Carlos Perezalonso: “El absurdo mágico” (crítica)

Un poeta nicaragüense, atento a las ironías en la lectura, reseña la novela El vuelo del halcón, de su paisano Jorge Eduardo Argüello.

Carlos Perezalonso
La Zebra | #20 | Agosto 1, 2017

Uno se pregunta cómo una novela con una sintaxis poco convencional puede capturarnos y meternos en su trama. Solo es explicable a través de la existencia, no de un realismo sino de un absurdo mágico que el escritor maneja a su antojo, como quien domina a un tigre, fascinante y peligroso. El vuelo del halcón de Jorge Eduardo Argüello, poeta y dramaturgo leonés, está llena de relámpagos poéticos que la hacen sobrevivir a su escritura desmandada.

El ritmo de la narración es un acierto. El escritor cambia de una lenta monotonía a un ritmo volátil que nos apresura la lectura. Esta es la historia de un científico norteamericano que busca una planta que cura la lepra, vive temporalmente en un pueblo insignificante en las faldas del volcán Telica, en la casa cural.

Se aburre, después de sus infructuosas expediciones al bosque en las faldas del volcán. Descubre que el tanque de agua que aprovisiona al pueblo tiene un hoyo por donde cae un chorro que él aprovecha y pasa horas bajo aquel chorro sentado en su silla desvencijada reflexionando.

Ahí conoce a Merceditas y, requiebros van y requiebros vienen, se hacen novios y —¡cómo no!— amantes. (Chele vs. negrita linda del pueblo ignoto). Esta mujer, inteligente como podemos suponer, se convierte además en su guía, ya que conoce el bosque que rodea el volcán, el cual tiene fama de embrujado. Ella lo lleva y lo trae por los vericuetos boscosos, llenos de magia y ríos ninfescos, donde hacen el amor. En este momento hacemos una contabilidad: hechuras de amor 160 descompuestas así: confesadas directas 30. Cada 2 días en un año 130, más innumerables veces, establecidas por el protagonista garañón. Todas acompañadas de sus respectivas bañadas.

Hasta aquí la novela es plana. Discurre tranquilamente, salvo los saltos eróticos ya referidos, y unas bellas descripciones del volcán, sus atardeceres y sus coyotes. La amante Merceditas le presenta a don Sebas, especie de brujo y duende, quien es dueño y señor del bosque y sus misterios. A don Sebas William le cae bien por su amor a la naturaleza, y decide revelarle dos secretos: la flor que cura la lepra (trifolium protense) y otra, mágica, pero causa de muchas de muertes, que permite al hombre volar.

De ahí que el cementerio “descubierto por William en un lugar escondido” está lleno de jóvenes imprudentes que probaron de la flor voladora, no supieron controlar su vuelo y cayeron en picada quebrándose la jupa.

Pero en el caso de William, por el cariño del viejo a Merceditas (aquí en secreto, entre nos; les cuento que era su nieta) acepta construir unas alas, casco con un pico en forma de halcón y una especie de alerón de cola.

Ya los sandinistas del pueblo, que los han estado espiando —el comisionado, el cura, el de la pulpería y otros—, llaman a los soldados de Malpaisillo con el propósito de capturar al gringo espía. Así la situación, Merceditas escapa hacia Costa Rica en la penumbra de la madrugada. Allá la esperan amigos.

“Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo”. Hechas pues las alas, el alerón de cola y el casco con pico en forma de halcón, y uniformándose, emprende el vuelo el científico volador. A lo lejos se escuchan los perros de los perseguidores, pero el gran halcón pasa sobre sus cabezas, y aunque le tiran balas y agua bendita, no pueden derribarlo.

* * *

El vuelo del halcón fue publicada por el Centro Nicaragüense de Escritores en 2010. Su autor, Jorge Eduardo Argüello Sansón, nació en León, Nicaragua, estudió secundaria en una academia militar en Estados Unidos, es abogado por la universidad de Barcelona, tiene una maestría en literatura y lingüística de la UCLA (Los Ángeles USA), es miembro de la Academia de la Lengua. Ha escrito 22 libros: seis novelas, cinco obras de teatro, y once poemarios. Vive entre León y la Florida.

 


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CARLOS PEREZALONSO (León, Nicaragua, 1943). Poeta, narrador y crítico. Graduado como abogado en México. Entre sus libros de poesía, ha publicado: Nosotros tres (1960, publicado posteriormente como Variaciones del estupor); El otro rostro (1972); Vida, el sol (1978); Cegua de la noche (1990); Orígenes y exilios, 1992-1998 (2001); Estancias y otras consignaciones (2005); Ocaso del tránsito (2009); El jardín de la cuchilla, 2011-2013 (2014). También es autor de un libro de cuentos: El guerrillero y otras historias (1978), por el cual recibió el Premio de Cuento “Mariano Fiallos”.