Francisco Ruiz Udiel: “La belleza no es para todos” (crítica de arte)

Dos notas sobre estética, a partir de la obra de artistas nicaragüenses.

Francisco Ruiz Udiel
La Zebra | #16 | Abril 1, 2017

La belleza no es para todos

Filósofo radical fue el español José Ortega y Gasset (1883-1953), quien se apasionó por el arte joven a inicios de los años veinte del siglo pasado. Escribió con ironía y humor cuando expresó en su ensayo, La deshumanización del arte,[1] que con los jóvenes había dos opciones: fusilarlos o esforzarse en comprenderlos. Él eligió lo segundo.

Para entonces destacó las tendencias conexas del nuevo estilo artístico, entre ellas, la deshumanización del arte, la esencial ironía y la no trascendencia de la obra. En su principal crítica acerca de la estética, se planteó la realidad concreta de un objeto contemplado.

En primera instancia, el objeto que el individuo observa es un concepto, una idea o imagen; para dar a conocer su verdadera intimidad se debe anular la realidad objetiva que posee y transfórmala en algo nuevo. Como herramienta propone usar la metáfora, que etimológicamente indica “la posición de una cosa en el lugar de otra”. Es decir, que se transfiere un valor esencial a aquello que vemos. Antes es necesario aniquilar sus atributos originales para dotarlo de una “nueva cualidad delicadísima que le presta carácter de belleza”. Lo que se busca aquí es generar perspectiva y dar relieve a los elementos ordinarios que de manera constante desatendemos. Lo tradicionalmente “humano” es concebir la realidad desde una sola óptica, con el proceso de “deshumanización” esa realidad se vuelve divergente y le brinda al individuo otras posibilidades de elegir.

Estos aspectos suelen ser tan subjetivos, y resulta un poco complicado intentar explicarlos. Por tal razón, traigo a colación la obra titulada Ellos del artista Marcos Agudelo, la cual consintió en una escalinata de 600 metros cuadrados cubierta de ropa. El propósito fue intervenir el espacio arquitectónico (Galerías Santo Domingo de Managua) y el elemento clave fue la ropa como alegoría del cuerpo humano.

Lo que Marcos vio inicialmente fue una escalinata, el objeto concreto y árido como tal. Luego decidió transgredir esa realidad y volverla objeto estético (o metafórico). Para él, aquello contemplado dejó de ser, le anuló por completo sus atributos originales y lo dotó de una nueva sensibilidad.

Algunos espectadores sólo vieron ropa, otros no entendieron y opinaron que no les gustaba. Al respecto, anotaría Ortega y Gasset, que no se trata de que a la mayoría del público no le guste la obra de arte joven y a la minoría sí. Lo que sucede es que la mayoría, la masa, no la entiende.

Sin embargo, entre los transeúntes hubo alguien que se detuvo y recordó la imagen de un río por donde quizá hubo náufragos. Sea cual fuera la explicación de la intervención, lo que sí es notable es que la visión última aseguró a aquel individuo el máximo goce estético, el cual está reservado para unos y vedado a otros, pero nunca para quienes tengan el privilegio de conocer este libro que busca indagar y debatir acerca de la belleza.

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Raúl Marín, pintor genio

La crítica especializada coincide en que el pintor nicaragüense Raúl Marín es un genio.

“Si me das un nombre —dice Raúl—, ‘cascada’, por ejemplo, imagino su entorno: las rocas, el agua, etcétera. Aquello me lleva a idealizar el lugar y la situación”. Luego, al concepto le transfiere un valor esencial, su elemento metafórico hasta develar su otra realidad y la “base de todo, que es el surrealismo”.

Nacido en 1950, el pintor leonés se graduó en la Academia de Bellas Artes de Florencia, Italia, en 1977. Recuerda que desde niño dibujaba figuras anatómicas y llevaba un cuaderno en el cual hacía sus bocetos.

Tras catorce años en el exterior, regresó a Nicaragua, en 1978. A inicios de la década del 80, su obra fue calificada como “europeizada” y por eso nadie quería exhibir su trabajo. Sin embargo, su calidad se impuso en 1989 cuando ganó el Premio Nacional de Pintura “Leonel Vanegas”, con “Cabalgata apocalíptica”, en el Certamen Nacional de Artes Plásticas, convocado por el Instituto de Cultura de Nicaragua.

