Ruth Grégori: “Injuria del injuriado” (crónica)

Las “Injurias” de Ricardo Lindo resonaron transgrediendo un silencio de años en su presentación en La Luna en mayo de 2004.

Ruth Grégori
Retrato del autor por David Méndez
La Zebra | #10 | Octubre 27, 2016

No son amables ni lindos los poemas de Ricardo. Son injurias. Palabras de serpiente blanca sobre un fondo negro, oruga que se desmiembra y se transforma en gotas de lluvia.

Entra vestido de negro y cabeza entrecana, recitando, yendo hacia el escenario, en medio de la oscuridad que reina en La Luna. Se sienta, y su lectura es un susurro melodioso que destila veneno. Veneno que le fue escupido, veneno que calló y acumuló por años, veneno que devino en poesía injuriosa.

…Índices maliciosos apuntan con escarnio…
Y secas serpientes se elevan
blandiendo finas lenguas bífidas
y derramando pus y hiel…

Un coro de voces se alterna en el diálogo. Voces de viejas hipócritas se vuelven públicas y murmuran: “Y, pues aquel es gay”. Y el poeta contesta: “Toda forma de amor si con amor se ejerce está en Dios y es en Dios”.

Palabras de amor y recriminación se suceden, palabras irrepetibles e indescriptibles en su belleza.

Hacia el final del liberador recorrido, el vestido negro se transforma en blanco: “Termino y canto con la rama del olivo…” Vence el poeta.

Años de incubación

Hay un cierto heroísmo en atreverse a decir verdades que nadie quiere decir, en desnudar públicamente el universo que se calla dentro. Sacar afuera los demonios también tiene un efecto de sanación.

Pero lo que Ricardo Lindo hace en su último poemario Injurias es, además, o quizá más que todo eso, poesía. Innegable poesía, por la fuerza emotiva y la belleza con que son expresadas las ideas, los dolores, el mundo íntimo de reflexiones. Nadie que haya escuchado, en la presentación del poemario, o de quienes hayan leído estos poemas, puede quedar inmune al golpe de sus palabras.

En palabras de Ricardo Lindo, este poemario es “una respuesta a muchos años en los que yo no me sentía con la fuerza para contestar, o bien hubiera contestado de una manera agresiva. Es a su vez injurioso, sin duda, pero una injuria muy razonada. No es un porque sí. No hay una línea gratuita, no hay una palabra gratuita”.

Un marco inmejorable

Si las letras son las protagonistas, no menos importante es la forma en que estas se presentan. En este aspecto, la poesía de Ricardo Lindo tuvo un marco inmejorable en la concepción creativa de la presentación del poemario Injurias.

Gracias al incontenible caudal creativo de Beatriz Alcaine, dueña del Bar-Restaurante y Centro Cultural “La Luna”, en donde se presentó y publicó el poemario, el diseño de “Injurias” escapa al tradicional libro. Es este una especie de acordeón con dibujos al derecho y al revés, en blanco y negro, creados por ella misma a propósito de los poemas.

Pero la combinación Ricardo-Bea también produjo un espectáculo escénico novedoso, uno de los eventos más originales y emotivos que en los últimos días haya protagonizado la poesía al ser invocada ante un público.

En un escenario con telón de fondo negro, piezas colgantes, a cara, negra, y corona, blanca, hicieron emerger figuras a través de versátiles combinaciones de las mismas piezas, bien un gran gusano blanco, bien, gotas de lluvia blancas, evocando imágenes de los poemas a medida que estos eran leídos.

A lo largo la lectura dramática, el movimiento escénico involucró la representación de personajes, a cargo de dos actores y una actriz nacionales, quienes, además de su expresiva lectura lograron interactuar con el público, por ejemplo, al entrar cuchicheando, agazapados entre la gente. La tensión “dramática” también fue creciendo y bajando hacia el final, cuando se acababa el ritual catártico y liberador.

“El remanso de paz está al final porque existen las injurias, tenía que desahogarme para reencontrar mi paz”, dice Lindo. “No es cierto eso que uno dice de ‘me callo para que no hayan problemas’. Los problemas lo siguen revolviendo a uno por dentro. Después puedo ya restablecer mi paz interna, e incluso ya estar en otro período de relación con la misma gente que me ofendió. Pero si uno no saca su agresividad es mentira que ésta desaparece, que las cosas se olvidan. Siguen corroyéndolo a uno por dentro”.

Discriminación contra los gay, ¿también en la literatura?

La escritora salvadoreña Jacinta Escudos escribía la semana pasada en un periódico nacional sobre el encuentro “Escribiendo desde el centro de América”, realizado en España, en el que, entre otros temas, se abordó la situación de los autores gay en Centro América. Escudos refiere que en la ponencia “El escritor y la experiencia del closet”, el costarricense Uriel Quesada expresó: “A los autores que son homosexuales o que tratan este tema, se les ha impuesto la ley del silencio”, la cual inició un animado debate.

Pese a que Injurias no aborda en particular el trato que haya podido recibir la obra literaria de Lindo, cabe preguntarse sobre la posibilidad de que la suya o la de otros artistas haya sufrido sabotajes, discriminación o intentos de silenciarla en nuestro país.

El poemario Injurias es un canto de autodefensa, de ejercicio del derecho de respuesta, tan particular y tan lleno de ira, emoción tan cantable como el amor y el patriotismo. Universal por cuanto la discriminación tiene diferentes rostros y afecta a muchas personas de distinta manera. Y la paz, no está en el silencio.

 


Publicación original:
El Faro, San Salvador, 17 de mayo de 2004.