Eduardo L. Ortiz: “La Trompudita, el primer desnudo en el arte de Costa Rica” (nota)

Pieza singular de la historia del arte en Centroamérica, un dibujo del polígrafo José María Figueroa Oreamuno aporta claves a la relación entre erotismo y censura.

Eduardo L. Ortiz / Agencias
La Zebra | #24 | Diciembre 1, 2017

El primer desnudo en la historia del arte de Costa Rica no es un cuadro al óleo modelado en las tradiciones europeas del arte clásico, sino un dibujo conservado como prueba en un juicio de obscenidad. A esta sorprendente conclusión llegan los curadores de una inquietante exposición que inauguró el Museo de Arte Costarricense (MAC) el pasado 17 de noviembre, “Detrás del Portón Rojo: una visión de la erótica en el arte costarricense”.

Hay que notar que no es una exposición de “desnudos”, sino “una muestra centrada en la noción del erotismo como una realidad natural del ser humano, así como una temática recurrente y transversal del arte nacional”, según destaca el comunicado de prensa del MAC. Es en este contexto, más amplio, de confluencias y divergencias históricas, estéticas y temáticas, que aparece, como un ejemplo singular y único en las artes de la región, el dibujo de “La Trompudita”.

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Sin título [conocido como “La Trompudita”]. José María Figueroa, 1843, Grafito sobre papel. Prueba de juicio perteneciente al expediente Jurídico N° 137, Colección del Archivo Nacional de Costa Rica. Fotografía: Sussy Vargas.
Los artistas visuales Roberto Guerrero y Sussy Vargas, curadores invitados del MAC, explican el origen y el significado histórico de esta pieza:

La señorita retratada en este dibujo, de apellido Alfaro, es conocida como la “Trompudita” por sus custodios, especialistas del Archivo Nacional de Costa Rica. Este dibujo es la única prueba que se conserva como parte del extenso documento del juicio realizado en 1843 contra su autor, José María Figueroa, por los delitos de indecencia y vagancia.

Según indica el documento que registra el juicio, José María Figueroa Oreamuno fue juzgado y condenado por una serie de dibujos de hombres y mujeres en posiciones obscenas, realizados por Figueroa y expuestos en las paredes de un villar de Cartago, entre las que dibuja a unas señoritas de apellido Alfaro, hijas de un comerciante de la provincia. Una de ellas es quien aparece en esta obra.

El dibujo a lápiz, rústicamente reparado con cinta adhesiva, muestra a una mujer esbelta en la postura clásica del baile de cancán (con la pierna abierta y la vulva expuesta) que se había vuelto famoso en la Francia de 1840 y al que se consideraba obsceno y escandaloso. En el documento original del juicio, Figueroa nunca reniega de su autoría.

Esta obra puede ser considerada el primer desnudo conocido en la historia del arte costarricense y también el antecedente en que, por primera vez, un artista es fuertemente censurado y juzgado por trabajar el tema del desnudo y la erótica, juicio en el que impera fundamentalmente una visión moralista.

El dibujante en cuestión, José María Figueroa Oreamuno (1820-1900) es una de las personalidades creativas más célebres de la historia de Costa Rica. Su biografía en Wikipedia inicia con una letanía de sus facetas, todas de igual importancia: “fue un escritor, cartógrafo, explorador, comerciante, genealogista, poeta, caricaturista, etnógrafo y dibujante costarricense”. Es autor de un compendio casi enciclopédico de materiales, el célebre Álbum de Figueroa, el cual contiene información y datos sobre la Costa Rica del siglo XIX, presentados de forma textual y gráfica a través de dibujos, caricaturas, fotografías, árboles genealógicos, mapas, manuscritos y cuadros estadísticos de población. En 2007 se descubrieron otros cuatro cuadernos manuscritos, conservados en la colección del presidente Rafael Yglesias, que extienden el conocimiento de su obra poética y satírica, y lo consolidan como una figura central del universo artístico y literario de Centroamérica en el siglo XIX.

Por su actitud rebelde e irrepresible contra las normas de su época, Figueroa fue perseguido en su natal Costa Rica, y vivió una década en el exilio, entre 1855 y 1864, en Nicaragua, El Salvador y Panamá. Fue amigo del General Francisco Morazán, e incluso fue condenado a muerte por su asociación política a su causa, o por un malentendido, según otras fuentes, y logró escapar de la pena. La exposición del MAC, “Detrás del Portón Rojo”, restaura la importancia histórica de Figueroa como una figura contracultural, y contextualiza los impulsos eróticos de él y de los casi 70 artistas incluidos en la exposición:

El ser humano siempre ha tenido una relación problemática y temerosa con su cuerpo y su mente por la acción del deseo, las pulsiones, la imaginación y el estallido de la fantasía erótica. El miedo a los impulsos internos no es natural, sino socialmente aprendido; es una consecuencia de haber experimentado culturalmente la sexualidad como uno de los mecanismos regulatorios más fuertes que existen, y por el cual hemos vinculado nuestros placeres a lo oscuro y vergonzoso: a lo que debe ser silenciado. Sin embargo, el arte como una producción simbólica que se manifiesta sobre los ámbitos de lo humano, se ha resistido a ese silencio particular. A la largo de la historia, los artistas han tratado lo erótico de una forma natural con visiones que oscilan desde lo luminoso a lo oscuro, y viceversa.

