.

¿Cómo llevar a escena ese universo deslumbrante y revelador de la niñez?

Mi propósito es adaptar los relatos que he ido recopilando hasta conformar un espectáculo que conecte a los adultos con su propia inocencia, su esperanza guardada, sus sueños iniciales. No es un camino trillado. La enumeración de anécdotas garantiza alegría y disfrute pero sólo una representación auténtica de las voces y las visiones de los niños puede llevarnos al asombro por medio del teatro, a un paseo por un amplio abanico de sentimientos, emociones y matices, a que sus pequeños protagonistas nos tomen de la mano y sus vivencias cautivadoras no nos dejen indiferentes.


ALEJANDRA NOLASCO. Actriz salvadoreña, directora del grupo Teatro Zebra. Labora como docente de Expresión Creativa. En 2011 fue galardonada con el III Premio Ovación otorgado por la Fundación Poma, por su proyecto “Niños: un espectáculo para adultos”. El premio, una beca de estudios en Argentina, le permitió a Nolasco —reconocida por sus dotes en la comedia—, expandir sus competencias profesionales en el área de dramaturgia. Y lo logró, creando una obra titulada: Escondites, que estrenó en el Teatro Poma para la apertura de la temporada 2013. Ese mismo año fue galardonada con un premio nacional de dramaturgia para niños con Dije tiempos mágicos. En los últimos diez años ha participado en los roles protagónicos de numerosos montajes, entre los que destacan: “Mirandolina” de Goldoni; “El Médico a Palos” de Molière; “Las Tres Caras de Eva”, un espectáculo de teatro-danza creado por Eunice Payés; “La Balada de Jimmy Rosa”, del dramaturgo Jorge Ávalos, obra ganadora del Premio Ovación 2009; “El Rastro”, de Enrique Valencia; y “La casa de Bernarda Alba” de Federico García Lorca.

A partir de febrero del 2016 Alejandra Nolasco publica una columna en Los Blogs de El Faro, donde la puedes seguir: Enanos

Fotografía de Jorge Ávalos.