Osvaldo Hernández: “William Alfaro y la leyenda del lobo urbano” (crítica)

Pocos poetas son tan intensamente urbanos como William Alfaro, cuyo San Salvador reproduce la geografía de un infierno donde el camino de la redención comienza con el primer verso de amor, según el trayecto que traza su primer libro de poesía Proclive.

Osvaldo Hernández
La Zebra | #7 | Julio 1, 2016

Te preguntarás de qué infierno vengo
de este
tan próximo a tus labios
de la acuciosa paradoja
universo de páginas ensangrentadas
donde el peso del alma obedece a la gravedad
y el amor se va tal y como vino
William Alfaro

En los poemas reunidos en este volumen hay dos rasgos que, por su misma naturaleza contradictoria, obligan a leer con no poco desconcierto y sensación de asfixia.

La una es una especie de culto al miasma de la ciudad, un vaivén entre los estertores de la noche, una mezcla de acres olores y ruidos inmisericordes, un vía crucis entre la sordidez y el espanto, entre los excesos.

Yo nací en una ciudad llena de sombras, cadáveres y gente alegre, eternamente alegre.
Apenas abrí los ojos, me sorprendió una guerra.
Observé a mis hermanos devorando los huesos de mis hermanos.
A los hijos atacando a su padre y su madre, a la tierra tragando polvo y lodo.
Adelante me atraparon tres terremotos, un huracán, y enormes tormentas que vomitaron de sus entrañas a mis hermanos asesinados.
Luego, un hombre me llamó con un libro, un libro abierto con las páginas corroídas que escapaban como murciélagos, buscaban la clandestinidad y el olvido, pero nadie las olvidó, nadie.
Ahora, un volcán despierta sobre mi estómago, somos sombra nuevamente, tímida y callada sombra que espera una luz que ilumine nuestra tiniebla.
Yo vivo en la ciudad que nací, cuento los sismos y la lluvia con los cabellos de mis hijos.
Ellos nacieron en una ciudad llena de sombras, cadáveres y gente alegre, eternamente alegre.

“Reseña”

La otra, que hace contrapeso y nos salva de la convulsión mental con que nos ha amenazado una de las almas del texto, es la ternura. Un amor que gravita en sus distintas dimensiones y espacios, que hace de los seres amados el salvavidas del poeta que regresa después de lidiar con su lobo estepario, y que acepta su condición mesiánica sin saber de quién o de qué es mesías.

Y sueñas a mi lado, duermes.
La sábana dibuja tu esencia desnuda,
senos cubiertos por el aire,
carne revelada por la luz.

Mis ojos cruzan los senderos del lienzo,
las fronteras de tu piel.
Tu cuerpo es una tierra habitada por mi cuerpo,
un presagio de las manos,
una voz nocturna, eco constante.

Viajo por los resquicios de la noche.
La boca entreabierta de los fulgores
susurra una inmemorial letanía de amor.
Traduce en gemidos el lenguaje de los cuerpos.

Tú y yo, apenas un sueño,
la prolongación de los tiempos.
Carne reencontrando carne,
“je vais et je viens”.

Tú me buscas,
me encuentras,
volvemos.

Sueñas a mi lado,
y yo,
sueño con un sueño.

“Metáfora sexual”

En esa condición de saberse bestia que otea el estro y no aceptarse como tal —volver al redil es aceptar la lana y desdeñar los colmillos—, un puente por el que el poeta va y viene a su albedrío: un canto al erotismo, mezcla de leyenda urbana de hotel de paso y epitalamio, para negar la renuncia de todo, incluso la redención.

Ya ves, nos vencieron
ahora baja de esa cruz
y sígueme.

“El Elegido II”

William Alfaro (San Salvador, 1973) es poeta y periodista. Perteneció al taller literario El Cuervo y al proyecto multimedia El verbo en la ventana. Durante más de un lustro coordinó la peña cultural Miércoles de Poesía. Ha publicado de manera dispersa en periódicos y revistas de la región, además de la plaqueta de poesía Déjà VuProclive (Alkimia Libros, San Salvador, 2007) fue su primera publicación en formato de libro.

 

Más sobre el autor reseñado en La Zebra:
William Alfaro

 


OSVALDO HERNÁNDEZ (Chalatenango, El Salvador, 1976). Poeta, profesor y editor. Cursó estudios superiores de literatura en la Universidad de El Salvador, San Salvador. Perteneció al taller literario El Cuervo y al proyecto artístico El verbo en la ventana. Ha publicado dos libros de poesía: Parqueo para sombrillas (San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, 2004); y Parábola de los ríos (SIEDIN, Universidad de Costa Rica, Costa Rica, 2015). Aparece en las antologías Trilces trópicos, Poesía emergente en Nicaragua y El Salvador (Barcelona: la garúa, 2006), Cruce de poesía: Nicaragua-El Salvador (Managua: 400 elefantes, 2006), y el Segundo índice antológico de la poesía salvadoreña (Índole Editores y Kalina Editores, 2016).

La fotografía, un autorretrato del poeta, se reproduce por cortesía de William Alfaro.