Ruth Grégori: “La loca idea de un festival de cine en Panamá” (crónica)

Cineastas de prestigio internacional, películas premiadas en festivales clase “A”, estrenos latinoamericanos y centroamericanos, un programa formativo paralelo y diverso, así como un significativo aumento de público se suman en el saldo favorable del que se va perfilando como el más ambicioso de los festivales de cine de la región.

Ruth Grégori
La Zebra | #5 | Mayo 1, 2016

La puerta del ascensor se cierra. Junto conmigo hay tres personas más en un espacio de menos de un metro cuadrado. Una de ellas es un hombre alto y delgado cuya cabeza topa al techo. Sé que intenta pasar desapercibido tras sus gafas de sol pero lo he reconocido y, sabiendo que tengo apenas unos segundos, me veo incapaz de retener mis ansias de hablarle:

“¿Pablo?”

“Sí…”

Apenas logro contener el caudal de impresiones que me martillaban en la cabeza desde la noche anterior:

“¡Qué peliculónnn…!”

Él sonríe, apenas.

“¡Ah!, ¿Viste la película?”, me dice la mujer a mi lado, Diana Sánchez, la directora artística del Festival Internacional de Cine de Panamá.

El clan, la última película del director argentino Pablo Trapero, entre cuyos productores figura Pedro Almodóvar, se estrenó en Centroamérica como parte del festival. Y, por unos breves segundos, tengo frente a mí a su director, escuchando lo que me provocó su película:

“¡Nunca me había pasado con una película, que me quedara… (vacío, no encuentro las palabras) pegada al asiento, sin que mi cerebro logre procesar ese final…!”

Él continúa sonriendo, pero mira con gran interés a través de sus gafas ahumadas. Me parece que se pasa un mechón por atrás de una oreja, bajo la gorra que acompaña el estilo informal de su saco sport, sus jeans y sus zapatillas.

La puerta del ascensor se abre. Sé que mi tiempo privado con él se ha agotado. Todos nos dirigimos al conversatorio que sostendrá con participantes de los sectores industria, prensa y estudiantil.

Basada en una historia real, vertida en géneros de thriller policíaco y de suspenso, la película cuenta la tragedia de una familia en la cual el padre, ex miembro del cuerpo de inteligencia militar de Argentina, luego de la dictadura, decide dedicarse al secuestro y el asesinato por encargo, junto con su familia…

Durante el conversatorio “Cómo llevar un hecho real a la ficción”, Trapero contó cuán difícil le resultó encontrar productores dispuestos a asumir una historia tan sensible para su país de origen, las dudas que generó su selección de Guillermo Francella, reconocido comediante argentino, para interpretar al oscuro personaje del padre de la familia Puccio, y lo incierto de un proceso de investigación en el que intentó no tomar partido a fin de no deshumanizar a los protagonistas de la historia: “Esta permanente búsqueda de la verdad en el proceso de investigación, puede ser desesperante, lo más fascinante de este trabajo, en especial, fue plantearnos a nosotros mismos si estos tipos eran culpables o no”. El clan rompió el récord de la taquilla argentina para un fin de semana de estreno y se convirtió además en la segunda película más vista en dicho país, sólo detrás de Relatos Salvajes de Damián Szifron (2014).

pablo_trapero-iff2016
El director argentino de cine, Pablo Trapero, presenta su película “El clan”. Foto: IFF.

Una idea loca

El programa del 5º Festival Internacional de Cine de Panamá, que se llevó a cabo del 7 al 13 de abril en la ciudad de Panamá, planteaba algunos problemas. Aun siendo amante del cine, ¿cómo se hace para ver 75 películas en 7 días? Sobre todo, cuando, como coincidían los comentarios en los pasillos de las diversas actividades, la fina curaduría de la muestra incluía lo más destacado y reciente del circuito de festivales, desde el Oscar a Cannes… Es cierto, en los tiempos que corren, la posibilidad de encontrar algunas de ellas a través del internet es una alternativa importante en nuestros países centroamericanos en que se mantiene el imperio de Hollywood, pero la magia de ver estas películas en la gran pantalla sigue siendo incuestionable.

La oferta en el género de ficción incluía algunas que compitieron al Oscar por mejor película extranjera: la polaca que finalmente se alzó con la estatuilla, El hijo del Saúl, la turca Mustang y la colombiana El abrazo de la serpiente; así mismo se exhibió la ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes 2015, Dheepan, de Jacques Audiard. Entre los documentales más reconocidos a escala internacional se incluyeron El botón de nácar, de Patricio Guzmán, obra ganadora del Oso de Plata del Festival de Berlín en 2015, y Él me llamó Malala, de Davis Guggenheim, sobre la vida de Malala Yousafzai, la mujer más joven en ganar el Premio Nobel de la Paz, que cuenta ya entre sus premios el de la Academia Británica de cine al mejor documental. La sección del panorama centroamericano y caribeño incluyó siete películas panameñas, cuatro costarricenses (una en coproducción con Estados Unidos) y seis coproducciones con países del Caribe.

