Claribel Alegría: “Elogio de mi cuerpo” (poesía)

Estos son los primeros poemas publicados por Claribel Alegría, escritos entre sus 16 y sus 17 años.

Claribel Alegría
La Zebra | #26 | Febrero 1, 2018

I. Introducción de Francisco Luarca

La presento

A veces siente el alma la tristeza del día,
de los días que están en profunda agonía,
de los días que pasan sin dar nada a la vida,
ni siquiera el impulso de alguna ala tendida.

Habla así Claribel Alegría Vides, niña salvadoreña, de dieciséis años de edad.

Un día de febrero de 1942 llegó a Costa Rica en un avión. Venía a conocer a García Monge. En su equipaje de niña viajaban seis cuartillas de papel satinado y un verso en cada una.

Con una flor de seis pétalos bellos saludó Claribel a nuestro don Joaquín. Oyó sonriendo el maestro los versos y animó a la niña con frases consagratorias.

Agradezca la América a don Joaquín García Monge el hallazgo.

Es poetisa Claribel y en tempranísima edad supo adentrarse en los sagrados misterios del verso.

En las estrofas de esta niña no hay tanteos y uno la siente andar segura en su camino.

Fruto muy madurado del árbol de poesía es esta Claribel y esto es sorprendente y halagador a la vez. Si mucho es ya en la realidad, más aún ha de ser en lo que tiene que andar a lo largo de la vida.

Nos dice su pensamiento:

Yo quisiera entregarlo a la tierra fecunda,
yo quisiera que el fuego le enseñara a ser fuerte,
y que el agua le diera su poesía profunda
y lo llevara el viento más allá de la muerte.

Nueva sembradora, en las eras vírgenes de América, siembra de luz hará la poetisa “del pensamiento extraño”, que ya presiente el oficio que ya le asignan las musas indias en la siembra nueva.

Y porque así lo desea Claribel, y porque en las eras de este verso inédito —América—, siembra la niña latidos de corazón y frutos del alma, su pensamiento irá “más allá de la muerte”.

Costa Rica, marzo de 1941.

II. Poemas de Claribel Alegría

Elogio de mi cuerpo

Mi cuerpo es un vaso cálido y sagrado,
que jamás el lodo debe profanar;
es un don precioso que me han otorgado
para que mi alma se pueda expresar.

Crece en él mi vida, crece y se desliza;
mi vida es un fuego que me hace vibrar.
No dejes, Señor, que sople la brisa
y apague la llama que quiere volar.

Mi cuerpo es un vaso con sed de belleza,
cálida vivienda me has dado, Señor,
para dar refugio a la gran tristeza a la gran tristeza
que va por el mundo sin sentir calor.

Es deuda de siglos esta deuda mía,
es deuda del cuerpo, para ti, Señor.
Deja que la cumpla, dame la alegría
de hacer de mi vida, hoguera del amor.

Santa Ana, 1941,
a mis 16 años.

Danza de sangre

Danza de sangre y colores
lleva sobre el mundo, el fuego,
que va retorcido y ciego
repartiendo sus fulgores.

Fuego, elástico y ritual,
despierta mi corazón,
quémalo y no le hagas mal,
haz florecer su emoción.

Tú, que eres dueño del mundo.
Tú, que eres viva oración,
despierta mi corazón
y házmelo fuerte y fecunto.

Mi corazón, que es sencillo,
hoy te presiente y te clama,
fuego que te haces ovillo
y te alargas en la llama.

Tú eres látigo de amor,
eres el dios danzarín,
apura, fuego carmín,
ven a darme tu calor.

Santa Ana, 1941.

Yo vi una vez…

Yo vi una vez de cerca al gran dolor humano,
oí su voz quebrada y respiré su aliendo,
yo quise ser su amiga y le tendí la mano,
pero él me dio la espalda y se fue con el viento.

Algún día descalzo, va a llegar a mi pecho,
porque es humilde, humilde, tiene humildad de niño,
mi corazón de níspero le servirá de lecho
y abrigaré su frío con ropas de cariño.

Él dejará en mi alma la huella de su herida,
y otra vez como entró, humilde como un niño,
se me saldrá del pecho y dejará en mi vida
un recuerdo que sea suave como el armiño.

Santa Ana, El Salvador, 1942.

Dentro de mí…

Dentro de mí se agita un pensamiento extraño,
quisiera darle vida y expresarlo en canción,
pero es asustadizo mi pensamiento huraño,
no quiere ver la vida, no quiere ser canción.

Yo quisiera entregarlo a la tierra fecunda,
yo quisiera que el fuego le enseñara a ser fuerte,
y que el agua le diera su poesía profunda
y lo llevara el viento más allá de la muerte.

