Carmen González Huguet: “Palabra de Diosa” (poesía)

Una muestra del arte impecable y universal de la poeta salvadoreña, ganadora del Premio Mundial de Poesía Mística “Fernando Rielo” 2017.

Carmen González Huguet
La Zebra | #26 | Febrero 1, 2018

De Palabra de Diosa

I

Mi delicada flor se abre.
Tu luz penetra:
Gozo.

II

Soy la aguja,
tú el hilo:
borda.

III

Este es mi cuerpo.
Este
el río de mi sangre.
Te envuelvo en él, sumerges
tu propio río oculto.

Naces de nuevo,
sales hacia el mundo.

En mí
crece la dicha.

IV

Todo sale de mí.
Doy a luz a este mundo
y cada día mi vientre
pare de nuevo al Universo.

En mí la vida tiene
cauce y manantial.

Todo hasta mí regresa.
Todo vuelve
al descanso final entre mis huesos.

Y sin embargo
desafío a la muerte cada día.

El mundo entero cabe en mi vagina.

Todo penetra mi ser, todo fecunda
mi cuerpo.

Yo soy la tierra,
la materia, la luz,
soy la energía.

Estoy en cada uno de tus nervios,
debajo de tu lengua
y en tus dedos.

En todo lo que fluye de tus manos.

Soy la piel y el polvo de tus pasos.
Tu mirada.

No te podrás librar de mí:
yo soy tu sombra.
La otra que te mira en el espejo.
Tu próxima enemiga.

Tu amante más oscura.
Soy tu hija, tu madre, los latidos
de la sangre meciéndote la vida.

Soy plenitud, vacío.
Silencio, voz y eco.

Soy el significado que te llena,
palabra.

Sonido que te eleva
y consagra.

Soy tuya, soy ajena, soy de nadie:
tu propia imagen soy,
tu propia esencia.

Mírame bien,
reconóceme:
soy tú mismo.

La enemiga

La sierva.
Nunca amante, ni amada,
ni la amorosa compañera,
ni la amiga.

Nunca la igual,
sino la subalterna.
La mejilla ofendida.
La carne doblegada.
La humillación servil.
Las manos y la voz
encarceladas por el miedo.
La que dibuja sumisión
disfrazando de amor el cruel despecho.

La que se condenó, por siempre y para siempre,
a no ser más que sombra y que silencio,
a girar sin reposo, ilusa luna,
en torno de un planeta indiferente.
La que vigila pasos y susurros
y vive carcomida de sospechas.

La que guardó su castidad preciosa
para el festín de la primera noche.
La que odió al que devoró las ilusiones de la infancia
y la hizo estrellarse contra el polvo
de la vergüenza y el asco cotidianos.

La que terminó odiando
hasta la fecundidad sin pausa de su vientre,
condenada a repetir en sus hijas y nietas,
como en un laberinto de espejos,
el mismo dédalo sangriento y angustioso
de su madre y su abuela,
y de las madres y las abuelas todas de su estirpe.

La que jamás se atreve a disentir en alta voz,
pero que va frenando los proyectos de su amo
con la insidiosa diligencia de la cizaña y la carcoma.
La que cuidó de untarle con hiel
hasta los más pequeños goces.

La que se condenó al áspero infortunio,
la que le fue tapiando las rutas a la dicha
con los cadáveres
de sus propias, marchitas ilusiones.

La que gravita, aun hecha cruz de camposanto,
sobre su espalda con el peso muerto
de una sorda y oculta recriminación.

La que lo mira
desde el fondo de todos los retratos
con su reproche mudo
y que, más que un recuerdo en la memoria,
se le quedó grabada
más allá de la piel,
eterna e inmutable, dolorosa,
como un remordimiento.

Arcángel de la luz enamorada

Arcángel de la luz enamorada,
de la sombra y su beso de ceniza,
del oculto panal donde eterniza
el beso tu ternura y tu mirada.

Demonio de la sombra acribillada
por la luz que ojo y labio al par hechiza
y cuyo tacto leve profetiza
belleza no cautiva: adivinada.

