Salarrué: “Cuando venga el alba, Claribel” (crítica)

La primera reseña del primer libro de poesía de Claribel Alegría la escribió el gran escritor salvadoreño Salarrué, y es tan imaginativa y perceptiva que resultó ser profética.

Salarrué
Fotografías de Salarrué
La Zebra | #26 | Febrero 1, 2018

I. Carta a Joaquín García Monge

Nueva York, junio de 1948

Señor don Joaquín García Monge
San José, Costa Rica

Siempre bien recordado y admirado don Joaquín:

Hace algunos días le envié un artículo sobre el pintor cuscatleco José Mejía Vides. Tengo para mí que los asuntos políticos de Costa Rica han impedido la publicación de Repertorio Americano o cuando menos, retrasado. Quiera Dios que nada desagradable le haya sucedido a usted y a su Repertorio. Deseo de todo corazón que no esté usted enemistado sino mejor amistado con el nuevo régimen. Mi ausencia tan larga de Costa Rica periodística, del contacto con ticos amigos, me ha impedido ver con claridad qué sucedía en esos sitios. Picado fue muy noble conmigo cuando yo estuve allá y él era Ministro de Educación. ¿Es posible que haya cambiado? ¡Es posible!…

Le estoy remitiendo aquí mismo un artículo sobre el libro primero de nuestra linda amiga Claribel Alegría. Creo que usted lo tendrá ya en sus manos. Si cree que puede hallar campo en Repertorio será un gusto. Le remito un retrato de Claribel que yo mismo tomé aquí en Nueva York en un abandonado parque romántico de las afueras. Espero oír de usted pronto.

Con un fuerte abrazo de su amigo de siempre,

Salarrué

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Claribel Alegría y Salarrué en Nueva York, 1948. Archivo de Joaquín García Monge, Costa Rica.

II. Primicias de Claribel Alegría: Anillos de silencio

¿Un libro de poesía? No. Poesía en un libro. Si tomáramos Anillo de Silencio por un libro de poesía correríamos el riesgo de no penetrar en su mágico espacio. Acaso no le daríamos su valor real. Sabemos que la expresión poética sufre transformaciones en el transcurso del tiempo. A la edad de primavera la expresión es flor y no fruto: es gorjeo y no trino, el trino tarda. El gorjeo ya es trino, pero en potencia. El pichón se expresa con el dulce murmullo que promete el trino libre de mañana, el trino claro y desplegado de pura armonía.

Ahora nos preguntamos: ¿qué es mejor en esta jornada de arte sugestivo: lo que se dice sin palabras o lo que se dice entero? ¡A saber…! El ballet es un arte que está apasionando al mundo. Con su mímica musical lo dice todo gorjeando, sin palabras, con giros vagos, sugerentes y el resultado es que nos volvemos locos con él.

Pues bien, Claribel Alegría está en la etapa diáfana de la poesía de ballet. A decir verdad, casi todo el libro es ballet de labio, exceptuando algunos poemas desperdigados que debieron tal vez agruparse al final: “A mi madre”, “Mi anhelo” (el más lindo acaso), “Hay días”, “Nada me ata a la Tierra”, “Déjame entrar”, “Arrodillada”, “Mi canto” (el más original), “Ya” y “Ven a ver el agua”.

Decimos que casi todo el libro restante es ballet de labio y ella (identificada con su corazón) es una danzante embriagada de poesía. La poesía la posee como la llama de las venas. Su nombre mismo de Claribel Alegría es un nombre de ballerina, casualmente, y el Anillo de Silencio no es otra cosa que el círculo de luz que destaca y persigue a la danzante sobre el tinglado cayendo del reflector emplazado en la cúpula.

Aquí estoy, otra vez,
encerrada en mi anillo de silencio.

Y tiemblo en el silencio de la noche
como la llama incierta de una vela.

La danzante por la poesía fina, se desplaza graciosamente y el anillo de silencio y de luz la persigue. ¿Qué persigue ella con los ojos entornados y los oídos atentos a extraordinarias voces?

