Teatro Zebra: “Las artes escénicas como recurso comunitario” (ensayo)

“Creemos que, como artistas, es nuestro deber aportar belleza e identidad a nuestra sociedad”, nos dicen Lilibeth Rivas, Larissa Maltez y Emy Stephany, integrantes de Teatro Zebra. Aquí, ellas explican en detalle la propuesta del grupo para impulsar el uso de las artes escénicas como un recurso comunitario.

Teatro Zebra
La Zebra |
#3 | Marzo 1, 2016

Somos tres actrices jóvenes que creemos que el teatro puede cambiar un pedacito del mundo: ese que está a nuestro alcance dentro de nuestras fronteras, y donde es posible un encuentro productivo entre el arte y los jóvenes de El Salvador. Pero no nos basta con presentar teatro: queremos dejar una huella positiva en la mente y los corazones de los jóvenes, nuestro público.

Con el respaldo del Premio Ovación de la Fundación Poma, nuestro reto este 2015-2016 será abrir nuevas rutas para el teatro fuera de la ciudad capital. Creemos que podemos usar una temporada ante un público que exige y demanda teatro profesional en la sala del Teatro Luis Poma, como una plataforma para desarrollar una temporada extendida al interior del país. Estamos convencidas de que, con los fondos otorgados por el Premio Ovación, podemos crear un modelo funcional para un circuito de giras teatrales al interior del país.

Para ser efectivo, este modelo necesita como base tres pilares:

  1. Una obra de alta calidad, profesionalmente producida y de contenidos relevantes para la juventud.
  2. Comunidades receptoras, previamente comprometidas a utilizar el teatro como un recurso legítimo para crear encuentros productivos entre los jóvenes y el arte.
  3. Un plan para fomentar respuestas constructivas, de cohesión social, a partir del encuentro de los jóvenes con el teatro.

“El teatro provoca una tensión entre las emociones y el pensamiento, convoca al diálogo, valora la diversidad de interpretaciones y celebra el encuentro vital de la sociedad a través del arte como experiencia viva e irrepetible”.

1. LA OBRA
Una metáfora de la reconstrucción

Primer objetivo: una obra de teatro relevante

Producir una obra de teatro diseñada para la representación en todo tipo de escenarios, que no sea difícil de trasladar durante la gira, que sea económica y, sobre todo, que aborde un tema apropiado para las audiencias jóvenes a quienes queremos llegar.

A partir de nuestro modelo de tres pilares para el teatro en la comunidad, estamos produciendo una obra que reconstruye, por medio del encuentro entre tres hermanas, la vida cotidiana de una comunidad que fue arrasada por la llegada de la guerra. Comunidades como esta, que fueron destruidas o abandonadas por completo durante la guerra existen en todo el país: el ejemplo más cercano a San Salvador es Suchitoto; el ejemplo más dramático, porque no quedan más que media docena de sobrevivientes, es El Mozote, en Morazán; el ejemplo más radical, puesto que no hay relación alguna entre la comunidad que habitaba la zona antes de la guerra y la que la pobló posteriormente, debido a la migración, es la de varias comunidades en la Bahía de Jiquilisco.

Paralela a la migración hacia los Estados Unidos, cerca de 250 mil familias migraron internamente en El Salvador desde las zonas rurales más afectadas por el conflicto armado a las ciudades durante la década de 1980. La obra que estamos produciendo, inspirada en la experiencia de una de estas comunidades desoladas por la guerra, es una metáfora de la reconstrucción. La reconstrucción no sólo por medio de la reconfiguración social que ocurrió con la llegada de la paz, sino también por medio de la construcción de una nueva identidad personal que integra los valores del pasado, los mismos que crearon las tradiciones de una comunidad, y con las posibilidades abiertas al futuro.

La obra que elegimos es La canción de nuestros días de Jorge Ávalos. Como todas las obras de este autor, esta tiene una gran intensidad dramática, pero está, al mismo tiempo, llena de momentos de ternura y de un humor que surge de forma natural de la idiosincrasia de los personajes. Inspirada en las tradiciones y la forma de vida de las comunidades indígenas de Cacaopera, los personajes hablan a partir del genio popular, formado en el conocimiento de la naturaleza local: donde se hila pita de henequén, se corta madera de árboles, se cazan venados y conejos, se pesca el macucú de los ríos y los torogoces vuelan como ángeles enjoyados con plumas de turquesa y esmeralda.

La obra describe los dos años previos a la llegada de la guerra en Morazán, y cuenta las historias de amor de dos hermanas. Y de cómo la tercera hermana, la menor, de sólo doce años, pasa por una etapa de aprendizaje con ellas. La obra retrata ese pasaje de la inocencia de una niña a la madurez, pero contada desde dentro de la vida comunitaria y las tradiciones culturales de Cacaopera. Un efecto importante de la obra es que se construye como la narración conjunta de las tres hermanas a la hija de una de ellas, excepto que esta niña no aparece en la obra. Los tres personajes, por lo tanto, cuentan y reconstruyen sus vidas a una niña que es suplantada en el transcurso de la obra por el público. Es decir, es un recuento de la vida antes de la guerra a un oyente que también está pasando de la inocencia a la madurez. Por esto creemos que la obra es muy apropiada para jóvenes.

