Eva Thais: “Almas en metamorfosis” (cuento)

De manera casi accidental, esta célebre poeta hondureña llega al cuento por medio de la poesía.

Eva Thais
La Zebra | #26 | Febrero 1, 2018

El regreso

Fue extravagante en el mundo de trompas de elefantes. Cuando se cansó del safari, encontró que era poco el equipaje de su culpa, y emprendió el regreso. Extendida en mi esbeltez, le esperaba como siempre.

La piedra

Quiero ser una piedra, no de las que ruedan, de esas no.

Quizás de las piedras preciosas, de esas que están en las tiaras de los papas. Pensé, pensé… pensé… ¡y sigo pensando! De las primeras hay variedad, pero no de las otras, son de las que hay que arriesgarse para obtenerlas.

Luego me dije: si puedo ser piedra en un camino para servir de vía, o ser piedra encerrada en una catacumba, ya sólo para salir a exponerme a los turistas, prefiero ser la más pequeña piedra de un río. ¡No importa! Para observar, y no para ser observada y a la vez codiciada.

Este fue mi último deseo.

Caí, inerte, transformada en una montaña de mármol.

La espalda

Yo tengo la manía de ver pero no mirar, por eso, cuando escuché que alguien dijo: “No veo por la espalda… ¡Quiero ojos para mi espalda… mirar por ella!”, comprendí.

Una de dos: como en la metamorfosis kafkiana, el sujeto se convierte en gusano… porque el hombre, dado sus factores sensibles y emocionales, vive inconforme por no saber cómo es… o ¡quiénes!

O, dos, el cerebro, a fuerza de pensar, ¡ya no piensa!

Rumia el descalabro de la especie: cambia de sexo… ¡y qué de su alma! Y luego, si todo cambia, que sí hay cambios, lo menos difícil sería tener cuatro ojos.

Dijo otra voz: “¡Pídelo!”

Doblé la esquina, instantáneamente hice mi regreso, y me encontré que la sombra proyectada, llevaba ¡ojos en la espalda!

Fases de la luna

La rapidez del vagón a medianoche le hizo sospechar que —por el silencio, por supuesto— era el único ser que viajaba. La lectura lo abstrajo.

Pero no, iba una sola mujer. Se negó a creerlo. Era o no… Solamente que se había escindido en ella, que se presentaba dentro de su raíz vital… y la evitaba… y que, en ese instante, se avocaba a su realidad.

Esta vez se enfrentó a ese ser, que sabía que era él mismo. Forcejaron: la luna reflejó ambas de sus fases en la verdad, hasta entonces escondida en su vida reprimida.

El ruiseñor

Lo descubrí en mitad de la noche. Yo estaba sollozando. Dejaba una nota de ida y otra de regreso en su pequeña y sonora garganta, que era un vaivén hacia las cumbres: donde el azul es el cielo, y la tierra es el verde.

De mis sollozos desperté, y ya estaba sentada, y apenas vi el ruiseñor que volaba… ¡era mi alma!

Retener el tiempo

Cuando las manecillas del reloj llegaron al punto exacto del 9 al 3 ¡estaba absorta! Logré retener el tiempo en los hemisferios, y no pude escapar. Dentro del reloj… ¡quedé atrapada!

Vuelo hacia la cita

La tarde cayó cuando salió la luna.

Ya no tengo la esperanza porque en miles de días salí… ¡tan victoriosa!

Ahora estoy en el mediodía de mi vida. Tengo que hacer el vuelo hacia la cita, pero la noche que ya viene es negra, porque lo que la torna azul es la intensidad del claro de luna, aunque haya puntos luminosos… ¡pero la noche es negra!

Así es la vida, tiene días como noches negras, y ya los caminé… ¡por luminosos puntos!

“Este lamento lo escuché, no importa en dónde”, dijo una voz. “Era escalofriante el momento.”

Pero dijo otra voz, más tierna: “Es que yo estaba en la noche. Ya regresé. Ya soy otra. ¡Nací… nuevamente nací! Para entenderlo hay que cerrar los ojos.”

eva thais por gelasio 1958
Retrato de Eva Thais por Gelasio Giménez (Cuba/Honduras, 1923-2008).

 


EVA THAIS (seudónimo de Edith Tarríus López, Honduras, 1931-2001). Poeta, ensayista y pintora. La mayor parte de su obra está compuesta por libros de poesía: Lluvia de Ilusiones (Imprenta Calderón, Tegucigalpa, 1954); El canto de todos (Imprenta Calderón, Tegucigalpa, 1956); Agonía del sueño (Imprenta Bulnes, Tegucigalpa, 1961); El niño, el hombre, el enigma (Editorial Etape, Tegucigalpa, 1979); Canción de amor en cuatro tiempos (Imprenta Nacional, Tegucigalpa, 1984); Catedrales y espejos (Corceles de fuego) (Editorial Guaymuras, Tegucigalpa, 1985); Árboles de los ojos eternos (poema-óleos, Editorial Hibueras, Tegucigalpa, 1993). Publicó un libro de cuentos muy breves —poemas en prosa, casi— Constante sueño (Litografía López, Tegucigalpa, 1999), y dejó otro inédito: La paz para nuestros hijos (cuyos textos abarcan cuarenta años: entre 1957 y 1997). Dejó un libro de ensayo ya listo para su impresión, así como otros libros, entre ellos: Personalidades, valores femeninos de honduras (1970-1975); Decídete. La huelga (obras de teatro, 1964-1978); y Obras pictóricas (setenta y cinco óleos sobre tela, 1987-1998).