En busca de una voz voy por el mundo,
en busca de una voz que me persigue.
Me llama desde lejos en la noche
y vibro de alegría con su acento.

Casi la tengo a veces en mis manos,
se acerca de puntillas sin ruido,
ilumina de gracia mi silencio
y estremecida se aleja en el aire.

La poetisa está danzando: no se puede dejar de ver eso.

No la puedo coger, es tan ligera…
Se desliza burlona y delicada,
me dice que la alcance, me persigue…
Y cuando viene el alba huye de mí.

La poesía es un reflejo luminoso que se escapa fácilmente por entre los dedos estremecidos; sin embargo, quedan plumas irisadas.

¡Como saltó del agua la poesía!
Subió a mis ojos, desnuda y celeste,
dejó en mis labios un temblor de estrellas
y despertó en mi sueño con su canto.

Yo quise detenerla entre mis manos
y sentirla vibrar en el silencio,
pero ella, que es elástica y ligera,
abrió la brisa y se escapó danzando.

La vi alejarse delgada en la niebla,
iba llena de gozo hacia la aurora…
Mi corazón, que llora por su ausencia,
empinado en la sombra la persigue.

Si esto no es ballet introspectivo, ya no hay qué…

Pero la ballerina tiene sus contrapartes en la danza de persecución de la Poesía. ¿Quiénes son ellos? Uno, desde luego: el Viento. El Viento es el compañero escurridizo que circunda el corazón de Claribel Alegría, y la alza a ratos entre sus brazos ágiles, haciéndola girar como un vilano sentimental.

Mi alegría será breve
como la flor del cerezo,
quizá esta noche se escape
de puntillas con el viento.

*

El viento loco se enreda
en la gracia de las palmas.

*

Ven conmigo a jugar a la pradera,
los pájaros arrullan la brisa.
No te pongas sandalias. Ven descalzo,
saltaremos los dos como gacelas.

*

Anoche caminaba con el viento,
hacia un país fantástico, sonoro,
donde la sombra es luz.

Y aquí entra el coro de fondo:

Ángeles de alas anchas
con trompetas de sueño me llamaban.

*

Deja ya de perseguirme,
viento atrevido del norte,
déjame que estoy cansada,
quiero tenderme en el monte.

¿Quieres mi cinta de seda?
¿Quieres mi anillo, mi broche?
Tenlos, viento, pero déjame,
quiero estar sola en el bosque.

¡He recorrido tanto, tanto,
desde el día hasta la noche!
Salté ríos en mi huida
y atravesé el horizonte.

*

Cuando encuentre la voz  de las cosas enternas
me escaparé sin huellas con el viento.

*

No dice nada el viento…
Mi nostalgia se agranda.
En el silencio frío se oye caer mi llanto.

¿Hasta cuándo, Señor?
Ya quisiera escaparme
y llegar a la playa que sólo he visto en mis sueños.

Porque el escenario más frecuente de esta danza en pos de la Poesía, acompañada por el viento, es la playa.

Ven en mi ayuda, viento,
rompe mi cárcel leve.
          Su inmovilidad.

*

Ayúdame a vivir, viento del cielo.
Acaso el llanto mismo me ilumine
y seré como un faro en las tinieblas.

*

El viento, un viento triste, le acarició en su danza.

A veces el viento apasionado topa con un rival de importancia, pero siempre triunfa. Ahora es el Fuego:

Tú eres látigo de amor,
eres el dios que me danza.
¡Fuego, carmín, esperanza,
dame todo tu calor!

Después es el amor:

Yo vi el amor pasearse en la ribera.
Con palabras de ausencia me llamó.
Cuando llegaba a él,
el viento, siempre el viento se interpuso.