“Si queremos que los jóvenes dejen de seguir el guión que los encamina hacia la marginalidad y la violencia, entonces tenemos que comenzar por convencerlos de que ellos mismos pueden y deben escribir el guión de sus propias vidas”.

2. LAS COMUNIDADES
El potencial para el diálogo

Segundo objetivo: una hoja de ruta estratégica

Identificar y seleccionar comunidades preparadas para la recepción y presentación de obras de teatro.

Dado que La canción de nuestros días se inspira en la vida de comunidades al norte de Morazán, y muy específicamente en la población indígena de Cacaopera (que hasta ahora no parece haber sido representada en las artes), una parte importante de nuestra gira debe tomar lugar en esas comunidades. Por otro lado, vemos que la expansión más rápida de población que trabaja en la ciudad de San Salvador, se ubica hacia el occidente, en el departamento de La Libertad. Quisiéramos, por lo tanto, planificar parte de nuestra gira en La Libertad.

La historia puesta sobre la escena en La canción de nuestros días no es sobre la guerra en sí. De hecho, termina en el momento justo cuando la guerra llega a la comunidad. Al no describir la guerra, sino la etapa inmediatamente anterior, se hace posible, después de la obra, hablar sobre qué podemos hacer como sociedad para evitar la confrontación, la violencia o la ruptura social.

La canción de nuestros días, por lo tanto, está preñada de posibilidades. Es un espejo de nuestra historia que se abre al diálogo, pero al decir esto nos referimos a una conversación pública productiva y creativa que puede encauzarse en diversos temas que deben ser elegidos por los organizadores comunitarios o educadores locales. Estos son algunos ejemplos de los temas que se pueden discutir: la importancia de articular nuestra visión de la historia; el papel de la mujer en la sociedad; la solidaridad como cemento social; la familia como unidad y sostén social; los valores comunitarios; el impacto de la violencia en nuestras vidas cotidianas; el alto costo humano y social de la violencia; etc.

En resumen, queremos que una obra que toma tres narrativas personales enfrentadas a grandes sucesos de la historia, sirva como punto de partida a un público joven para aprender a crear narrativas personales a partir de sus propias circunstancias sociales. Si queremos que los jóvenes dejen de seguir el guión que los encamina hacia la marginalidad y la violencia, entonces tenemos que comenzar por convencerlos de que ellos mismos pueden y deben escribir el guión de sus propias vidas. Educarse es crear un proyecto de vida. El arte como visión e imagen de nuestra historia puede dar luces en esa dirección.

“La fortaleza del teatro radica en su poder para crear comunidad”.

3. La semilla del teatro:
Fomentando respuestas constructivas

Tercer objetivo: impulsar el teatro como un recurso óptimo para construir comunidad

Fomentar “narrativas personales” de los niños y jóvenes de El Salvador que ven nuestra producción de teatro en los lugares que visitamos, y difundir sus voces y su visión de la realidad por medio de un sitio web.

Parte de nuestro método consistirá en documentar y sistematizar los hallazgos de nuestra gira en una hoja de ruta y documentar los efectos del encuentro del teatro con un público que nunca antes ha visto representaciones teatrales. Crearemos un sitio web especialmente diseñado para trazar una hoja de ruta, con un mapa, fotografías, crónicas y videos en los que los niños hablan de sus deseos para el futuro, nos hablan de sus propias experiencias con la violencia o nombran los obstáculos que deben vencer para cumplir sus metas. Daremos a conocer este proceso a través de redes sociales y aprovecharemos todos los recursos de las nuevas tecnologías de información para difundir nuestra experiencia y, sobre todo, las voces de los jóvenes que nos ven en escena.

Nosotras sostenemos que el teatro no tiene por qué sacrificar su calidad o negar su poder visionario cuando se encuentra con las comunidades de El Salvador, porque creemos que la fortaleza del teatro radica en su poder para crear comunidad. El teatro es dialógico por naturaleza: por un lado fomenta el diálogo interno en cada miembro del público al exigirle una interpretación personal de los hechos escénicos; por otro lado, potencia un diálogo social productivo entre los miembros de la comunidad reunida para cada representación escénica.

El teatro provoca una tensión entre las emociones y el pensamiento, convoca al diálogo, valora la diversidad de interpretaciones y celebra el encuentro vital de la sociedad a través del arte como experiencia viva e irrepetible.

No concebimos el teatro para “culturizar” o “enseñar”, más bien trabajamos para que la obra se manifieste sobre el escenario como un hecho creativo, como una realidad autónoma de signo artístico. Precisamente porque es una provocación al diálogo, el teatro es más poderoso cuando le damos libertad al público de traer su propia cultura a la sala de teatro con el fin de dejarse desafiar por la provocación de los artistas de la escena.

 


TEATRO ZEBRA. Fundado en mayo de 2014 en Antiguo Cuscatlán, El Salvador, Teatro Zebra es una compañía integrada por las actrices Lilibeth Rivas, Larissa Maltez y Emy Stephany, bajo la dirección de Alejandra Nolasco.
Más información: https://lazebra.net/teatro-zebra/

FOTOGRAFÍA: Teatro Zebra en capilla de Aguas Blancas, Cacaopera, Morazán, julio de 2015, por Jorge Ávalos.