José Miguel Mercado: “Hijo de la posguerra” (opinión)

Un fotógrafo de 21 años reflexiona con palabras e imágenes sobre el significado del aniversario de la firma de la paz en El Salvador.

José Miguel Mercado
Ilustración de Catalina del Cid
La Zebra | #25 | Enero 1, 2018

Nací en 1996. En febrero de ese mismo año, el papa Juan Pablo II celebraba en El Salvador la paz firmada cuatro años antes. Nací en la posguerra, en medio de una sociedad destruida, pero con las ganas de levantarse después de casi un siglo de injusticia social que se resume en doce años de enfrentamientos. Era una época donde la prensa internacional celebraba con nosotros, el pueblo salvadoreño, el fin de los últimos conflictos periféricos de la guerra fría. Crecíamos de maneras no vistas. Éramos el jaguar de Centroamérica.

Hoy, 21 años después —26 después de la firma de la paz—, ¿qué nos queda?

Mirame
“Mirame”. Fotografía de José Miguel Mercado.

Veo en San Salvador a una sociedad que sigue rota, donde el presidente parece ser una figura ausente y la Asamblea no me representa. Hoy, los que eran comandantes guerrilleros están en el poder, la “Tandona” militar de la generación de la guerra sigue ejerciendo presión en temas de seguridad y la Policía Nacional Civil sigue siendo débil. Hoy, salvadoreños siguen cantando a Inti Illimani con el puño izquierdo levantado, mientras otros claman por la tumba de los “rojos”. Hoy, se sigue idolatrando a uno de los líderes de los escuadrones de la muerte como paladín de la democracia. Hoy, se sigue negando la masacre de El Mozote, donde murieron asesinadas más de mil personas inocentes. Hoy, la gente dice que el sistema político les dio la espalda. Impunidad es su plato de cada día porque el sistema olvida el robo de fondos destinados a la reconstrucción después de los terremotos del 2001, porque el que pregonó ponerle el cascabel al gato de la corrupción ahora está en Nicaragua huyendo de la justicia acusado de corrupción, y porque los grandes partidos compraron las elecciones y la fiscalía no hizo nada.

Hoy, vivo en un país de números prohibidos, donde la R y la S están peleadas y donde es un riesgo vivir en una colonia y trabajar en otra. Asfixiados por las pandillas, producto de la guerra, deportados de los Estados Unidos, que trajeron el cáncer que ahora mata al pueblo… literalmente. Los malacates (delincuentes) hacen su fiesta con la renta y, en el mejor de los casos, con dinero del Estado, con dinero del pueblo. Somos clase-medieros la mayoría, condenados a vivir con salarios que no alcanzan, endeudados para poder sobrevivir, donde las pensiones no bastan, olvidados por los subsidios y los programas sociales. Escribían algunos con indignación, unos con más precisión que otros, la rabia que les provoca las declaraciones del comandante Leonel: “que todo marcha bien; que las divisas en oro de la patria iluminan las noches de Washington; que nuestro crédito es maravilloso; que la balanza comercial es favorable…” pero el salario mínimo no da abasto.[1]

El Salvador, un país dolarizado a la fuerza, privatizado por la gana, apaleado, moreteado, abusado. País de migrantes, indígenas, reprimidos y explotados… “reyes de la página roja”. País de “los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo”… país de “los guanacos hijos de la gran puta”…[2]

Es curioso, porque lo que menos ha hecho El Salvador es salvarse a sí mismo.

Se-busca
“Se busca”. Fotografía de José Miguel Mercado.

Veo todo lo que ha pasado en la posguerra, es decir, en toda mi vida, y veo que la paz que firmaron es una paz armada. Una paz abstracta, una paz que no existe. Pero, a pesar de ser imaginaria, casi una utopía, este día no deja de ser importante. Es un día para recordar el país que queremos y reafirmar la lucha por la paz que necesitamos. Un día para empezar a ponerle alto a los abusos, vengan de donde vengan; de acabar con la polarización, ya sea en la política o en el estadio; de respetar al prójimo y aceptar la diversidad; de sentirnos orgullosos de nosotros mismos no por lo que tenemos, sino por lo que somos.

Nací en la posguerra, soy hijo de la posguerra, y como deber moral, tengo la tarea de acabar con la posguerra.

Notas

[1] El autor cita versos satíricos del poeta de izquierda Oswaldo Escobar Velado, de su célebre poema “Patria exacta”, debido a la ironía de que es así, como hace medio siglo se expresaba la dictadura militar, como ahora se expresa el actual presidente de El Salvador, el ex comandante de la guerrilla Salvador Sánchez Cerén, pese a la grave situación que el país atraviesa, asediado por condiciones de pobreza, violencia y migración.

[2] El autor parafrasea versos de “El poema de amor” de Roque Dalton.

 


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JOSÉ MIGUEL MERCADO (El Salvador, 9 de septiembre de 1996). Estudiante de Ingeniería de Negocios en la Escuela Superior de Economía y Negocios de El Salvador (ESEN), aunque, en sus propias palabras: “Mi gran pasión es la fotografía, orientado a retratar lo real maravilloso y lo crudo e irónico que puede ser San Salvador”. Publica sus fotografías en su cuenta de Instagram @miguelmercado60 y sus pensamientos personales en su blog: http://santiagoliveira.tumblr.com/.