Rompe el límite, el borde, la frontera
que de tu piel me aleja, navegante,
dame a besar tu faz más verdadera.

Libérame del tiempo torturante,
sálvame de la piel perecedera,
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.

Bukkake

Báñame con tu amor, báñame entera,
cubre mi cuerpo, llénalo de nieve
de la secreta fuente que se atreve
a desafiar la muerte y su frontera.

Que rompa tu avidez la tersa espera
de labio que sediento besa y bebe
dulce rocío en el deleite breve
que asoma apenas como flor primera.

No se recate con pudor fingido
ni se avergüence de placer tan hondo
tu corazón de ardor estremecido.

Si a tanta sed en mi largar respondo
con noble vino en cálices vertido
hasta satisfacer su tibio fondo.

Placeres, Nicaragua, 2010.

De Vértigo

1.

Viene como la noche
con su telón poblado de agujeros;
como la lluvia,
con su rumor de multitud;
como la palabra
que sube hasta la voz.

Como un mundo,
una especie,
un trozo de realidad
que la realidad no conoce,
pero que estará
ávida a devorar.

Viene llegando
como el ahogo del sollozo,
la inminencia del golpe,
la ineludible y dolorosa
certeza del beso.

Viene así, inevitable,
como el dolor de la separación,
y duele ya,
como le duele al agua
saber su entraña dividida
por el filo de un cuerpo
clavado en su vientre.

Viene solo, impasible,
como el verde de las iguanas
y el rescoldo del fuego,
como el gratuito
esplendor de las rosas
y el temor que se esconde en los espejos.

Viene azul, amanece
como la noche al borde de la espuma,
como la sangre que solloza en las heridas,
como el silencio agonizando en las guitarras.

Viene,
uno y distinto,
desamparadamente solo.
Viene y viene.

3.

Lejos quiero morir de este relámpago,
de la amabilidad quieta del fuego.

Lejos de la bondad de las manzanas,
de la dulzura azul de los silencios,
de la inminente luz de la sonrisa.

Lejos, lejos.
Quiero beber distancia. Entre nosotros
todo un mundo de aire impenetrable.
Quiero la paz cobarde
de agonizar sin pausa en la distancia,
lejos de la batalla de los labios.

Lejos quiero morir.
Nadie alimente
esta hambre de sentir. Si ahora tengo
que continuar muriendo entre las sombras,
si la luz es mi vida,
quiero horadar la noche más cerrada.

Otros guarden el sol. Con avaricia
déjense poseer por su belleza
y la odiosa alegría inconsecuente
de los amaneceres.

Oscura,
oscura y sola.
Desde hoy,
regalo esta avidez por las palabras.

 


carmen-gonzalez-huguet.jpg

CARMEN GONZÁLEZ HUGUET (El Salvador, 1958). Poeta, narradora y catedrática. Estudió en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas donde obtuvo el título de profesora en Educación Media (y 1991) y licenciada en Letras (1992). Fue Directora de Publicaciones e Impresos del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte de El Salvador (1994-1996). Ha trabajado como catedrática durante tres décadas en varias instituciones de prestigio, incluyendo la Universidad Dr. José Matías Delgado y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Su obra publicada comprende los poemarios: Las sombras y la luz (1987); Mar inútil (1994); Testimonio (1994); Palabra de diosa (Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán de Poesía, Panamá, 2005; San Salvador, 2010); Glosas (San Salvador, 2009); Bitácora (Quetzaltenango, 2010); y Placeres (Managua, 2010). Su obra narrativa incluye: Mujeres (cuento, ganador del II Certamen Centroamericano de Literatura Femenina, 1997); El rostro en el espejo (novela corta, 2005, 2011); Jimmy Hendrix toca mientras cae la lluvia (narrativa 2004, 2012); y Pentagrama (novela, 2015). Como investigadora realizó la edición crítica de los dos tomos de Poesía completa de Claudia Lars (1999) y escribe un ensayo histórico sobre las mujeres escritoras de El Salvador. En diciembre de 2017 fue galardonada con el Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística.