Ruth Grégori: “Once relatos para explorar la pérdida” (crítica)

Reseña del libro de cuentos Una cierta nostalgia, de la escritora hondureña María Eugenia Ramos.

Ruth Grégori
La Zebra | #26 | Febrero 1, 2018

Una cierta nostalgia no sólo es el título del primer libro de cuentos de María Eugenia Ramos sino, además, el del último de los once relatos que lo conforman. El protagonista del relato que cierra dicho libro es un hombre que expresa sus dudas sobre el estado en que se encuentra: uno de oscuridad total en el que no acierta a descifrar si está vivo o muerto, o si las imágenes que desfilan ante él corresponden a su historia. Un hombre que aun con esas dudas encuentra en sus estériles palabras el único motivo para no dejarse morir en las tinieblas.

Sin embargo, “Para elegir la muerte” resulta igualmente revelador respecto al carácter general del libro. Se trata de un hombre que llega a un local en busca de una manera de morir. La joven que lo recibe le muestra una serie de opciones disponibles en tapices que cuelgan de la pared a modo de catálogo. Y frente a ellos el protagonista debe escoger la muerte que sellará su vida. De un modo similar, el libro está conformado por una serie de historias que plantean diversas maneras de morir.

Los relatos se desarrollan predominantemente en términos de tiempo lineal y narraciones en tercera persona. Antes que funcionar en términos de unidad temática o conceptual, están hilvanados por la generación de atmósferas emotivas, atravesados esencialmente por un estado de ánimo evanescente y oscuro: el de la nostalgia que sentimos al vernos asaltados por la muerte. La muerte física de los que amamos, la muerte de los ideales que tuvimos, la muerte del mundo que conocimos o la muerte que presentimos.

Este hilo emotivo común teje, o más bien, “borda” las diversas tramas a través de ciertos “nodos conflictivos”, dilemas derivados del conflicto central vida-muerte. Desde el nivel más básico de pérdida, la muerte física, se recorren distintos niveles de conflicto con la vida real (vida real vs. vida imaginada, vida real vs. vida recordada) hasta alcanzar niveles de difuminación tal entre los contornos entre la vida real y cualquier otra (anhelada, imaginada, soñada, recordada) que finalmente se llega al abandono de cualquier convicción de pérdida real. Es decir, a la aceptación de la posibilidad de que la vida que creíamos era real no sea sino producto de nuestra propia imaginación.

El libro abre con uno de los cuentos que exploran la pérdida de la vida física, “El vuelo del abejorro”, cuya melodía homónima de Rimsky-Kórsakov constituye el telón de fondo para la aparición de un sicario, cuyo ataque se reproduce detalladamente. “El viaje”, casi al cierre del mismo, plantea una enigmática travesía entre sueño y realidad en la cual su protagonista nunca alcanza a dormir lo suficiente para terminar el sueño recurrente de su vida, hasta que llega el día en que su sueño termina por alcanzarla.

El conflicto amor-identidad (en la exploración de límites entre el ser para sí y el ser para otro) constituye una variante interesante que parte de la relectura que Ramos hace de un par de cuentos clásicos infantiles. En “Entre las cenizas”, el pesar de un príncipe derrotado en la guerra atrae el arrullo de una figura de mujer que emerge del polvo y la ceniza de la cabaña en la que descansa, él la llama Cenicienta y ella sabe que cuando él se duerma su futuro estará sellado. “La otra” es la historia de una joven obsesionada con su belleza al punto de tapizar de espejos su casa y encerrarse en ella hasta la muerte, en una especie de reelaboración del rol de la madrastra en “Blancanieves”. En ambos casos, la imposibilidad de conciliar la vida real con el mundo que ellas imaginan o sueñan para sí mismas atrae trágicas consecuencias en lugar de finales felices. La perspectiva crítica que se intuye a la base de ellos abre la posibilidad de una reinterpretación de los estereotipos y roles asignados a sus protagonistas.

El conflicto vida real-vida imaginada es explorado además en “Los visitantes”, un relato con giros de ciencia ficción en el que una joven a punto de alcanzar la mayoría de edad pierde la inocencia pero gana el amor al conocer a un visitante del espacio exterior. Este “nodo conflictivo” encuentra variantes en relatos que se ocupan de la pérdida del mundo conocido y su estado de limbo con la locura. Es el caso de “Cuando se llevaron la noche”, en el que una pareja de amantes riñe hasta que ella descubre que afuera de la ventana no hay nada. Y el de “El círculo”, en el que una anciana vuelve a casa con su marido sólo para encontrar que hay en ella gente extraña que la hace dudar de si ella alguna vez perteneció ahí.