¿Palabras de augurio, Claribel Alegría? ¡Cuidado!… El viento es el Ideal y el Ideal y el Amor no están reñidos. Guarda el Amor y guarda el loco Ideal que te acompaña en la persecución de la Poesía. Y si puedes hacer con el Amor y el Ideal una sola alma y entregarles tu vida, esto me parecer mejor aún. Pero… ¿qué estoy diciendo, qué estoy divagando?, si tú ya lo has dicho antes:

No tardes más, viento del cielo.
Quiero danzar contigo
y vibrar en tus manos como un arpa.

Desde antes de nacer ya te esperaba.
Presiento tu forma en las nubes…

Las nubes son todo lo que existe en este mundo tan incierto, ¿verdad?

…y en las tinieblas del día.

Date prisa en venir.
Si yo muero en tu danza
te seguirá mi canto en las estrellas.

Más tarde el personaje es el Recuerdo:

Esta noche va a llegar
(ya me lo dijo la espiga);
por galerías de sueño
viene danzando en la brisa.

Magnífico personaje de ballet el Recuerdo, con indumentaria posiblemente gris, o azul tal vez: “blue”. Como ha dicho un poeta amigo mío en una canción tristona que tiene mucho de los blues afroamericanos:

Azul es el monte lontano,
azul es la nube de tul,
zafiro es el lago cercano,
también el recuerdo es azul.

Otros versos atestiguan esta poesía de ballet que lo es por su expresión gráfica sublimada, sutil, alígera y encumbrada, tanto como porque en la mayor parte de los versos hay un como esquema de danza que se desliza girámbula sobre superficies de espejo plano y fondos de escenario romántico-moderno:

Todo estaba en calma
yo sola corría
con el pelo suelto
Y los labios húmedos de cantos silvestres.

Bellos versos, Claribel.

No me hables ahora,
quizás en silencio recuerde mi salto a la tierra.

*

Siento el misterio claro que palpita en el agua
y un vuelo de alas blancas se adivina en mis manos.
Todo es hondo esta noche.
Las estrellas parecen ciudades de cristal.
Mi corazón insomne oye girar el mundo.

*

Si en vez de raíces
tuviera alas anchas
ya me habría desprendido de la tierra.

*

Soy fantasma extraviado, en agonía,
y espero la presencia de la luz.

A ratos la ballerina siente espasmos libertarios e impulsos heroicos:

¿Cómo podré escaparme?
Quiero abrir mis dos alas en el viento.
Si azota la tormenta
he de luchar con ella aunque me venza.

También, frecuentemente, el Silencio la busca o ella lo busca a él, a pesar del viento…

De pronto escucho un canto…
Es la voz del Silencio que me llama,
y corro a él para encontrarme.
Allí está mi alma desnuda…
Tiemblo por dentro, tiemblo.
El dolor y el gozo me sacuden.

O su expresión se torna decididamente coreográfica, mímica de inequívoco ballet:

Así encontré tu alma,
como flor que dormía entre las hojas.
Abrí uno a uno sus pétalos suaves
y estaban llenos de rocío.

La besé con ternura.
Un canto milagroso
se escapó de mis labios.

*

Cuando vino la aurora
despertando ciudades
yo tenía dos alas en mi cuerpo.

Un temblor alargado y misterioso
subía de mi cuerpo a las estrellas.

Y exquisita forma mímica:

Una rosa de llanto ha florecido
en el huevo vacío de mis manos.

Decididamente, el alma de Claribel está danzando en todos estos versos. ¿Por qué? Porque, ya lo he dicho, es el momento de decir las cosas sin reflexionar, sin filosofía o complicadas figuras metafóricas. Es la hora dulce, primaveral, de un dulce amanecer: la hora de la mariposa-flor y del colibrí-llama fría, temblando en el jardín, estremecido e irisado en el rayo de áurea luz solar. Todo el arte moderno que nos parece tan oscuro es, sin embargo, un arte de amanecer entre la niebla. Vamos hacia algo. Decimos cogollos de cosas: gorjeamos como precursores del trino clásico: nos movemos en el mundo arquetípico, entre ideas y no entre formas, y eso expresamos: ideas, no formas.

