Francisco Ruiz Udiel: “La poesía, diálogo con el otro” (ensayo)

En esta piezas, el poeta se vuelca hacia sí mismo y nos habla de su soledad inherente y del “otro” en su interior.

Francisco Ruiz Udiel
La Zebra | #16 | Abril 1, 2017

La poesía, diálogo con el otro

La poesía cumple con el ritual de completarse a uno mismo, ser otra voluntad diferente a la impuesta por la realidad. Con la poesía el hombre logra la realización del ser, la imaginación y creación de aquello inexistente que lo ubica sobre la aparente nada. En mi caso escribo porque necesito construir otra visión del mundo, porque puedo mostrar a las personas y a mí mismo que el universo cotidiano está dotado de otro tiempo —menos trágico y caótico— como usualmente se nos presenta. Escribo porque estamos hechos de palabras y creo en ellas, si digo abrazos construyo puentes, si digo mar construyo un faro y una orilla para llegar a alguien.

Pero ese alguien no sé quién es y vuelvo a mi soledad de donde parte originalmente mi poesía. Como poeta pronuncio las palabras, y trato que sean adecuadas para que busquen su otredad situada en el lector anónimo, en el oyente que se detiene un segundo a escuchar lo que digo. Si logro que ese “otro” se detenga frente a una palabra mía entonces consigo un diálogo, tan necesario en un tiempo donde la humanidad se ha olvidado de su origen. Si consigo que el otro se encuentre nuevamente y, además, lo hago reflexionar, entonces la poesía llega a coexistir, mientras tanto está ahí, aunque viva, pero resuelta en alas de algún ave que no sabe a dónde se dirige. También escribo para mí mismo, la poesía debe en primer lugar transformarme; encuentro en la poesía aquello para sobrevivir en medio del vértigo y el vacío.

De ese aparente vacío salen los temas de la poesía, o de la muerte misma, un tema predilecto porque he estado en contacto con ella desde mi infancia. Aun así, considero necesario escribir de aquello que se puede salvar, acerca de la solidaridad humana, y sobre todo, de la belleza encontrada en un gesto, un detalle o en un lirio que brota en medio de un estanque, aunque sólo sea un estanque.

Bitácora, febrero de 2009.

Poesía invocada

Si en épocas anteriores los poetas nicaragüenses escribían por denuncia o por vocación, los nuevos poetas jóvenes escriben por in-vocación a la supervivencia espiritual frente a un nuevo siglo en que se evidencia una ruptura entre el hombre y el mundo. Pero ¿hasta qué punto esta aseveración es real? Para ello he retornado al pasado con el objetivo de remover las álgidas cenizas de un tiempo donde los temas eran el compromiso ético con una sociedad. Ahora se acentúan otros temas como la soledad, el vacío, la desesperanza y la muerte. Quizá estos temas sean el reflejo de la escisión en una sociedad corrupta y dividida como la nuestra.

Bitácora, abril de 2010.

El mérito de los jóvenes escritores

Los jóvenes actualmente ocupamos el lugar más desagradable en la historia de Nicaragua. Para algunos adultos puede incluso resultar obsceno reunirse con nosotros y escucharnos: sólo nuestra presencia resulta ofensiva para quienes temen a nuevas ideas, y como mecanismo de defensa, nos rechazan.

Estoy claro que no somos los mismos jóvenes comparados con los que surgieron antes y después de la revolución en Nicaragua. Había más beligerancia en aquellos, hay que admitirlo. Luego Nicaragua empezó a poblarse de los llamados “herederos de la revolución”, herederos también del fracaso de una utopía. Nosotros como herederos de las leyes creadas por los “dictadores de escritorio”, de las políticas neoliberales, del autoritarismo y la nueva dictadura Ortega-Murillo, tenemos dos opciones: luchar con el arma más destructiva del hombre, las ideas, o seguir perteneciendo pasivamente a la llamada “generación del pulgar”, esa en que los jóvenes ponen sus esperanzas en un celular y donde la comunicación y el diálogo simplemente no existen.

