Ulises Juárez Polanco: “El canto de las sirenas” (ensayo)

Una compilación de las declaraciones del reconocido narrador nicaragüense sobre su novela inédita Sirenas.

Ulises Juárez Polanco
La Zebra | #21 | Septiembre 1, 2017

Introducción

Mi nombre es Ulises Juárez Polanco, soy escritor nicaragüense y tengo la suerte de ser uno de los dos creadores latinoamericanos aquí en la Real Academia de España en Roma para este ciclo 2015-2016. Llegué a Roma con el proyecto de escribir una novela sobre Ulises (Odiseo). Creo que la literatura está conformada por historias que creemos que merecen ser contadas, y la mejor forma de llegar a estas historias es escribir desde las obsesiones que tenemos como creadores.

Justamente Ulises ha sido una obsesión mía en tiempos recientes. No sólo por la coincidencia del nombre sino por encontrar en él un personaje que reúne los grandes temas de la literatura. El poder, el amor, la muerte, la guerra, pero también temas que son importantes en la actualidad, como el exilio, la migración, los encuentros y desencruentros y, ante todo, el descubrir aquí en Roma, en el período de investigación, que Ulises, más que un héroe, era ante todo un ser humano. Un humano con grandes imperfecciones y defectos, a tal punto que mi novela ha cambiado totalmente, y él es un antihéroe.

La historia no la cuenta Ulises, como en un principio creí que iba a ser, sino que la cuenta uno de sus marineros, Euríloco. Eurílo sabe, a pesar de que es familiar de Ulises, que este héroe griego que todos admiran y que llaman el sabio y el prudente, va a terminar matándolos a todos. Mientras Euríloco va contando la historia, en la novela se cuenta una historia más actual que ocurre en Roma, que está siendo bombardeada por sectas de terroristas que están invocando un fenómeno que se llama las Santas Palabras. En este contexto de guerra contemporáneo en Roma, llega un becario latinoamericano a una academia particular, muy parecida a ésta en la que estamos los becarios a investigar un fenómeno que se llama las Santas Palabras, y que tiene que ver mucho con Ulises y con su encuentro con las sirenas.

Eso es, en pocas palabras mi proyecto aquí en Roma.

Relación oral del proyecto “Sirenas” por su autor
a la Real Academia de España en Roma, 2016
(Video publicado el 27 de agosto de 2017).

El argumento de Sirenas

Después de la toma de Troya, el multiforme Odiseo parte con sus tropas hacia nuevas aventuras sin pensar en el regreso a Ítaca. Lejos está el puerto donde espera Penélope, distante la ilusoria felicidad de su reino que poco le brinda. Es un viajero que viaja no para retornar, sino para nunca regresar. Sigue las aventuras que en su propia juventud hizo su padre, el retirado y triste Laertes junto a los Argonautas, procurando décadas después encontrarse con las sirenas, las mujeres aves que hechizan a todos los que se acercan a ellas y los llevan a la muerte, protegiendo un viejo secreto que los Dioses primigenios les han confiado, y que el viajero de Ítaca, fecundo en ardides, anhela. La historia la narra Euríloco, el segundo al mando de los itacenses y casado con Ctímene, hermana de Odiseo, que de la admiración llega al terror certero de que el ansia de eternidad de su capitán acercará a todos los marineros al despeñadero de la muerte.

Siglos después, los Buscadores de las Santas Palabras, un grupo terrorista movido por un viejo mito, clama la autoría de atentados en varias ciudades. En el principio fue el verbo y la palabra, pero también la destrucción. Un investigador latinoamericano llega a la Ciudad Eterna siguiendo las pistas de los atentados. Hospedado en una particular academia en la cima del Janículo desde donde se observan las colinas romanas, descubre junto a otros investigadores excepcionales el sorprendente vínculo de las Santas Palabras con el supuesto héroe griego que hace muchos siglos vivió grandes aventuras en territorio italiano. ¿Quién fue en realidad este errante nacido en Ítaca que después de la terrible guerra de Troya recorrió múltiples senderos, que bajó a los infiernos y regresó a la vida? ¿Fue un héroe o acaso el más humano e imperfecto de todos los hombres de su época, y acaso el primer guardián, si existen, de estas palabras inmortales? Después de todo, si es posible nombrar las cosas para crearlas, también es posible nombrarlas para demolerlas.

