Alberto López Serrano: “Eros en el chat” (poesía)

En un doble juego de anacronismos e intriga erótica, la mitología griega y la realidad tecnológica actual se conjugan en un lenguaje que adopta con precisión e ironía los matices de la antigua poesía griega a través de seis sonetos.

Alberto López Serrano
La Zebra |
#8 | Agosto 1, 2016

I. Introducción

Jorge Ávalos

Cantos para mis muchachos es el más reciente libro publicado por el poeta salvadoreño Alberto López Serrano (1983). En un doble juego de anacronismos e intriga erótica, la mitología griega y la realidad tecnológica actual se conjugan en un lenguaje que adopta con precisión e ironía los matices de la antigua poesía griega, pero en la forma de mayor resonancia clásica del lenguaje español: el soneto. Según Edwin Gil, este libro es “un trabajo de paciencia y cincel, donde el poeta registra a manera de bitácora el viaje de su navío en el incierto océano de la pasión amatoria. A ratos, la serenidad del que reflexiona sobre el Amor como potencia humana que crea y recrea el universo; a ratos, el ímpetu se vuelca en momentos de un erotismo sin tapujos.” El ciclo a continuación, “Eros en el chat”, es la parte VII del libro Cantos para mis muchachos, que consta de 500 poemas. Estos seis sonetos se identifican del 348 al 353; para no confundir al lector los hemos numerado del 1 al 6.

II. Eros en el chat

Alberto López Serrano

1

Tiene el amor eléctrica la fibra
que enlaza (mientras luz al ojo estalla)
un rostro que a través de cables vibra
cuando el te amo aparece en la pantalla.
Amantes que, buscando sus pasiones,
revelen la verdad sobre su estado,
pues Eros, que los llena de ilusiones,
los ata con los dardos de un teclado.
Trenzando con sus alas cada paso,
de Eros la antorcha inflámales a verse,
el bello dios los mueve a conocerse,
y en el incendio de la antorcha acaso
encuentren el Amor en un extraño
si de las suyas no hace el Desengaño.

2

«Ya verás cuando te halle, delincuente,
vas a pagarme por usar tus tretas
conmigo y dominar con tus saetas
informáticas mi alma combatiente.»
«Ares, ¿acaso fui muy imprudente?
Disculpa, soy un niño y mis saetas
no controlo. Si fueron indiscretas,
con mis flechas seré menos hiriente…»
«Calla, que me convence tu discurso,
menos la parte de que un niño tú eres.»
«Ares, luego, ¿que pague qué tú quieres?»
«Por error con Dioniso en tu recurso
me citaste y, aunque éste se enfadara,
te debo que después con él me amara.»

3

«Eres, Hermes, hermoso mensajero,
tu meneo mi cítara levanta. »
«¿Y sabes qué de ti mucho me encanta?
Eres, Apolo, flechador certero;
tu flecha y jabalina en mí yo espero.»
«También soy hábil y amplio de garganta,
seguro como yo nadie te canta. »
«No me incites, Apolo, tan ligero,
como si urgente fuera nuestro encuentro.»
«Sin perder tiempo, amigo, estemos dentro,
el uno al otro alternativamente.»
«Volaré a tu palacio ahora mismo.»
«Pero apúrate, que ardo», con cinismo
Eros escribe en burla muy sonriente.

4

«Tú ya sabes que soy de gran belleza,
a Apolo nunca le has negado un beso.»
«¿Acaso no serás Eros travieso
y quieres engañarme con tu empresa?»
«¿Acaso crees tú que soy mentira?
Hermes, Apolo soy, no dudes eso.»
«¡Olvida! A mí me gusta más que un beso,
ya quiero ser amado por tu lira,
Febo… si lo que dices es seguro;
mas donde llegues a ser Eros, juro
que arrancaré tus alas con mis manos…»
«Mejor aquí dejemos el asunto.
Veo que eres violento y, a tal punto,
no me gustan los dioses muy tiranos.»

5

Dialogando los dioses en sus salas,
la de Kypris ardientes abarrotan.
Mas Eros, cuando aquellos no lo notan,
usa sus máquinas y, por sus alas,
niega cámara y usa falsas fotos.
Provocó que Ares fuera con Dioniso
y este enfadara por lo que Eros hizo.
Una vez le dejó los cascos rotos
a Pan por perseguir a Ganimedes
en una falsa cita de las redes.
Zeus casi lo fulmina y, ni por eso,
Eros deja sus juegos en las salas.
Burlándose sonríe, abre sus alas
y déjanlo ir los dioses al travieso.

6

En charlas inmortales demorado,
Eros frente a su máquina, sonriente,
describe su belleza al remitente,
pues cree de él haberse enamorado.
Aunque la imagen de su nuevo amado
no conoce, seguro está que siente
consumirse por él de amor ardiente
y su más grande flecha se ha clavado.
Seguro que su amado es como Apolo
o Hermes, Dioniso, a dioses igual sólo,
lo eleva a la belleza hasta el extremo.
Y tras bajar al mundo por su cita,
raudo al Olimpo el vuelo precipita
al darse cuenta que era Polifemo.

 


El dibujo del artista salvadoreño Alberto Escobar, “Censurado” (2012, titulado así porque fue removido de una exposición), es el que aparece en la portada del libro Cantos para mis muchachos.