Jorge Ávalos: “Siete razones del artista para no responder al crítico” (editorial)

Ni apologética ni sarcástica, una respuesta a los artistas que critican a La Zebra por publicar críticas de sus obras.

Jorge Ávalos
La Zebra | #26 | Febrero 1, 2018

Muchos escritores y artistas de Centroamérica parecen estar tan poco acostumbrados a las reseñas críticas que cuando aparece una sobre su obra los encuentra desprevenidos y no saben cómo responder, lo cual nos hace ver que estos artistas no saben que nunca deberían responder a una opinión crítica. Ofrezco una guía breve sobre por qué no responder a una reseña:

1.

El crítico no le habla al artista, por lo tanto el artista no tiene por qué responderle.

2.

No todos los artistas son buenos autocríticos de sus obras una vez han sido entregadas al mundo. Esto es así por dos razones: porque las búsquedas de los artistas no culminan con una obra; y porque el oficio del crítico parte de una lectura especializada de la obra, y un artista no necesita leer sus propias obras, pues las ha vivido en un sentido profundo. Cada obra es, para un artista, importante por su intención, pero es, además, un acto y una extensión de su personalidad. La mayoría de los artistas no tienen el tiempo para leer o contemplar sus propias obras, porque esto sería equivalente a contemplarse una mano o un pie. Para un artista, por lo demás, el logro final es siempre cuestionable: acabar una obra no es igual a finalizar la búsqueda que incitó una creación particular. El artista que debate con un crítico lo que sólo puede debatir en sí mismo —por medio de su oficio y enfrentado a sus propios procesos de creación y a sus propios demonios— pierde su tiempo.

3.

Si bien un artista no es siempre un buen autocrítico de sus propias obras, todo buen artista debería ser un gran crítico del oficio artístico al cual se dedica. En este campo, como maestro de su oficio, el artista no debería tener par. Por consecuencia, un crítico no debería nunca pretender que sabe el oficio más que el artista, o que le puede enseñar al artista cómo ejercer ese oficio. El crítico que hace esto está condenado al fracaso y al ridículo. El artista que dignifica con una respuesta a un crítico que presume de saber algo que es imposible que comprenda se rebaja.

4.

También se equivoca el crítico que no reconoce la obra que está ante sus ojos. El buen crítico debería ser un maestro de la apreciación, un arte enraizado en la observación acuciosa. El que juzga la obra artística porque no ve en ella lo que quisiera ver, juzga sus propios vacíos. La obra es lo que es, y es lo único que importa al momento de reseñarla. El crítico que habla de una obra imaginaria que no ve en la obra del artista, anula toda posibilidad de discusión.

5.

El artista no puede ni debería quejarse de que la reseña no refleja lo que pretendía con su obra ni explica su pensamiento como artista con profundidad. Toda reseña es superficial por diseño: es la crónica de un encuentro personal con un hecho estético. Si una reseña crítica pudiese reflejar en su texto todo lo que la obra pretende expresar o las ideas de un artista en toda su profundidad, entonces ni la obra ni el artista serían necesarios, porque una reseña podría contener todo lo que son. Si la obra no habla por sí misma, mucho menos podría hacerlo el artista por ella.

6.

Lo que una reseña debería de hacer, en principio, es confirmar que toda obra de arte es dialógica: invita al diálogo, a la reacción personal, a las ideas propias del público y el lector. Un crítico debería ser un súper lector: alguien que no sólo tiene una opinión personal y apasionada, sino, y sobre todo, una apreciación multidimensional de la obra, informada por sus conocimientos de historia, por sus vastas lecturas y por sus gustos, tan diversos como aventureros. A ese crítico, conocedor profundo de la tradición, pocos artistas saben responder muy bien. Es mejor callar. El crítico que ha visto una obra a la luz de la historia ha abierto una puerta que ya no se puede cerrar.

7.

El artista es motivado por sus propias razones, las cuales podrían permanecer secretas, que es lo que yo prefiero. Exponer a un crítico estas motivaciones es un arma de doble filo. Como escritor y artista, entre el mundo de mis intenciones conscientes y mis motivaciones inconscientes y el mundo de las contradictorias lecturas que hace de mis obras un público muy diverso hay un abismo infranqueable, pero no por ello dejo de crear. Yo creo (de crear) porque creo (de creer) en lo creo (de creer y de crear). Y ya. Cualquier otro argumento es falaz.

 

Fotografía de Jorge Ávalos: estatua en el monasterio colonial de los jesuitas en Antigua Guatemala, restaurado y mantenido por la Agencia de Cooperación Española.