El escenario de la poesía de Claribel tiene que ser, no el mundo tridimensional, sino ese escenario bidimensional de las bambalinas, un escenario sentimental, emocional y romántico, para almas y no para cuerpos.

Tengo llenas de arena las sandalias,
anoche anduve sola por la playa.

El proscenio de la playa es el mejor para ella.

Los sauces se doblaban en el viento
y una estrella alumbraba mi camino.

La noche abría surcos en la sombra,
recogía las flores encendidas…

Yo corría empinada tras su gracia,
me quedé sin verla entre la niebla;
el agua, silenciosa y atrevida,
borró las huellas de sus pies descalzos.

Deliciosa imagen esta de la onda silenciosa y atrevida borrando con su beso la huella de los pies nacarinos de la noche. Porque la noche tiene pies de aurora, pies de alba como todos los otros ángeles del cielo, y las ondas sobre las arenas oscuras tienen labios amorosos.

Y luego, huyendo en medio de la noche avanzada en busca de la fuente, las sombras danzarinas se pierden por el foro:

Escondida en la noche hay una fuente
(mi corazón insomne me lo ha dicho),
se oye cerca la música del agua
y hay fresco de magnolias en el viento.

Ven conmigo a buscarla entre las hojas.
Quiero embriagarme con su gracia blanca,
quiero mojar mis labios en sus ondas
y lavar en la espuma mi secreto.

Vamos corriendo hasta tocar la orilla,
no dejes que la luna se adelante;
quiero verme primero en su corriente,
cantar con ella cuando venga el alba.

Cantar con ella cuando venga el alba. En esta frase está toda su promesa. Sí, Claribel Alegría, escondida en la noche hay una fuente, su corazón insomne no te engañe. Ve con el viento a buscarla; ve como el vilano portador de la semilla, que danza en el viento y con el viento. En su gracia blanca moja tus labios pronto y purifica tu secreto, tu magia, tu don, tu poder. Esa fuente es la Belleza misma que hoy expresas por intuición, por gracia, y está (como tú lo dices) en el alba. A ella cuesta llegar, pero tú tienes el secreto del laberinto de la noche y el Viento, que es el Ideal, te guía además; mañana esa Alba misma será tu gran Anillo de Silencio y de luz, tu rotonda de triunfo y en el centro de ella te expresarás entera, en increíbles equilibrios de gracia y emoción, ¡Claribel Alegría!…

Nueva York, junio, 1948.

 


SALARRUÉ (1899-1975). Pseudónimo de Salvador Salazar Arrué, pintor y narrador salvadoreño, reconocido en vida por sus innovadores e influyentes cuentos costumbristas, en especial los reunidos en las colecciones Cuentos de barro (1932) y Cuentos de cipotes (1945), considerados clásicos. También exploró una veta de ficción fantástica al estilo de Lord Dunsany, en los libros O’Yarkandal (1929) y Remotando el Uluán (1932). Su novela breve El Cristo Negro (1927) es una obra maestra, una distinción que no alcanzó con sus otras tres novelas. En El Libro Desnudo y en Íngrimo (ambos publicados en 1969 como parte de su obra selecta), experimentó con una variedad de relato fantástico en el que se mezclan reflexión filosófica, surrealismo poético y un sofisticado humorismo lingüístico. Al margen del costumbrismo, escribió cuentos realistas y fantásticos que anticipan el realismo mágico, pero que no adquirieron mayor reconocimiento debido a que los publicó en colecciones misceláneas y desiguales que reunían relatos, ensayos y crónicas. Su primer libro, El libro más bello del mundo (Cuentos de Nueva York), permanece inédito.

Las fotografías fueron tomadas por Salarrué (ambas, con ayuda de un trípode) en Nueva York, 1948. Joaquín García Monge había publicado a Claribel Alegría desde 1942, cuando ella tenía 17 años, así que la conocía muy bien.