Quiero hablar específicamente del medio literario. Ahora más que nunca estoy convencido del rechazo que existe hacia las nuevas generaciones. Una poeta nicaragüense, ya con indiscutible trayectoria, me decía que siente ese rechazo de parte de nosotros e incluso esa actitud se origina en el prejuicio: “nos critican sin leer nuestra obra”, dice. Pero también esta actitud, defiendo, proviene del otro bando. Si uno busca a los escritores consagrados hay que pasar primero por el filtro burocrático, enviar cartas de solicitudes para que nos escuchen como si se tratara de una Monarquía, siguiendo los mismos patrones de una provincia. Muchos hemos tenido que soportar la locura senil de quienes se consideran en el reino de Dios, auque Dios no sea escritor y tampoco entienda nuestros asuntos. En Nicaragua, algunos de los escritores accesibles al diálogo entre generaciones son: Sergio Ramírez, Gioconda Belli, Blanca Castellón, Daisy Zamora, Iván Uriarte, Carlos Tünnermann Bernhein, Erick Aguirre, Octavio Robleto, Luis Rocha, Edwin Sánchez y Claribel Alegría.

Luego están también aquellos escritores que siempre han deseado tener un reconocimiento social, una placa o diploma que les diga que son escritores. Los que entran en comercio con aplausos, los malos escritores, que si tienen puestos de poder en el medio literario buscan como utilizar a los jóvenes para justificar la existencia de sus actos. A estos hay que ignorarlos o dejarlos que sigan engañados, pues la fama puede prolongar nombres, mas no obras.

Están los escritores que cuestionan el mérito que los jóvenes han logrado. ¿Qué han hecho los jóvenes escritores? ¿Qué mérito tienen?, preguntan. El mérito que tenemos es sobrevivir al fracaso de nuestros líderes. A nosotros nos toca soportar capillas y terrorismos literarios que nos llevan a ninguna parte. ¿Méritos? Los jóvenes tenemos el coraje de luchar en tiempos de incertidumbre, ése es nuestro mérito. El mérito de creer en la poesía y seguir creyendo que ésta puede transformarnos en mejores personas. Nuestra generación ya no escribe por vocación, sino más bien por invocación a la sobrevivencia espiritual. Creo que también nuestro valor merece un poco de respeto.

Yo les digo a los jóvenes, no crean en discursos de aquellos que nos utilizan. Luchemos para cambiar las cosas. Abramos un diálogo entre generaciones, leamos a nuestros contemporáneos. La poesía nicaragüense siempre se ha cernido más allá del país, aunque desafortunadamente este país, o más bien las personas que lo conducen a la nada, “no merezcan ni siquiera un epigrama”. A los escritores hechos y derechos, o hechos y desechos les digo: también lean nuestras obras. No cuestionen nuestros méritos. Si estamos equivocados ustedes nos pueden enseñar. Sólo así podemos aprender juntos y con un poco de tolerancia llegaremos a ser grandes escritores y, quién sabe, talvez en un futuro se nos ocurra hablar de ustedes.

El Nuevo Diario, Managua, lunes, 4 de febrero, 2008.

Poesía y ciencia

Este año fue declarado por la UNESCO como el Año Internacional de la Astronomía. Para celebrarlo, la Asociación Nicaragüense de Astrónomos Aficionados (ANASA – Carl Sagan) decidió impartir un curso básico sobre el funcionamiento del sistema planetario, estelar y galáctico. Este taller, que comenzó a inicios de enero y concluirá a fines de mayo, es dirigido por el respetado científico nicaragüense, Dr. Jaime Incer Barquero, quien ha recibido múltiples premios a nivel internacional como el prestigioso National Geographic-Buffet Award for Leadership in Latin American Conservation a finales del 2006 y, además, en suelo patrio merecidos reconocimientos como el del Centro Nicaragüense de Escritores en el 2007.

Para captar la atención, el Dr. Incer Barquero narra los conflictos acaecidos entre los inquisidores de la Iglesia Católica y Galileo Galilei, quien llegó a corroborar la teoría copernicana heliocéntrica, desafiando el canon que la Tierra era el centro del Universo. Ante diversas tensiones, Galileo empezó a ocultar y a instilar sus descubrimientos por medio de anagramas o versos que consisten en la transposición de una palabra o frase que conlleva a otra idea. Así, un pequeño verso en latín como “Haec inmatvra a me iam frvstra legvntvr” (Recojo en vano lo que no está maduro), es un anagrama que descifrado revelaría su secreto: “Cinthiae figuras aemvlatvr mater amorum”, que traducido al castellano significa: “La madre del amor (Venus) emula la forma de Cinthia (la Luna, nombre que usaban los poetas latinos para referirse a dicho satélite)”.

