Ignacio Ellacuría: “Memoria de monseñor Romero” (opinión)

Este breve texto, una reflexión sobre la labor de los artistas como forjadores de la memoria viva de la historia y el pensamiento, es la presentación que escribió Ignacio Ellacuría para el libro Homenaje a Monseñor Romero (San Salvador, 1988), en el que se recogen obras de importantes pintores en torno al martirio de Monseñor y al vía crucis del pueblo salvadoreño.

Ignacio Ellacuría
La Zebra |
#6 | Junio 1, 2016

Hay una memoria, que es un mero recuerdo del pasado; es una memoria muerta, una memoria archivada, una memoria de lo que ya no está vivo. Hay otra memoria que hace presente el pasado, pero no como mero recuerdo sino como presencia viva, como algo que sin ser ya presente, no es tampoco del todo ausente, porque en definitiva es parte de la propia vida; no de la vida que fue y pasó sino de la vida que sigue siendo.

Con Monseñor Romero y su memoria, la pregunta fundamental es de qué memoria se trata: ¿Una memoria muerta o una memoria viva? ¿La presencia de un cadáver al que se venera o la presencia de un resucitado, que interpela y vigoriza, alienta y dirige?

Las dos memorias se están dando. Una es la oficial e institucional y la otra es la popular; una es la local y otra es la universal. Nadie se olvida de Monseñor Romero, pero no todos lo recuerdan como resucitado y presente. En algunos opera más el temor de que la Iglesia y el pueblo vuelvan a encontrarse con los dolores de parto de aquel tiempo crucificado. Lo pasado ya pasó. Hasta puede considerarse como un pasado glorioso, un pasado del cual vana-gloriarse, pero que no ha de seguir dándose por cuanto “son otras las circunstancias, es distinta la situación”. Son, es cierto, distintas las circunstancias y la situación, pero es más clara aún la ausencia del Espíritu, la pascua o paso del Señor, como se dieron en monseñor Romero.

Pero está también la presencia popular y universal de monseñor Romero, la que no tiene miedo, porque el Señor resucitado sigue vivo entre quienes la mantienen y, junto a él, Monseñor resucitado, vivo en el cielo y vivo en la historia. El pueblo sigue muriendo en El Salvador y con él sigue muriendo Monseñor; el pueblo sigue viviendo y esperando, en medio de su muerte y de sus angustias y con él sigue viviendo Monseñor. En ese pueblo de aquí y de todas partes, en ese pueblo de creyentes y también de militantes, por fuera no creyentes, pero a quienes Monseñor ilumina y vivifica, crítica y corrige, se da, ciertamente, la otra memoria, la memoria de la vida que da vida, la memoria cuidadosa del cuerpo histórico de Cristo, del pueblo de Dios, que somos todos.

Este libro recoge una parte de esa memoria viva, la memoria que vivifican y proyectan los artistas plásticos. En él se recogen las víctimas que cayeron brutalmente atormentadas y que fueron convirtiendo y santificando a Monseñor; en él se recoge la conexión compleja y ambigua de su vida y muerte con otros señores de la vida y de la muerte; en él se recoge la transformación de la semilla en mazorca y fruto, de la vieja ciudad en la nueva. Ojalá este libro, hecho con amor, apoyado internacionalmente por quienes buscan un Monseñor vivo, no amortajado, ayude a mantenerlo, no sólo resucitado sino vivificante.

¡Sigue siendo tan necesario este monseñor Romero!

Primera página del impreso original del texto de Ignacio Ellacuría sobre Monseñor Romero, fechado por el autor en octubre de 1988.
Primera página del impreso original del texto de Ignacio Ellacuría sobre Monseñor Romero, fechado en octubre, 1988.

IGNACIO ELLACURÍA BEASCOECHEA, Sacerdote Jesuita (Portugalete, Vizcaya, 9 de noviembre de 1930 – San Salvador, El Salvador, 16 de noviembre de 1989). Fue un filósofo, escritor y teólogo salvadoreño (naturalizado). Su obra está reunida en más de una veintena de exhaustivas recopilaciones de sus escritos organizados en cuatro grandes categorías: teología, filosofía, política y pedagogía universitaria. El principal difusor de sus libros es la editorial de la Universidad Centroamericana de El Salvador (UCA).