José Manuel González: “El Guernica y el reflejo simbólico de la barbarie” (ensayo)

¿Cuál es la relación entre arte y política? ¿Por qué una obra como el “Guernica” de Picasso nos habla, desde su particularidad estética, no sólo del horror del pasado sino también del que está por venir?

José Manuel González
La Zebra |
#4 | Abril 1, 2016

El desarrollo del arte ha estado siempre ligado al desarrollo de los acontecimientos sociales, históricos y políticos. Gran parte de los temas que alberga la producción de una época corren por ese compromiso socio-político que envuelve al artista en un agobio existencial frente a los sucesos de su tiempo. El artista es un catalizador: un canal que traduce las angustias, los dolores, la ira contenida y la protesta de su época. La obra, pensada, estructurada y depurada en el estilo del artista, será entonces el documento de esa sensibilidad extrema y contendrá la fuerza regeneradora del sentimiento.

En efecto, la relación entre arte y política es evidente en una gran diversidad de obras. Muchas de ellas son admiradas por su compromiso y capacidad discursiva; otras, por convertirse en la expresión estética del lamento doloroso de la condición deshumanizada de las sociedades en conflicto. Tan particulares y tan universales al mismo tiempo son esas obras que rompen las máscaras de la doble moral social y descubren el reflejo primitivo de la barbarie.

Protesta y metáfora de la guerra

El “Guernica” de Pablo Picasso (1881-1973) es una de estas obras. Aun cuando el nombre demarca la región vasca bombardeada en el 26 de abril de 1937, el cuadro en sí mismo trasciende al acontecimiento de la historia y se torna hacia la alegoría universal del horror de la guerra y la protesta frente a todo genocidio. Picasso retoma, para la construcción de esta obra, la lógica narrativa del tríptico medieval: el formato bidimensional que se hizo popular por artistas del nuevo realismo del siglo XX como Otto Dix. En ellos, la protesta frente a la guerra y el conflicto político se vuelve una discusión dolorosa, expuesta metafóricamente.

El “Guernica” de Picasso envuelve su exposición discursiva en un juego metafórico de siete figuras que evaden la alusión directa de la guerra o los acontecimientos políticos que le motivaron a la realización del monumental cuadro. Picasso cuida que cada uno de los motivos que aparecen en la obra pierda el sentido de agitación revolucionaria y, en cambio, se integren a las siete figuras alegóricas para lo que fueron creadas: volcar la contemplación de la masacre en un aura estética atemporal y, por ello, vigente en cada tiempo, en cada alma que se ve afectada por el conflicto, el despotismo y la violencia de las guerras. Se evita, por tanto, la caricaturización y la propaganda intencionada.

El cuadro en sí mismo recrea la complejidad geométrica del espacio cubista con la síntesis formal del trazo de Picasso, estilizado en un conjunto de fragmentos ordenados por la dirección de la luz que emana del quinqué sostenido en la parte central de la composición. Picasso trabaja, en una estructura horizontal, la alegoría del dolor y del consuelo, de la violencia y la fortaleza, de la muerte y la vida, destacada por las formas particulares de un cubismo sintético en las que esquematiza la forma en una variedad simultánea de movimientos, con la intención de acentuar el desorden, la sorpresa y el dolor que provoca un bombardeo, pero también la templanza de la condición humana y la esperanza de una flor que asoma en la entropía de un grito.

El artista es un catalizador: un canal que traduce las angustias, los dolores, la ira contenida y la protesta de su época.

Claves del cubismo de Picasso

El mismo sentido del espacio, re significado y estructurado por el movimiento cubista, se presta para la lógica interna de la obra. Las múltiples perspectivas y puntos de foco, los violentos escorzos y las poses afectadas por esa disposición plástica en la que se representa racionalmente la volumetría tetradimensional de los cuerpos (es decir, incorporando la dimensión tiempo), son sólo algunos de los aspectos que se cristalizan en la estética del estilo de Picasso.

Esta nueva representación estética del espacio hace que el artista traduzca su percepción del mundo en forma racional desde la visión simultánea de diversos planos de un objeto a la vez. Así, Picasso introduce un nuevo registro óptico del espacio estético, superando la visión tridimensional de la representación visual de la perspectiva y abriendo el espectro de visión a las variantes de tiempo, movimiento y espacio.

Bajo esta intencionalidad, los objetos son dislocados y fragmentados en el espacio pictórico, interpretando de forma plástica el juego de múltiples planos interiores, frontales, laterales y exteriores contemplados simultáneamente, por lo que el artista debe sacrificar la cualidad naturalista en la representación de la forma a cambio del esquematismo geometrizante de los cuerpos, estilizados y replastificados en líneas puras de un dibujo ingenuo, primitivista y frontal, mas no por ello técnicamente estudiado.

La interpretación cubista, por lo tanto, rompe con las convenciones de la perspectiva monocéntrica heredada desde el Renacimiento, pues en su discusión relativista de la naturaleza, el cubismo descompone la forma para representar diversos aspectos de un mismo objeto. En esta nueva construcción perceptiva, la técnica del cubismo impone a la misma naturaleza las formas geométricas derivadas de la mente del artista.

Con lo anterior, el “Guernica” refleja una propuesta anticlásica, en la que el punto de vista único se anula junto a la referencia de un espacio fijo e inmutable para el espectador del cuadro. En el “Guernica”, como en los estudios cubistas de Picasso, la disposición del espacio traduce una matemática pictórica —en el lenguaje de una física representativa—, donde el acento se coloca en la emancipación de una esclavizante perspectiva monocéntrica, para la completa traducción de una visión relativista de la naturaleza hacia un expresionismo vital humano.

 


JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ (1973-2015). Catedrático del Departamento de Letras, Comunicaciones y Periodismo de la Universidad Centroamericana de El Salvador (UCA). Colaboró con el proyecto “50 años de artes plásticas en El Salvador”. Fue asesor del equipo de producción del corto animado salvadoreño Víctimas de Guernica, para quienes escribió este ensayo. Es autor de, entre otros estudios: “La importancia de los dueños de la historia” (estudio narratológico sobre la complicidad de los medios en la recreación del pasado), ECA, Números 675-676, enero-febrero 2005; y Estéticas de la ausencia: evaluación de la resistencia cultural en el imaginario religioso de tradición prehispánico-colonial (tesis de grado de Maestro en Filosofía Iberoamericana, 2009). Al momento de su muerte trabajaba en el estudio La percepción del cuerpo en la pintura de El Salvador.