El problema se agravaba un poco si interesaba aprovechar la variada oferta del programa educativo. Talleres,  charlas, conversatorios y foros sobre una gran cantidad de temas… ¿Cómo dividirse…? Se imponía elegir, a sabiendas de que ello implicaría la pérdida de alguna otra cosa de valor…

Atravieso algunas calles del Panamá Viejo desde el Hotel American Trade Hotel, sede operativa del festival, hasta la sala del Teatro Anita Villalaz y constato que está prácticamente abarrotada. Recién ha iniciado el panel foro “Cómo romper las barreras de la distribución en el Mercado de América Latina”.

Pituka Ortega Heilbron, directora del festival de Panamá, cuenta que la llamaron “loca” al querer impulsar la idea del festival de cine en Panamá, pues aseguraban que “nadie quería ver ese tipo de cine”. Las cifras de boletos vendidos demostraron lo contrario.

pituka-iff2016.jpg
Pituka Ortega Heilbron, fundadora del 5to Festival Internacional de Cine Panamá 2016, durante el evento de clausura, en la ciudad de Panamá. Foto: IFF.

Un cambio de lógica

Ilda Santiago, directora del Festival de Río en Brazil, dice: “Debemos cambiar la lógica de que a nadie le gusta ver este tipo de cine. Nuestro cine es de nicho…”.  En Suramérica, añade, un factor determinante, a pesar de los fallos, fue el impulso del MERCOSUR, que favoreció las coproducciones al facilitar las condiciones para importaciones y pago de impuestos entre los países miembros del mismo. Pero cuando se trata de economía y cine, Luis González, vicepresidente de la compañía distribuidora Palmera Internacional, hace una advertencia clara: “Un cineasta no se puede dedicar a vender su película, para eso están los especialistas en mercado, los agentes de ventas”, dice.

Coincide en ello otro de los panelistas, quien afirma que siempre que habla con directores jóvenes les da el mismo consejo: que si no saben vender sus películas se consigan “un amigo duro con los negocios” que se entienda con quienes sólo entienden el lenguaje de los números de taquilla. Cada vez que él habla, se encienden reflectores desde la parte de atrás de las butacas. Se trata de un hombre bien parecido, de piel clara y mandíbula pronunciada, cuyos bíceps tensan la tela de la camisa polo azul que le ciñe los brazos. Viene a mi mente que en la breve descripción de los currículums de los panelistas figuraba un actor de telenovelas. Habla con pasión sobre el imperialismo cultural y la fragmentación de las identidades en nuestro continente, y esas palabras resultan contrastantes con las referencias a sus experiencias de trabajo con Telemundo, Kathryn Bigelow… ¡¡¡¿¿¿???!!! (Ganadora del Oscar a mejor película en 2008 por The Hurt Locker, sobre Avatar de su exesposo James Cameron, parte de la “crema y nata” del imperio del cine: Hollywood)… Más adelante el contraste cobra sentido: dice que estudió periodismo en su natal Venezuela, antes de imaginarse siquiera que sería actor. Actualmente también es productor, su película Desde allá —coproducción Venezuela-México— figura en el programa del festival de Panamá. Al terminar el panel, él sale primero, y la gente se arremolina en torno a él. Varias jovencitas y jovencitos se le acercan para tomarse fotos con él. Flashes y cámaras le rodean, tal cual estrella de cine de Hollywood. Le pregunto entonces a Karla Quintero, coordinadora del programa educativo del IFF: ¿Quién es él, que despierta tanto revuelo?

“Él es Edgar Ramírez”, dice, “y es quien ha encarnado a Mano de Piedra Durán en Hands of Stone”.

¡Ah…!, me digo, ahora entiendo. El boxeador Roberto “Mano de piedra” Durán es casi un héroe nacional en Panamá, algo así como “El Mágico González” en El Salvador. En el reparto de dicha película aparecen también Robert De Niro y Rubén Blades.

edgar_ramirez_iff2016.jpg
El actor y productor Edgar Ramírez responde preguntas del público. Foto: IFF.

Triunfos y costos

Entre otros invitados reconocidos que participaron en actividades especiales se contaron actores de prestigio internacional, como el argentino Ricardo Darín (El secreto de sus ojos, ganadora del Oscar a mejor película extranjera en 2010), el español Luis Tosar (Celda 211, Goya a mejor película en 2010), el mexicano Damián Alcázar (Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian, 2008). Entre las actrices, la española Marisa Paredes (Tacones Lejanos, 1991; La vida es bella, 1997), y la italiana-española Lucía Bosé, a quien se dedicó un homenaje por su trayectoria fílmica que incluye trabajos con directores como Federico Fellini, Michelangelo Antonioni, Jean Cocteau; Marguerite Duràs, Luis Buñuel y Juan Antonio Bardem.