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“Mi lengua que es tu lengua”, Rodolfo Stanley, 1998, Grabado en metal. Colección del MAC. Fotografía: Mariana Peralta Carranza, Maricarmen Pereira Manning, Kevin Valverde.

¿Qué hay “Detrás del Portón Rojo”?

A través de esta exposición, el MAC busca permitir a su público visitante el descubrimiento de distintas expresiones artísticas que aluden al deseo erótico. La exposición revela igualmente algunos temas transversales, tales como la censura y la autocensura, los mecanismos de control social del cuerpo y del impulso sexual, la de-construcción de la masculinidad hegemónica, y el deseo erótico desde distintas orientaciones sexuales y expresiones de género, la sexualidad no-normativa.

El proyecto es el fruto del trabajo conceptual y las investigaciones de los artistas visuales Roberto Guerrero y Sussy Vargas como curadores invitados, y representa una confluencia temática de ambas vertientes.

Provenientes de colecciones públicas y privadas, la muestra presenta más de 120 piezas, en distintos formatos: pintura, escultura, fotografía, dibujo, instalación, así como documentos históricos y una selección de piezas precolombinas.

“Muchas de ellas han sido mostradas en diferentes espacios y momentos, otras nunca han visto la luz, o han sido censuradas por la mirada vigilante de la época o por los procesos de autocensura de los mismos creadores”, indicaron los curadores.

A partir de la investigación realizada por Guerrero y Vargas, y desde la mirada de artistas que observan la obra de otros creadores, “Detrás del Portón Rojo” analiza cómo los artistas en todos los tiempos han tratado lo erótico de una forma natural en sus propias vidas y/o en las de otros, con visiones que oscilan de lo luminoso a lo oscuro y viceversa; dado que nadie puede sustraerse de la experiencia de calidez subterránea e íntima de un “eros” que perfila, desborda y disuelve simultáneamente a las subjetividades.

Desde la mirada de artistas que observan la obra de otros creadores, se traspasa de lo público a lo privado e íntimo, para transitar de tradición conocida del arte costarricense a un espacio pulsional de revisión de una parte de la producción artística del país que nunca antes se había mostrado en el MAC, como un conjunto y desde esta perspectiva.

A través de más del centenar de obras que componen el montaje visual, los curadores plantean la noción de lo erótico como una realidad natural del ser humano, el hecho de que el “eros” debe estar libre del estigma social de la medicalización y, sobre todo, su presencia constante en el arte costarricense; determinaron la necesidad de reunir una serie de obras que enlazan la erótica, el deseo, el cuerpo y sus placeres en la exposición “Detrás del Portón Rojo”.


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El MAC inauguró “Detrás del Portón Rojo” el jueves 16 de noviembre, en la sede del Museo en el Parque Metropolitano La Sabana. La muestra permanecerá abierta al público hasta abril de 2018, de martes a domingo, de 9:00 a.m. a 4:00 p.m., y la entrada al público es gratuita.

La muestra incluye obras de los siguientes artistas: Teodorico Quirós, José María Figueroa, Juan Manuel Sánchez, Emilia Prieto, Max Jiménez, Tomás Povedano de Arcos, Larry Madrigal, Joaquín Rodríguez del Paso, Néstor Zeledón, Jaime David Tishler, Herberth Bolaños, Victoria Cabezas, Jorge Albán, Carlos Barboza, Karla Solano, Gabriela Zumbado, Francisco Alvarado Abella, Memo Murillo, Fernando Carballo, Adela Marín, Arturo Herrera, Álvaro Herrera, Francisco Zúñiga, Tamara Ávalos, Margarita Bertheau, Rolando Garita, Florencia Urbina, Miguel Hernández, Carlos Quesada, Zulay Soto, Olger Arias, Manuel de la Cruz Gónzalez, Claudio Fantini, Alberto Murillo, Roberto Lizano, Adolfo Siliézar, José Miguel Rojas, Pedro Arrieta, Priscilla Monge, Otto Apuy, Adrián Arguedas, Emilio Span, Francisco Amiguetti, Eugenio Murillo-Fuentes, Jeffrey Arguedas, Mariano Ramírez, Fernando Acuña, Giorgio Timms, Luis Fernando Quirós, Andy Retana, Leonel González, Leda Astorga, Marton Robinson, Andrés Rangel, Lucía Madriz, Jorge Gallardo, Susana Sánchez, Andrés Gudiño, Amparo Cruz, Manuel Zumbado, Natalia Porras, Rodolfo Stanley, Ariela Muñoz, Rolando Cubero, Walter Rojas, Héctor Burke, Juan Bernal Ponce.