“Portafolio”, Academia de España en Roma, 2016.

 

Sirenas trata de reunir lo clásico con lo contemporáneo, el mito con lo detectivesco. Su historia tiene dos polos: el viaje de Odiseo cuando busca las sirenas y unos ataques terroristas que suceden, en la era contemporánea, en varias ciudades de Europa, una de ellas Roma. Estos ataques son perpetrados por una secta que se llama Los Buscadores de las Santas Palabras, que están reclamando que se les entreguen a ellos las “Santas Palabras”. Este mito no es más que la creencia de que existen unas “palabras iniciales”, las primeras palabras que se pronunciaron en algún momento de la historia. Los seguidores de la secta creen que quien tenga estas palabras puede hacer o deshacerlo todo porque, al final, todos nosotros no somos más que una suma de palabras.

De esta manera se va conectando la historia del mito, que es la historia de Odiseo, con la historia detectivesca que sucede en la actualidad, o sea, son treinta siglos de distancia entre la historia mítica y los sucesos terroristas en Roma, que es donde toma lugar la segunda parte de la novela.

Entrevista en Canal 12 de Nicaragua, 3 de abril de 2017.

Proceso creativo e investigación

Llegué a Roma con un par de temas claros: quería escribir sobre Odiseo y las aventuras de La Odisea, y quería también hacer una reflexión sobre el lenguaje y las palabras. De la mano de estas dos temáticas, anhelaba también llevar un diario de becario. Ésta era la semilla de la novela que he querido escribir estos meses, partiendo de que la literatura es la historia de las cosas que pudieron ser.

Después de cuatro libros de cuentos, el ejercicio de escribir una novela ha sido monumental y tormentoso como un parto: su escritura me ha tomado por rumbos que no esperaba. En la primera semana escribí fácilmente más de veinte páginas, pero el camino se llenó de piedras. Dado que la novela parte de un personaje harto conocido, debo evitar contradecir flagrantemente elementos claves, por lo que la documentación e investigación de los personajes, de las tramas y de los espacios del mito homérico era fundamental. Di un giro completo a la novela, cuyo hilo narrativo principal lo narraba Odiseo, y lo cambié por Euríloco, uno de los marineros que le acompaña.

Me fascina el poder de los personajes secundarios, que siempre son los más interesantes. Los pequeños seres, los dueños de las historias que suelen quedar en silencio, como recuerdo siempre. Hacer de Euríloco el personaje principal fue un paso complejo, dada la poca información general que existe sobre los héroes que acompañaban al rey de Ítaca (Euríloco mismo apenas tiene cuatro menciones en la Odisea). Deseché lo trabajado y he reiniciado al menos dos veces la novela, experimentando voces narrativas, juegos de la trama y personajes, y como una Penélope irónica, continuamente descartando a final del día lo trabajado durante la jornada. Creo que esto es crear. Escribir casi doscientas páginas y luego descartarlas, porque las siguientes doscientas serán mejores, cuando todo el trabajo de investigación y visitas se ha interiorizado en uno. En este paso, me acerco a 50 páginas confiando en que los vientos finalmente me son favorables.

He trabajado con diferentes horarios, dependiendo del ánimo de cada semana y del material a mano, pero procurando trabajar disciplinadamente todos los días. En mi proceso creativo es fundamental no contar únicamente lo escrito, pero también lo leído, lo indagado. La cantidad de libros, fuentes y espacios investigados ha pasado de lo angustioso escaso, a lo frenético abundante, desde estudios sobre mitología clásica a manuales de contraterrorismo.

Tengo ya una estructura de novela que creo sólida, que me emociona y a la que trabajo con sumo respeto, para que en los próximos meses siga trabajando con la determinación de cerrar esta novela de cara a la invitación hecha por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2016 a finales de noviembre de este año, donde espero llegar ya con un manuscrito final.

“Portafolio”, Real Academia de España en Roma, 2016.