Ambas actrices se sentaron junto con el crítico de cine y periodista de espectáculos de la cadena CNN, Juan Carlos Arciniégas, en un conversatorio durante el cual Lucía Bose recordó que luego de rodar su primera película (No hay paz en los Olivos, Giusseppe de Sanctis, 1950) la crítica la destrozó: “Ni un solo periódico dijo algo bueno”. Ella —que hasta entonces no se había tomado en serio la actuación—, comenzó entonces a trabajar en serio en convertirse en actriz. Pero la vida que eligió también tuvo costos. Bosé afirmó que no consideraba haber sido una buena madre, y que como resultado de ello con el único de sus hijos con quien logra sentarse a conversar más allá del saludo es con Miguel Bosé, quien siguió sus pasos en el mundo del espectáculo. De hecho, él fue uno de los invitados que llegó hasta el festival de Panamá para estar presente en el homenaje a su madre.

Marisa Paredes asentía las palabras de Lucía sobre las dificultades para dedicarse a la actuación cuando se es madre. Ella reconoció que de no haber sido por la suya, no podría haberse ido de rodaje con Pedro Almodóvar y tantos otros directores con los que trabajó. Pero Paredes tampoco tuvo un inicio fácil. Tenía solo 13 años cuando comenzó a frecuentar religiosamente uno de los teatros cercanos, y cuando una de las actrices le preguntó a qué se debía que estuviera siempre ahí, ella le respondió que quería ser actriz. Enternecida, la mujer le dijo que llegara al día siguiente, y así le abrió las puertas para integrarse al grupo teatral, que entonces era la única manera de formarse como actriz. Pero cuando, tres años más tarde, le ofrecieron la oportunidad de un contrato, su padre se opuso. Como menor de edad, toda su posibilidad de respuesta se concentró en el llanto, y en la negativa a comer. Su madre, preocupada porque se fuera a morir, convenció finalmente al padre, y así logró comenzar su carrera con la bendición paterna.

lucia_bose-marisa_paredes-iff2016
Lucía Bosé y Marisa Paredes conversan sobre sus carreras como actrices. Foto: IFF.

Alicientes al cine

Además de tal cantidad de estímulos, intelectuales y emocionales, por doquier, hay aún otro aliciente de gran atractivo para quienes se encuentran realizando esfuerzos por producir cine en una región en la que apenas comienzan a surgir escuelas con programas de cine acreditados o fondos nacionales de apoyo financiero: la sección “Primera Mirada”. Se trata de un espacio de competencia por acceso a fondos para obras en etapa de post-producción para obras centroamericanas y del Caribe, entregado por primera vez durante el IFF Panamá 2015. La ganadora de la edición anterior fue Te prometo anarquía, del guatemalteco radicado en México Julio Hernández Cordón, cuya exhibición formó parte del programa de películas del IFF Panamá 2016. Este año, se entregaron dos premios, luego de que un jurado valorara los méritos de cinco finalistas entre las 46 obras recibidas. El primero de ellos fue de diez mil dólares (US$ 10,000) para la película dominicana Noelí en los países, de la directora Laura Amelia Guzmán; y el segundo de cinco mil dólares (US$ 5,000) para la película panameña Sultán del director Enrique Castro. La película ganadora del primer premio recibió además el pase directo para su proyección en el Marché du Films de Cannes, gracias a la alianza entre IFF Panamá y la sección de mercado del festival francés, el mayor del mundo.

Con todo, la oportunidad de encontrarse con otros directores, productores, fotógrafos, músicos, sonidistas, actores, críticos y tantos otros especialistas en ejercicio activo dentro del campo de la realización cinematográfica, supone un espacio excepcional para el intercambio de ideas, experiencias, contactos, conocimientos e información. Abre la puerta para comenzar a tender puentes entre los esfuerzos aislados que se realizan en los distintos países de la región y, esencialmente, entre personas que comparten un amor por el lenguaje común del cine. Esto también se aplica a la posibilidad de encuentro entre creadores y público mediante la obra cinematográfica. La avidez por hablar queda evidenciada por los números de obras estrenadas y sometidas a concurso. La avidez por escuchar y reaccionar queda en evidencia a la luz del incremento de asistentes de las dos últimas ediciones: de 28,624 en 2015, a 38,348 en 2016.

teatro_amador-clausura-iff2016.jpg
Fiesta de clausura del 5to Festival Internacional de Cine Panamá 2016. Foto: IFF.