Roberto Carlos Pérez: “El señor que aún no conocía” (ensayo)

A 37 años de Las batallas del desierto, la famosa novela breve de José Emilio Pacheco, un discípulo nicaragüense rememora cómo descubrió, por medio de la lectura, a su futuro maestro.

Roberto Carlos Pérez
La Zebra | #18 | Junio 1, 2017

¿Me acuerdo? Sí, me acuerdo. Tenía veintidós años y acababa de terminar la carrera de música. Llevaba un diario para anotar lo que me sucedía, pues me parecía interesante ver cómo el tiempo me iba transformando. De ese diario me nació el libro de cuentos Alrededor de la medianoche y otros relatos de vértigo en la historia. Había leído con voracidad a los clásicos y, en busca de nuevos tonos, me enteré de un poeta mexicano que había escrito lo que la nota de Amazon decía ser «una de las mejores novelas cortas de todos los tiempos».

El libro llegó a casa de mis padres a los pocos días. Un domingo me senté a leerlo. Como buen amante de los boleros, me llamó la atención la referencia al de Pedro Flores que acompaña al protagonista: un niño de los años cuarenta que, durante el México de Miguel Alemán, se enamora de la mamá de su mejor amigo. La radio repite: Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti.

Crecí admirando las novelas cortas de Steinbeck, y Las batallas en el desierto (1980) reafirmó mi amor por la concisión, porque en la escritura de la novela el arte se revela en cada línea. Cómo no asombrarse ante estas frases: «Todos somos hipócritas, no podemos vernos ni juzgarnos como vemos y juzgamos a los demás», o «el amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio», o bien «Qué antigua, qué remota, qué imposible esta historia. Pero existió Mariana, existió Jim, existió cuanto me he repetido después de tanto tiempo de rehusarme a enfrentarlo… Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia».

Leí la novela envuelto en el éxtasis que sólo el gran arte puede producir. Un nuevo lenguaje se me había revelado. La deslumbrante prosa me movió los cimientos: cada oración tenía la precisión de un verso y, en muchos casos, la intensidad de la lírica. Las batallas en el desierto es un modelo de escritura comparable con Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. Si al maestro de Moguer le fue concedido el Nobel en 1956 por su talento y por las diligencias de su alumna de la Universidad de Maryland, la entonces jovencísima doctora Graciela Palau de Nemes, quien mandó traducir partes del famoso libro de Juan Ramón y algunos de sus poemas al sueco, el señor mexicano también merecía este honor por tan impecable novela. Y más si impartía clases en la misma universidad pero, sobre todo, si su novela, sumada a su extraordinaria producción poética, aún a la entrada del nuevo milenio, representaba ante el mundo a Hispanoamérica.

Imaginé al autor cristalino, tan diáfano como la más pura de sus oraciones. El intelecto no canta, decía Antonio Machado, y nada en la novela parecía mostrar a un autor antipático, como muchos, encerrado en sí mismo.

Para entonces ya tenía la idea de que el mejor arte es aquel que se hace sin pretensiones, y ese desconocido señor se me hacía la persona más sabia del mundo, porque escribir con tanta claridad sobre emociones tan complejas como el amor, el odio, los celos, y desgranar con lucidez las mentiras que unos a otros nos decimos a diario, para ponerlas en boca de un niño, es el mayor desafío de Las batallas en el desierto. Carlitos es el gran personaje niño de la literatura hispanoamericana.

Conocí al señor; fue mi amigo, mi maestro, mi mentor y una de las personas más importantes en mi vida y, sin duda, el ser humano más transparente que he conocido. José Emilio fue una ráfaga de luz que me alumbró con su bondad y su talento. Hoy, dolorosamente, a 37 años de la aparición de Las batallas en el desierto y a 17 de mi primer encuentro con la obra, quisiera reiterarle, como muchas veces se lo dije en persona, que su novela me cambió la vida. Sin embargo, sólo escucho el silencio y lo único que me queda es decirle lo que Miguel Hernández le dijo a su amigo Ramón Sijé:

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

 

 


Roberto_Carlos_PerezROBERTO CARLOS PÉREZ (Granada, Nicaragua, 1976). Músico, narrador y ensayista, es autor del libro de cuentos Alrededor de la medianoche y otros relatos de vértigo en la historia. Es también editor del libro en homenaje al poeta mexicano José Emilio Pacheco: José Emilio Pacheco en Maryland (1985–2007) y de la novela modernista El vampiro (1910), de Froylán Turcios. Estudió en la escuela de bellas artes Duke Ellington School of Arts y se licenció en música clásica por Howard University. Es máster en literatura Medieval y de los Siglos de Oro por la Universidad de Maryland. Sus áreas de interés incluyen la Edad Media, los Siglos de Oro y el Modernismo. Producto de sus investigaciones son los numerosos ensayos aparecidos en revistas nacionales e internaciones como eHumanista, revista especializada en temas cervantinos y medievales, Carátula, revista cultural centroamericana, Círculo de poesía, revista electrónica de literatura, El Hilo Azul, revista literaria del Centro Nicaragüense de Escritores, Lengua, revista de la Academia Nicaragüense de la Lengua, ANLE, revista de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, Repertorio dariano, Acahualinca, revista de cultura de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, La Zebra, revista de letras y artes, El pulso, periódico de investigación, Alastor y Luvina, revista literaria de la Universidad de Guadalajara, entre otras. Ha sido incluido en las antologías Flores de la trinchera. Muestra de la nueva narrativa nicaragüense  (2012) y Un espejo roto (2014). Su cuento «Francisco el Guerrillero» fue traducido al alemán y apareció en la antología Zwischen Süd und Nord: Neue Erzähler aus Mittelamerika (2014). Su libro de ensayos Rubén Darío: la modernidad confrontada saldrá publicado en 2017. Actualmente tiene un trabajo en marcha sobre la tragedia en El príncipe constante, de Calderón de la Barca, y una novela corta.