Un año después obtuvo el mismo premio convocado en dicha ocasión por la Unión Nicaragüense de Artistas Plásticos (UNAP), cuyo jurado estuvo integrado por Julio Valle Castillo, Lizandro Chávez Alfaro y Miguel D’Escoto Brockmann.

Luego de 14 años, desde su segunda exposición personal en 1996, vuelve Raúl con más intensidad en una exhibición que llevará por nombre “Cuando las manos juegan, la mente juega”. Son 60 cuadros en los cuales el espectador apreciará diferentes temas y texturas, pero cuyo estilo está privilegiado por lo abstracto y figurativo.

En primer lugar, dice el pintor, todo lo abstracto está en el entorno, el cual insinúa el mundo de la imagen creada. Comparte que cuando la gente le solicita una obra, generalmente quieren que él les haga pastizales o veleros. Sin embargo, se siente saturado y por tal razón decidió buscar un estilo nuevo que consiste en usar la paleta de colores para aprovechar las formas y movimientos generados en ésta.

Acerca de su técnica, la crítica también pone en relieve el dominio que tiene con la espátula y la manera particular en que logra crear trazos casi a la perfección del pincel.

“Raúl ha logrado constituir su obra como una de las más bellas, audaces y trascendentales de la pintura nicaragüense”, afirma Anastasio Lovo. Álvaro Urtecho lo llama: “Un expresionista con tendencias al abstraccionismo lírico, pero que también procede del impresionismo, por el privilegio que le concede a la luz”. Y Tobías Jiménez dice de él: “La pintura se apoderó de Raúl y Raúl de la pintura. Lo que es una característica del arte moderno: la luz en el color”.

Apoderarse de la luz no es tan fácil. Según Marín, él es “el único que domina esta técnica en Nicaragua”. Esto sólo lo pude lograr después de “30 años de desvelo”, dijo.

 


NOTA

[1] La deshumanización del arte y otros ensayos de estética por José Ortega y Gasset. Publicada originalmente en 1925. Austral, 1ª ed., España, 2007 (nota del autor).

 

“La belleza no es para todos” apareció con diversos títulos en varias publicaciones, incluyendo Carátula 37, agosto-septiembre de 2010, en donde apareció en la sección “Vitrina” como una reseña de La rebelión de las masas de Ortega y Gasset; en periódicos se consigna como reflexión sobre la obra del artista Marcos Agudelo. “Raúl Marín, pintor genio” apareció publicado en El Nuevo Diario, Managua, el viernes 30 de julio de 2010. Fotografía de Francisco Ruiz Udiel por Marcos Agudelo.

 


FRANCISCO RUIZ UDIEL (Estelí, Nicaragua 1977 – Managua, 31 de diciembre de 2010). Poeta, editor y periodista. Realizó estudios de poesía bajo la tutela de su mentora, la poeta nicaragüense Claribel Alegría, discípula del Nobel español Juan Ramón Jiménez. Fue editor la revista cultural centroamericana en línea Carátula, y Jefe de Redacción de la revista El hilo azul, ambas dirigidas por el escritor Sergio Ramírez. Colaboró con El Nuevo Diario, de Nicaragua, y laboró como Relacionista Público del Centro Nicaragüense de Escritores. Realizó una antología de los poetas de su generación: “Retrato de poeta con joven errante”, con prólogo de Gioconda Belli. Su obra aparece incluida en las antologías: La poesía del siglo XX en Nicaragua (Editorial Visor, España 2010); y en Antología de poesía nicaragüense: Los hijos del minotauro 1950-2008 (Managua, 2009). Completó dos libros de poesía: Alguien me ve llorar en un sueño (Premio Internacional Ernesto Cardenal de Poesía Joven, Managua, 2005); y Memorias del agua (publicación póstuma, Managua, 2011). Su obra se reunió en Poesía completa, con prólogo de Sergio Ramírez (Valparaíso Editores, España, 2013). También editó o coeditó los siguientes libros: Memoria poética: Poetas, pequeños Dioses (Managua, 2006); Sergio Ramírez: Perdón y olvido, Antología de cuentos (1960-2009), (Managua, 2009); Claribel Alegría: Ars Poética (Managua, 2007); Missael Duarte Somoza: Líricos instantes (Managua, 2007); Víctor Ruiz: La vigilia perpetua (Managua, 2008).