Charles Simic: “Ojos sujetos con pinzas” (poesía)

Tres poemas fantasmagóricos de un poeta clave de la literatura contemporánea de los Estados Unidos.

Charles Simic
Traducción e introducción de Jorge Ávalos
La Zebra | #15 | Marzo 1, 2017

I. Introducción

Jorge Ávalos

Charles Simic nació en Belgrado, Yugoslavia, en 1938. En 1953 se mudó con su familia a los Estados Unidos. Sus primeros poemas aparecieron publicados en 1958, cuando tenía 21 años de edad. Es profesor de literatura en la Universidad de New Hampshire. En 1991 recibió el Premio Pulitzer de poesía por su colección de poemas en prosa The World Doesn’t End. Ha publicado más de sesenta libros y es un importante traductor al inglés de poesía escrita en Serbia, Croacia, Eslovenia y Macedonia.

Simic es un poeta muy inusual en Norteamérica. Sus poemas reflejan una doble conciencia. Por un lado, su cadencia y abordaje del lenguaje inglés lo sitúa claramente entre los poetas norteamericanos de su generación; es un poeta muy directo y sus imágenes más intensas y persuasivas surgen de un encuentro espontáneo con la realidad inmediata: allí están contenidos los personajes, los lugares, los gestos y los objetos de la vida cotidiana en los Estados Unidos. Y sin embargo hay algo que no encaja: Simic devela una realidad oscura, supersticiosa, incluso malévola bajo todo esto. Al leerlo, tengo a menudo la impresión de que leo traducciones al inglés de un enigmático poeta de Europa oriental. Simic escribe con la limpieza verbal de un reportero para exponer imágenes que conectan con una historia oculta y atroz.

«Fábrica de juguetes» es un poema con una intensa cualidad kafkiana en cuanto a su capacidad para disociar el tono del contenido. No existe el binomio civilización versus barbarie; pero sí existe esto: el horror rutinario, la barbarie de la que se sirve la civilización para sostenerse. La fábrica de juguetes de la que Simic nos habla pertenece a un mundo, a una sociedad en la que el castigo por ejecución ha sido normalizado al punto de ser incorporada en los juguetes infantiles. Lo que aterra de esta posibilidad es la ausencia absoluta de un punto de vista moral. Simic, como un gran narrador de ficciones, encuentra la manera de trazar una complicidad absoluta: ubicando la acción en una fábrica de juguetes incorpora la ejecución por fusilamiento en la estructura económica y familiar de la sociedad. Pero lo más espeluznante para un lector es que el punto de vista es localizado en la mente de un niño, quien describe con impasible naturalidad el trabajo de sus padres, encargados del control de calidad de los juguetes al final de la línea de ensamblaje.

Dije que la poesía de Simic parecía traducida de otro idioma; esa sensación se da porque su lenguaje se transparenta a favor de la acción narrativa. De ahí que le interese siempre establecer con la mayor objetividad posible la localidad, los personajes y la acción. La mayoría de traductores favorecen un lenguaje transparente, orientado principalmente a exponer el sentido del original. Pero la transparencia del lenguaje de Simic no es equivalente a la del narrador en prosa, porque no fluye en el tiempo. Su síntesis poética provee elementos de acción narrativa para pintar poderosas imágenes detenidas en el tiempo. Y esto lo hace relativamente difícil de traducir. Es fácil traducir los poemas de Simic de forma literal, y de tal manera que el sentido no se pierda. Es mucho más difícil conservar el espíritu de asombro que transmiten las versiones originales.

Nunca me siento satisfecho al traducir un poema de Simic. Acabo realizando una infinidad de ajustes mínimos: moviendo comas, reordenando las frases y limpiando la cadencia de una oración para evitar distracciones. Transparentar el lenguaje de esa manera se siente como una labor artesanal, como pintar un muñequito de madera, lijando aquí y allá, y pintando botoncitos para hacer la imagen más natural, para dar sentido y fuerza al efecto total.

Si en «Fábrica de juguetes» me sentí obligado a suprimir una repetición para mantener la fidelidad de la cadencia del original, en el poema «Ojos sujetos con pinzas» me sentí obligado a aclarar las imágenes con adiciones. Mi traducción contiene tres versos que no están en el original. Estos versos no hacen más que completar el sentido de imágenes que están sugeridas o son implícitas en el original y que cualquier persona en Norteamérica entendería. De no haber hecho eso el título sería inexplicable. Y sin embargo admito que no realicé estos cambios para hacer comprensibles los poemas a lectores abstractos, sino para mantener fidelidad al efecto fantasmagórico de los poemas originales.

En una traducción, los poemas tienen que ser tan efectivos en el nuevo lenguaje que los acoje como lo son en su idioma original, y para lograr esto en el caso de Simic, el lenguaje debe ser transparentado hasta convertirlo en un cristal, en la vitrina de la tienda de los sueños.

Para los que dudan, he aquí la versión original de «Eyes Fastened With Pins»:

How much death works,
No one knows what a long
Day he puts in. The little
Wife always alone
Ironing death’s laundry.
The beautiful daughters
Setting death’s supper table.
The neighbors playing
Pinochle in the backyard
Or just sitting on the steps
Drinking beer. Death,
Meanwhile, in a strange
Part of town looking for
Someone with a bad cough,
But the address somehow wrong,
Even death can’t figure it out
Among all the locked doors…
And the rain beginning to fall.
Long windy night ahead.
Death with not even a newspaper
To cover his head, not even
A dime to call the one pining away,
Undressing slowly, sleepily,
And stretching naked
On death’s side of the bed.

II. Poemas

Charles Simic

Fábrica de juguetes

Mamá está aquí,
papá también.

Trabajan el turno de la noche.
Al final de la línea de ensamblaje,
le dan cuerda a los juguetes
para inspeccionar sus resortes.

Aquí está el mecánico escuadrón
de ejecución.
Apuntan sus rifles.
Los bajan.

Con una venda de plástico
sobre los ojos,
el hombre condenado cae.
Y se levanta. Y vuelve a caer.

Las muñequitas enterradoras
no desempeñan muy bien.
Sus pequeñas palas son muy pesadas.
Son demasiado pesadas para cavar.

Acaso, es así
como debe ser.

Ojos sujetos con pinzas

Cuánto trabaja la muerte,
nadie sabe cuántas largas horas
labora cada día. Su pequeña
esposa siempre sola,
planchando la ropa de la muerte.
Sus bellas hijas arreglan
la mesa para la cena de la muerte.
Los vecinos juegan lanzando
herraduras de caballo a una vara
en el jardín, o se sientan a beber
cerveza frente a la puerta. La muerte,
mientras tanto, visita una insólita
zona del pueblo en busca de alguien
que tose amargamente, pero la dirección
es confusa, ni aún la muerte
la puede descifrar entre tantas puertas
atrancadas por el miedo a la muerte…
Y una fina lluvia comienza a caer.
Se aproxima una noche
de tormenta, un fuerte vendaval.
La muerte no tiene ni un periódico
para cubrir su cabeza, ni siquiera
una peseta para pedir el que cuelga
de una pinza, agitado por el viento,
y ahora se desviste con cuidado,
adormitado, tendiéndose desnudo
en su lado de la cama
dispuesta sólo para la muerte.

Sandías

Budas verdes
en la sección de frutas.
Nos comemos la sonrisa
y escupimos los dientes.