Elena Salamanca: “Huevos” (cuento)

Una estampa urbana desde el hacinamiento y la resistencia del ser: el monólogo interior de una mujer en tránsito hacia su casa. Del último libro de la autora: La familia o el olvido (Kalina, San Salvador, 2017).

Elena Salamanca
La Zebra | #19 | Julio 1, 2017

Una multitud de mujeres me va arrastrando, me empuja, me aprieta. Mujeres con niños en brazos, mujeres con miles de brazos, mujeres con sus sobacos en mi cabeza, los dientes de los niños me halan, olor a leche, los senos salidos, los niños alimentándose, colgados de los pezones magros de sus madres. La multitud empuja, yo no sé realmente si los huevos que compré siguen intactos, yo no sé si se rompieron, yo no sé si estos huevos se incubaron entre tanto calor de viejas y sobacos.

No sé qué van gritando las mujeres, me dicen cosas. Yo voy cuidando mis huevos, los pongo contra mi pecho, paso los brazos alrededor de la bolsa, y grito que no quiero nada, no tengo cartera, la habré perdido, la habrán robado, ya no se puede confiar en nadie. No quiero que me vendan más manojos de hierbas para hacer sopa, para hacer el amor, para deshacerse de la gente, para decir adiós; hierbas sembradas en el camino, arrancadas con los dientes de mujeres pobres. No quiero que me ofrezcan tampoco miles de carretes de hilo para zurcir calcetines, coser botones de camisas, cegarlos, ¡que no me vean, odio coser botones! Yo no sé qué me piden que les compre, no les compro. He perdido la cartera, la sacaron, la robaron, la tiraron, la perdí, yo no sé, ya no se puede confiar en nadie. Las mujeres me gritan:

—¿Va a querer, amor?

—No tengo, corazón.

—¿Va a querer amor?

—No tengo corazón.

Yo no sé si estos huevos se incubaron y llevo miles de pollos desnutridos en la bolsa; tampoco sé si alguno de esos pollos romperá el cascarón, asomará el pico, me sacará un ojo, sacará el ojo de las mujeres y sus hijos que me arrastran y me empujan. Sería bueno que un par de mujeres sin ojos cambiaran el rumbo, se perdieran, chocaran contra ellas, chocaran contra la ciudad, y me dejaran el camino libre para llegar a casa, prepararnos la cena: dos huevos, dos pollos miniatura sacrificados; servirlos en tu plato, servirlos en la mesa, sentarnos, arrancar las piernitas de los pollos ínfimos, encontrar el hueso de la buena suerte, luchar por él, ojalá nos tocara a cada uno el hueso más largo para tener eternamente suerte y pedir algo bueno por única vez en nuestra mesa, algo bueno por única vez en esta casa, algo bueno por única vez en esta ciudad.

 


ELENA SALAMANCA (San Salvador, 1982). Poeta, narradora y ensayista. Ha publicado, en cuento: Último viernes (DPI, San Salvador, 2008) y La familia o el olvido (Kalina, San Salvador, 2017); en poesía: Peces en la boca (San Salvador, 2011, reeditado en México en 2013), y Landsmoder (San Salvador, 2012).