Pero es asustadizo mi pensamiento huraño,
no quiere ver la vida, no quiere ser canción,
dentro de mí palpita como un temblor extraño
y siento que en mi cuerpo hay otro corazón.

Santa Ana, 1942.

Canto al amor

Tu voz en el alma suena a maravilla,
es canto que arrulla y nos da calor,
es canto que tiene la gracia sencilla,
del ala y la nube y el árbol en flor.

Todos en el mundo, te anhelan, amor,
la raíz dolida y el tallo que sube,
el niño y el hombre y tal vez la nuba,
quieren que sus vidas se inflamen de amor.

Amor que llenas de ensueño y que engrandeces la vida.
Amor que te has desprendido de una ronda astral,
ya despertaste mi alma con tu canto de cristal
y te siento sobre el pecho como rama florecida.

Santa Ana, 1942.

A veces siente…

A veces siente el alma la tristeza del día,
de los días que están en profunda agonía,
de los días que pasan sin dar nada a la vida,
ni siquiera el impulso de alguna ala tendida.

Tristeza de bejuco que en el pecho se enreda,
y que sube hasta el alma por sangrienta vereda,
tristeza de los días que no tienen calor,
que no dejan un gozo ni un una herida con flor.

Es tan honda y amarga que no cabe en un canto,
más honda que el abismo, más amarga que el llanto,
la tristeza del día que pasa por la vida,
sin dejar el aroma de una rama florida.

Santa Ana, 1942.

Mi secreto

Yo guardo en mi vida un hondo secreto,
lo supe en la playa, lo escuché al azar,
estaba jugando con un amuleto
y oí cuando el viento se lo dijo al mar.

La voz le temblaba al viento poeta,
de sus labios finos voló como un canto,
tenía el embrujo de una luz discreta
y estaban sus notas pobladas de llanto.

¿Quién se lo diría al viento andariego,
el agua del río, la luna curiosa,
las nubes errantes, el árbol, el fuego,
o sería el alma sutil de la rosa?

Yo no sé quién fue, no lo dijo el viento,
sólo sé que es mío mi secreto de oro,
del fondo de mi alma emerge su acento,
sólo yo lo escucho, es mi gran tesoro.

Por eso es tan puro mi hondo secreto,
porque no es del mundo, lo supe al azar,
estaba jugando con un amuleto
y oí cuando el viento se lo dijo al mar.

Alma mía…

Alma mía, sombra de lo desconocido,
mariposa de luz, perfume de la rosa,
dime: cuando yo duermo tú abandonas mi nido,
cuéntame adónde vas, mi leve mariposa.

¿Vas a pescar ensueños a una isla ignorada
o viajas por el mundo conociendo el dolor?
Di si has ido al oriente, mi mariposa alada,
si conoces el alba y el país de la flor.

A veces yo te siento llegar de un viaje largo
y aletear en mi pecho con un latido intenso
y otras veces yo escucho que tu acento es amargo,
mas no entiende mi oído tus palabras de incienso.

Habla claro a mi cuerpo, pajarita de sueño,
mariposa de luz, perfume de la rosa,
haz que entienda tu voz mi corazón pequeño,
cuéntame adónde vas, mi leve mariposa.

Un vuelo de nubes…

Un vuelo de nubes blancas se detiene a ver el día,
día embriagado de aromas y florecido de canto,
día celeste de mayo, día claro de alegría,
por ti siento que es más dulce la amargura de mi llanto.

Como imagen de la gracia te veo yo sobre el mundo,
día celeste de mayo, clara sonrisa del cielo,
lindo collar de la vida, canto de ritmo profundo,
eres árbol florecido y flor en ansia de vuelo.

Para cantar a tu gloria se hizo alondra mi emoción,
día embriagado de aromas y florecido de canto,
día celeste de mayo, húmeda y viva canción,
por ti siento que es más dulce la amargura de mi llanto.

Santa Ana, El Salvador, mayo de 1942.

Quiere escuchar mi oído…

Quiere escuchar mi oído la palabra secreta,
que se agita en el mundo, misteriosa y latente.
Hace años me persigue, mi corazón presiente
su tenue resplandor de lámpara discreta.

Hay días que percibo su voz estremecida,
como el leve rumor de un ala que se agita.
Ya creo adivinar su música infinita,
cuando otra vez el viento la aleja de mi vida.

Vuelve otra vez a mí, cerca de mí palpita,
oh celeste palabra de voz estremecida,
que no te aleje más el viento de mi vida,
quiere escuchar mi oído tu música infinita.

Santa Ana, El Salvador.

Danza del dolor

Danza el dolor en el suelo
con paso rojo y fecundo,
danza el dolor sobre el mundo
y es su danza como el vuelo.