Las fases de Venus permitieron comprobar más tarde que eran los planetas, incluida la Tierra, quienes giraban alrededor del Sol. Además de tener ya una vida complicada, el científico italiano accedía a otro universo misterioso, el de la poesía. Si para los escritores latinos Venus tenía reminiscencias poéticas, los científicos descubrieron, cientos de años después, que dicho planeta realmente está formado por 1,500 volcanes extintos y una atmósfera llena de dióxido de carbono y azufre. Por tanto, esa “estrella de la mañana” como le nombran algunos soñadores, no es más que una verdadera antesala del infierno, dice con sorna el Dr. Incer Barquero.

En todo caso, la imaginación surge a pesar del conocimiento establecido. Incluso la astronomía recurre a los nombres de las constelaciones otorgados por los griegos. El cielo resulta una crónica de la mitología, la literatura y la historia, y la ciencia no tiene inconvenientes en disfrutar sus relatos. Pero también la poesía y la filosofía retoman la ciencia para sus anotaciones existenciales. El filósofo nicaragüense Alejandro Serrano Caldera, inspirado en el libro Historia del tiempo de Stephen W. Hawking, reflexiona sobre la muerte de las estrellas y dice en uno de sus textos más inspiradores: “El cielo estrellado, ¡oh paradoja!, es fosforescencia del pretérito, gotas de luz de un tiempo muerto, recuerdo de lo que ya no existe”.

Esta vinculación entre poesía y ciencia no es una observación nueva. Mi intención es puntualizar sobre la importancia que tienen ambos destinos y la manera en que éstas se reafirman entre sí. Existen otras alegorías poéticas, tal es el caso de Rubén Darío cuando confiesa haber tenido “hambre de espacio y sed de cielo” en un verso metafísico de su libro Cantos de vida y esperanza. Eso es lo que sucede cuando ambos misterios se unen, el cielo se vuelve un poema y la poesía termina por ahondar en sus cuestionamientos.

Me gusta quedarme siempre con una frase del poeta salvadoreño, Jorge Galán, de su libro La habitación, donde asevera que “las estrellas son aves que bajan a morir”. Y pensar que algunas cosas tienen que morir para dotar de sentido a nuestra existencia… pero éste es otro misterio que ni los poetas ni los científicos han logrado resolver.

Bitácora, marzo de 2009.

 


FRANCISCO RUIZ UDIEL (Estelí, Nicaragua 1977 – Managua, 31 de diciembre de 2010). Poeta, editor y periodista. Realizó estudios de poesía bajo la tutela de su mentora, la poeta nicaragüense Claribel Alegría, discípula del Nobel español Juan Ramón Jiménez. Fue editor la revista cultural centroamericana en línea Carátula, y Jefe de Redacción de la revista El hilo azul, ambas dirigidas por el escritor Sergio Ramírez. Colaboró con El Nuevo Diario, de Nicaragua, y laboró como Relacionista Público del Centro Nicaragüense de Escritores. Realizó una antología de los poetas de su generación: “Retrato de poeta con joven errante”, con prólogo de Gioconda Belli. Su obra aparece incluida en las antologías: La poesía del siglo XX en Nicaragua (Editorial Visor, España 2010); y en Antología de poesía nicaragüense: Los hijos del minotauro 1950-2008 (Managua, 2009). Completó dos libros de poesía: Alguien me ve llorar en un sueño (Premio Internacional Ernesto Cardenal de Poesía Joven, Managua, 2005); y Memorias del agua (publicación póstuma, Managua, 2011). Su obra se reunió en Poesía completa, con prólogo de Sergio Ramírez (Valparaíso Editores, España, 2013). También editó o coeditó los siguientes libros: Memoria poética: Poetas, pequeños Dioses (Managua, 2006); Sergio Ramírez: Perdón y olvido, Antología de cuentos (1960-2009), (Managua, 2009); Claribel Alegría: Ars Poética (Managua, 2007); Missael Duarte Somoza: Líricos instantes (Managua, 2007); Víctor Ruiz: La vigilia perpetua (Managua, 2008).