Con esta nueva edición de Editorial Guaymuras (Tegucigalpa, 2016), Una cierta nostalgia logra su cuarta impresión y consolida con ello el valor que, tanto críticos como antólogos, le han conferido como referente del cuento en Honduras. Sin embargo, llegar a su lectura por primera vez, veinte años después de su publicación original, posibilita una perspectiva que pone de relieve algunas de las características del libro que pueden haber cobrado factura al mismo con el paso de los años.

Buena parte de los relatos gozan de alta inmunidad al paso del tiempo. Los más fantásticos, como las relecturas de cuentos de hadas; los más insólitos como “Para elegir la muerte”, o los más perturbadores como aquellos donde se extravía la cordura, con toda probabilidad siguen interpelando al público lector de ahora con igual agudeza que hace dos décadas. Sin embargo, los cuentos más realistas, ambientados “coyunturalmente” en las atmósferas oscuras y densas de la represión política que imperaba en la región centroamericana de los años 80, de algún modo se sienten como si fueran postales de antaño cada vez más amarillentas. Algo de ello se percibe en “El vuelo del abejorro”, aunque su manejo del tiempo aletargado logra salvarlo al encapsular nuestra atención en el tiempo del relato, pero es sobre todo en “Domingo por la noche” y “La partida” que los mundos de los que da cuenta parecen haber quedado estancados tiempo atrás.

Por otro lado, que algunos cuentos evoquen irremediablemente a otras referencias que resultan familiares en la actualidad, merma la posibilidad de dejarse sorprender por el relato. Es el caso, por ejemplo, de “Cuando se llevaron la noche” o de “El Círculo”, que remiten a la sensación de invasión y desplazamiento de “Casa Tomada” de Julio Cortázar (1951). O cuentos como “La otra” y “El viaje” cuyas referencias al juego de espejos que termina por fracturar el límite realidad-ficción evocan en algún grado al Dorian Grey de Oscar Wilde (1891). Incluso, en un grado de asociación aún más extraño, por la distancia temporal a la que se habría adelantado, “La otra” bien podría haber dado pie a una película como El Cisne Negro de Darren Aronoksfy (2010).

Por todo lo anterior el resultado global la lectura de Una cierta nostalgia resulta en la actualidad un trayecto irregular más que fluido. No nos hace oscilar entre picos emotivos, sino que nos mueve en un ritmo lánguido que incluso puede llegar a resultar monótono para el público lector del nuevo siglo. Aun reconociendo el interés de algunos de sus experimentos formales, al separar del conjunto los tres cuentos en los que se siente más la factura del tiempo, los dos cuentos que remiten a Cortázar y los dos que son relecturas de cuentos de hadas quedan tres relatos en los que se siente el sello personal de la autora con más fuerza: “Los visitantes”, “Para elegir la muerte” y “Una cierta nostalgia” —el único en que convergen tanto la ruptura del tiempo lineal como el relato en primera persona—. La vigencia y potencia que tienen, sobre todo los dos últimos, justifican con creces cualquier bache en el trayecto intermedio. En ellos la Ramos cuentista brilla en todo su esplendor creativo de manera completa, incluso subordinando a la Ramos poeta a los fines narrativos. Y es gracias a ellos que, aun cuando no nos haga volar, Una cierta nostalgia nos hace levitar.

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FICHA TÉCNICA

  • Título: Una cierta nostalgia
  • Autor: María Eugenia Ramos
  • Editorial: Editorial Guaymuras
  • Género: Cuento
  • Año: 2016
  • Ediciones previas: Editorial Iberoamericana, 1998; Ediciones Guardabarranco, 2000; Editorial Iberoamericana, 2010.

 


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RUTH GRÉGORI (El Salvador, 1975). Ensayista. Es graduada en Psicología y egresada de la Maestría en Estudios de Cultura Centroamericana opción Literatura de la Universidad de El Salvador. Su formación extra curricular abarca numerosos cursos y talleres en apreciación y práctica de distintas disciplinas artísticas: música, literatura, teatro, cine e historia del arte. Fue periodista en la sección cultural “El Ágora” del periódico virtual El Faro, responsable de comunicaciones e intercambio de conocimiento en el Programa de Seguridad Juvenil en Centroamérica de ICCO & Kerk in Actie (Países Bajos) y docente de Redacción en la Universidad Centroamericana de El Salvador (UCA). En los últimos años se ha desempeñado como consultora independiente en proyectos relacionados a la producción, sistematización y evaluación de textos escritos y audiovisuales. Sus colaboraciones para la revista cultural La Zebra incluyen los géneros de crónica, entrevista, ensayo y crítica de artes.

Foto de la autora: Guillo Martillhoz.