La redacción de Sirenas

Mi obra en principio no va en contra del consenso que ha existido por siglos en torno a la figura de Odiseo, sino que parte de él. En síntesis, el argumento es el siguiente: bombas destruyen contemporáneamente algunos de los templos y sitios históricos más importantes del mundo. Hay atentados en trece ciudades de América, Europa y Asia al mismo tiempo, incluyendo Roma, efectuados por una supuesta célula de un grupo terrorista que se llama Los Buscadores de las Santas Palabras. Un investigador latinoamericano residente en una academia descubre la sorprendente relación entre las Santas Palabras y un héroe griego que había vivido grandes aventuras en suelo italiano, y que había sido el primer custodio de estas palabras inmortales.

Sirenas tiene dos narradores, dos voces en dos épocas: Euríloco, segundo de la tropa de Odiseo, convencido de su muerte próxima a causa de las manías de grandeza de su líder, y un escritor obsesionado con el poder de las palabras y de la memoria, el cual, partiendo desde Roma, sigue la estela del canto que las sirenas dedicaron a la tropa de Odiseo treinta siglos atrás en una costa cercana a Sorrento. Las palabras habían sido pronunciadas por primera vez por los dioses y contienen todos los verbos, todos los adjetivos. En algún momento, estos dioses entregaron estas palabras a unas mujeres-aves que se rebelaron contra esta tarea y que se dedicaron a cantar tales palabras a todos los marineros que quisieran escucharlas. Las palabras son tan fuertes y tan hermosas que todos los marineros que las escuchan mueren. Es una variación del mito de las sirenas. El único que escuchó esas palabras y que pudo guardar información fue el viajante errante de Ítaca que, en teoría, dejó instrucciones acerca de la naturaleza de esas palabras. Y mientras él investiga eso, suceden los atentados. La policía, entonces, busca a este investigador para que dé pistas sobre lo que está pasando. Y así, entre la Roma actual y la antigua época del Mediterráneo se va narrando la historia. Por otra parte, Odiseo busca descubrir quién es él.

Mi Odiseo es lo contrario de los viajeros que viajan para regresar: él lo hace para no regresar a Ítaca. Y su padre no es Laertes, es Sísifo. Entonces, cuando él llega al Hades para buscar las pistas de su retorno, está buscando a su padre. Y en vez de ver allí a Tiresias, se encuentra con Sísifo, su padre. Menciono a Laertes y, también, a Peleo, no solo por la infancia de Odiseo, la paternidad de Sísifo y la crianza de Laertes, sino para conectar la rivalidad que, para mí, siempre existió entre los dos grandes héroes de Occidente, Aquiles y Odiseo. Aquiles es un semidiós educado por Quirón —y Quirón me sirve para conectarme con el “Coloquio de los centauros” de Rubén Darío, a quien de alguna manera creo que aparecerá en la novela—, pero también porque los argonautas, en el recorrido que hicieron por la costa italiana, pasaron también por el Estrecho de las Sirenas, con la diferencia de que Orfeo los salvó tocando su lira para que no escucharan el canto. Me da mucha curiosidad imaginar la infancia de Odiseo escuchando las historias de su padre de crianza sobre estas mujeres. Más tarde, en su viaje de Troya a Ítaca, la curiosidad lo llevó a investigar lo que decían las sirenas… De este modo, conecto el mito de los argonautas con la Odisea. En mi novela juego con la idea de que tener la palabra es tener el poder, también el poder de la destrucción.

Originariamente mi proyecto incluía dos cosas: escribir sobre Odiseo y, paralelamente, componer una especie de diario de becario, aprovechando la estancia creativa para redactar un pequeño diario combinando realidad y ficción. Cuando empecé a hacerlo no lograba conectar la historia de becario con Odiseo, no me sentía muy cómodo con el experimento. Al final opté por adoptar a la Academia como un personaje más, como un escenario de investigación particular. En la novela desfilan algunos becarios, transformados, claro, por la ficción. A ver, decime vos si no es fascinante que un viajero como yo, que va a escribir sobre sirenas, ninfas y brujas como Circe y Calipso, se encuentre en esta academia con una maga [Ulises alude a Inés Molina Fuentes, “Inés La Maga”, becaria de artes escénicas en la disciplina magia, que está investigando sobre la historia del ilusionismo en Roma y ha creado un espectáculo durante su estancia]. Luego, en mi novela, abordo el tema del exilio, emparentado con aquello que en Cuba llaman insilio, el estar encerrado en un único sitio, y de pronto Iñaki tiene un proyecto sobre cárceles [Ulises alude al artista plástico Iñaki Gracenea, quien se encuentra desarrollando un proyecto de arquitectura panóptica, centrado en la edificación de prisiones del siglo XIX]. Son pequeñas coincidencias demasiado gustosas como para no aprovecharlas en la ficción.