Danza lóbrega y profunda,
eres un grito del cielo,
un grito rojo de anhelo
sobre la tierra fecunda.

Con paso firme y letal,
trazas círculos de fuego
y eres danza, como un ruego
que se eleva en espiral.

Danza roja de dolor…
clama el mundo tu presencia,
eres la mágica esencia
de la herida y de la flor.

Danza lóbrega y profunda,
eres un grito del cielo,
un grito rojo de anhelo
sobre la tierra fecunda.

Romance del verso que quisiera hacer

Yo quiero escribir el verso
que tengo vivo en mi sueño,
tiene la voz de campana
es alado como el viento.
Verso que amasa mi sangre,
verso azul de terciopelo,
eres humilde, sencillo
y grandioso como el vuelo.
Yo te siento sobre el alma
como un mensaje agorero,
yo presiento tus palabras,
oigo tu canto en mi pecho,
es el canto de la estrella,
del río andariego y suelto,
de la alondra, de la flor
y de las nubes en vuelo.
Eres un gozo amargado
sobre mi pecho pequeño,
una tristeza gozosa
que me gusta y me da miedo.
Verso que amasa mi sangre,
verso azul de terciopelo,
algún día he de cantarte
con voz cálida de fuego.

Junio 1º de 1942.

Yo siento en esta noche…

Yo siento en esta noche un aliento profundo,
un celeste mensaje de las playas del mundo,
es surtidor de canto que florece en mi huerto
y pájaro encendido sobre mi pecho abierto.

Por él veo más clara la noche constelada,
comprendo que las cosas son de esencia sagrada,
siento el dolor inmenso del mundo en agonía
y oigo el canto del viento en las rejas del día.

Aliento del alma, mi profundo aliento,
celeste mensaje que me trajo el viento,
surtidor y pájaro en mi pecho abierto,
por ti la poesía florece en mi huerto.

Quiero cantarte a ti

Quiero cantarte a ti, luminoso silencio,
sagrado confidente de pensamientos hondos,
red mágica de asombros en la noche dorada
y barquita de luz que navega en el alma.

Quiero cantarte a ti, esta noche de invierno,
que con tu voz de sombra consuelas mi tristeza.
Por ti conoce el alma el misterio del verso,
y palpita en el hombre la palabra de Dios.

Silencio, mi silencio, único y universal,
sagrado confidente de pensamientos hondos,
quiero cantarte a ti, esta noche de invierno,
la canción más hermosa que florezca en mi huerto.

Junio 17 de 1942.

Estos poemas se publicaron en Costa Rica en tres entregas distintas en 1942 ,en la revista dirigida por Joaquín García Monge, Repertorio Americano. Es a través de estos versos que Juan Ramón Jiménez descubrió por primera vez a Claribel Alegría, y aunque no le impresionaron mucho sus primeros versos, recordaría su nombre hasta el día en que la conoció. Sólo elegimos poemas escritos en la adolescencia de la poeta, aunque ella siguió publicando en la revista dirigida por García Monge hasta la década de 1950. Los poemas elegidos provienen de los siguientes números del Repertorio Americano: “Página lírica”, marzo 28, 1942; “Poemas nuevos”, junio 20, 1942; y “Poesías”, septiembre 26, 1942.
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Primera publicación de poesía de Claribel Alegría, quien visitó al director de la revista Repertorio Americano, Joaquín García Monge, en 1941, en un viaje hecho a Costa Rica con ese fin. Un año después, García Monge le publicó un conjunto de poemas escritos entre los 16 y 17 años, en la edición del 28 de marzo de 1942.

CLARIBEL ALEGRÍA (Nicaragua/El Salvador, 1924-2018). Poeta, narradora y periodista.  Autora de una veintena de libros de poesía, ha sido galardonada con dos importantes premios mundiales por la totalidad de su obra: el Premio Internacional Neustadt de Literatura 2006, otorgado por la Universidad de Oklahoma y la revista World Literature Today; y el XXVI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana de la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional de España 2017. En las últimas dos décadas se han realizado varias selecciones importantes de su poesía reunida, entre ellas: Una vida en poemas (Hispamer, Nicaragua, 2003); Esto soy. Antología poética (DPI, San Salvador, 2004); y Pasos inciertos. Antología personal (Visor, Madrid, 1948-2014). Entre sus obras narrativas se encuentran: la novela Cenizas de Izalco, escrita en colaboración con su esposo Darwin J. Flakoll (finalista, Premio Biblioteca Breve, Seix Barral, Barcelona, 1964); El detén (Editorial Lúmen, Barcelona, 1974); y Luisa en el país de la realidad (Editorial Volvo i Climens, México, 1987).