Juan B. Juárez: “Ricardo Lindo: el pastor del Ser” (crítica)

Una reflexión sobre Ricardo Lindo como poeta “esencial”, filosófico y místico, pero terrenal a un mismo tiempo, a partir de su libro El Señor de la Casa del Tiempo (1988).

Jorge Ávalos
Ilustración de Erwin Guillermo
La Zebra | #10 | Octubre 27, 2016

I

De acuerdo con Ricardo Lindo, el trabajo del poeta consiste en soñar. Es decir, en dejarse habitar por el Universo, incluyendo, por supuesto, su parte más misteriosa y cierta: la muerte.

Dado que todos soñamos y estamos, en consecuencia, habitados por el Universo y la muerte, los que no son poetas son aquellos que se resisten a serlo. De alguna manera entendemos que esa resistencia a ser poetas obedece a una especie de desconfianza, algo así como un instinto que nos mantiene en el limitado ámbito de la vigilia, sin darnos a nada ni a nadie, consumiéndonos en el lúcido delirio de la simple e ilusoria identidad corporal.

En el sueño profundo, en cambio, no somos dueños de nosotros mismos, sino unos seres que reposan confiados al borde de su extraña vida, iniciada en los orígenes al mismo tiempo que las estrellas y los mares y sustentada desde siempre por la tierra y el viento. En el sueño profundo el Universo se dilata y nos penetra y el yo naufraga en el oscuro misterio.

II

Ricardo Lindo es un soñador profundo. Sus poemas son el relato de sus visiones y, en la medida en que se trata de un poeta esencial, son la transcripción reposada y tranquila del misterio.

En el presente libro, el poeta —huésped del Universo— recorre las infinitas estancias de la Casa del Tiempo. Le es dado palpar los muros de viento, ver reflejado en el piso de estrellas un hondo techo de lluvia y asomarse a las altas ventanas que dan al olvido. Su actitud es siempre de aceptación, confianza y profundo respeto:

¿Cómo pasear en medio del jardín
sin dañar una rosa
con el más leve pensamiento?

La Casa del Tiempo es un vasto presente que se extiende hasta los límites del Ser, y en cuya arquitectura de reflejos y transparencias se hace evidente la relación que todos los seres guardan entre sí. En ese sentido las imágenes a las que recurre Ricardo Lindo para relatar su experiencia en la Casa del Tiempo —su vida misma— no son invenciones del poeta sino que, más fiel a su duro oficio de soñador, las que encuentra inscritas en las cosas mismas; y así, redescubre la eterna relación que existe entre las estrellas y las plantas, entre el mar y la muerte, entre el alma y el viento, y puede llamar con frescura y naturalidad —y también con gravedad— “madre” a la tierra; y en fin, siguiendo esa infinita cadena de identidades y correspondencias, por medio de la cual los seres se iluminan y se anulan unos a otros, también redescubre la eterna inmovilidad del Ser que hace que incluso la muerte sea una fugaz forma de Lo Mismo.

III

Los poemas de El Señor de la Casa del Tiempo surgen de la visión reposada y tranquila del poeta Ricardo Lindo. Realizados desde una actitud de aceptación, confianza y respeto se desarrollan en un tono profundo y distante y con un ritmo lento y solemne, pues al poeta no le es dado más que soñar y nombrar, y “dejar que las cosas sean”. Incluso en el caso de sus sentimientos, que podríamos decir que son de su exclusiva propiedad, el poeta se limita a registrarlos y su temor a la muerte, su angustia existencial y su radical soledad no desembocan en rebeldía ni en ninguna actitud evasiva o absurda, pues tal actitud lo anularía como poeta esencial.

Poemas sin tiempo, los de Ricardo Lindo. Proceden de una antiquísima tradición: la del poeta visionario a quien le es dado la contemplación del Ser y la revelación de los altos designios de los dioses; misión ésta que ha hecho afirmar a Martin Heidegger que “el poeta es el pastor del Ser”.

Guatemala, junio de 1998


JUAN B. JUÁREZ (Guatemala, 1951). Escritor, crítico de arte y artista plástico. Estudios de filosofía y literatura en la Universidad Rafael Landivar. Ha publicado Pintura viva de Guatemala (1984); Carlos Mérida (1992), y más de mil artículos sobre la obra de artistas guatemaltecos que documentan tres décadas de arte guatemalteco y un gran número de artistas. Así mismo ha dictado conferencias sobre arte en universidades e instituciones culturales de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Como artista plástico expone su obra en Galería El Túnel en 2009, Callejón del Fino 2009, y participa en los principales eventos artísticos del país.