“Una conversación con Ulises Juárez Polanco”
Entrevista de Marisa Martínez Pérsico,
Círculo de Poesía, junio de 2016.

Las influencias transparentes

Sergio Ramírez es el gran narrador de Centroamérica. Tiene un doble mérito el hecho de que sea nicaragüense, partiendo de la constatación de que Nicaragua es un país de poetas. Es un gran cuentista, pero en su última novela, Sara, su uso del punto de vista me animó en mi proyecto actual, rescatando la importancia de los personajes secundarios. Para mí también son más interesantes los personajes secundarios que los principales. No por casualidad elijo contar la historia desde la perspectiva del segundo de la tropa de Odiseo, en este caso Euríloco. Odiseo ha sido abordado por el mito y por la literatura por siglos y siglos, mientras que sobre Euríloco casi no hay información… Me gusta adoptar pequeños personajes que están a la sombra de los que reciben los reflectores y la luz. En la Biblia, la historia de Abraham y de su mujer, Sara, ocupa menos de dos mil palabras, cuatro cuartillas, pero Sergio es capaz de recrearla en una novela de casi 300 páginas.

Mi otro gran referente nacional es “Su Majestad” Claribel Alegría. Sergio y Claribel han sido como familia. Claribel es una mentora no sólo por la belleza que encuentro en su poesía sino por la belleza que encuentro en ella como persona. Tiene una luz impresionante, a sus 93 años. Hay un poema suyo que estoy trabajando en mi novela, “Carta a un desterrado”. Allí Penélope escribe a Odiseo para decirle que ha pasado mucho tiempo, que vive penurias en la casa, que la han asaltado pretendientes y que ella tiene sus necesidades, que mejor no regrese. Son influencias transparentes.

El humor es un elemento que no puede faltar en ninguna narración. En la novela que estoy escribiendo hay pequeños episodios o descargas humorísticas para tratar de aminorar el peso de un relato que puede ser demasiado complejo (por ejemplo, cuando trato de recrear el lenguaje de Homero incorporando los epítetos y sobrenombres que otorga a los personajes) o demasiado serio, como la parte de los atentados o de las discusiones a diario entre Odiseo y sus marineros. Entonces, hago intervenir el “alivio humorístico” como forma de contrapeso. Si lo conectamos con la película Cinema Paradiso (que acabo de volver a ver), por ejemplo, es el alivio humorístico que te puede dar el Hombre de la Plaza, que te dice “esta plaza en mía, esta plaza es mía”. Es un loco; si lo sacás de la historia no te perdés nada, pero si lo ponés te da el alivio del humor. Es un ingrediente al que no renuncio.

“Una conversación con Ulises Juárez Polanco”
Entrevista de Marisa Martínez Pérsico,
Círculo de Poesía, junio de 2016.

 


ULISES JUÁREZ POLANCO (1984-2017). Escritor, editor y gestor cultural. Licenciado Magna Cum Laude en Derecho y Magna Cum Laude en Diplomacia y Relaciones Internacionales de la Universidad Americana (Nicaragua), con especialización en Ciencia Políticas de la Universidad de Salamanca y diploma del Global Competitiveness Leadership Program de Georgetown University, Washington, EE.UU. Es autor de cuatro libros de cuentos: La felicidad nos dejó cicatrices (España: Valparaíso ediciones, 2014; publicado también por Valparaíso ediciones Centroamérica, 2014); Los días felices (Costa Rica: Uruk editores, 2011); Las flores olvidadas [Doce cuentos en construcción] (México: FONCA/AECID, 2009); y Siempre llueve a mitad de la película (Nicaragua, 2008). Fue un editor incansable, con 12 libros de otros autores a su cuidado y como editor de 7 antologías, tanto de poesía como de cuento. Fue uno de los fundadores y directores del mayor encuentro anual de escritores de la región, Centroamérica Cuenta. Al momento de su muerte trabajaba en la edición final de su novela Sirenas.